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sábado, 24 de enero de 2009

El hombre que no esperaba...

El que ya había pasado más de la mitad de su vida.
El que vivía solo, no se divertía y sólo se dedicaba a trabajar.
El que ya no esperaba nada.
El que nunca se cansaba de aprender y enseñar, de leer e investigar.
El de la curiosidad insaciable.
Ése es el hombre que yo conocí un día.

Jamás sospeché que iba a enamorarme y a amar con todo el corazón, a un hombre de años vividos, de adolescencia perdida en el tiempo, de conocimientos acumulados y de gran experiencia adquirida.

No creí que iba a quedar apasionada con el hombre al que le cuesta abandonar la cama a la mañana, el que no puede empezar su día sin un vaso de leche fría, el que se baña con esponjita rosa, el que no sale sin su atado de cigarrillos y sus pañuelos para la nariz...

No imaginaba que me dormiría por las noches deseando al hombre que a veces se tropieza en el cine, al que le salen ampollas cuando usa zapatos de mala calidad, al que le cuesta subir y bajar de los autos pequeños y el que siempre toma al menos una o dos pastillas por día.

Sin embargo, a mi me gusta porque es libre, espontáneo, auténtico. Sabe reírse de sí mismo, me divierte, es parecido a mí. ¡Es una dulzura de hombre..!
Me gusta porque sabe responder todas mis preguntas, es inteligente, se viste a la moda, es delicado, es sumamente atractivo, es sensible, sincero y compañero.

Es el hombre que no esperaba, que no imaginaba, pero que siempre soñé... y confieso que nunca, nunca, me sentí tan feliz.


Lolita

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Lolita y El Profe