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sábado, 17 de octubre de 2009

Todos contentos

–Papi…
–¿Qué mi vida?
–¿Sabés lo que me gustaría hacer ese día que llegue? –Le pregunté en una conversación telefónica.
–A ver… ¿Qué te gustaría hacer?
–¿Viste Barrio Chino?
–Mmm… Ya sé Loli. Querés ir a almorzar a un restaurante de comida china.
–¡Si!
–¿Te gustó cuando te llevé la última vez, no?
–Si, papi. Es que ya es casi como un rito. Cuando voy para allá, hay algunos lugares que son casi obligatorio visitarlos.
–Te voy a llevar Princesita. Yo también lo había pensado. Vamos a comer lo que te guste.
–¡Gracias mi amor!
–De nada.
Y así fue. Ese primer día, luego de llegar, pasar un agradable rato juntos y sentir que nos empezaba a picar fuerte el estómago, nos fuimos para ese barrio tan tradicional y concurrido de la ciudad de Buenos Aires.
Yo estaba fascinada: una vez que cruzamos el arco de entrada, vi que había una cantidad importante de negocios de esos que venden todas esas “chucherías” que a mí tanto me gusta ver y comprar.

–¡Mirá Papi!
–Si, mi amor, cuando terminemos de comer, venimos y miramos todo.
Me llevó a un bonito lugar donde nos sentamos tranquilos para pasar un relajado y placentero momento. Cuando trajeron la carta, miramos las opciones gastronómicas y él me ayudó a decidir qué pedir porque la verdad, es que me gustaba todo.
–Quiero algo con frutos de mar, papi.
–Entonces pedí éste. Yo pido este otro y luego compartimos, ¿si?
–Si.
Nos gusta hacer eso: pedir cosas distintas y compartir plato. Es una manera también de sentirnos más cerca y demostrarnos afecto.
Mientras comía el delicioso arroz con mis palitos chinos, lo miraba con una sonrisa.
–¿Qué pasa, Princesita?
–¿Viste como se llama este lugar?
–“Todos contentos”
–Si. Y es cierto. Yo estoy muy contenta y también muy agradecida con vos, mi amor.
–¿Por qué?
–Porque en todo este tiempo me has dado todo el cariño, el respeto y la comprensión que tanto me hacía falta. Me has enseñado a ser una mujercita fuerte y generosa de espíritu. Me has protegido de los que quisieron hacerme daño… me has hecho la persona más feliz del universo y me has dejado muchas enseñanzas acerca de la vida y el amor que nunca en mi vida voy a poder olvidar.
Me sonrió con ternura.
–Y vos a mí, Loli. Yo también estoy muy contento de tenerte acá conmigo. No sabés con cuantas ansias te esperé.
–¿Sabés qué? A veces creo que me mimás demasiado… –Le dije mientras veía como me servía en mi vaso más Coca Cola Light, mi favorita.
–No mi vida. Te mimo lo necesario. Te mimo como lo hace un hombre con la mujer que ama y de la que está profundamente enamorado.
En un arrebato de amor, agarré su mano y se la besé.
Luego de terminar nuestro almuerzo, salimos de ese lugar muy contentos y nos fuimos a caminar de la mano por las calles para ver esos negocios que tanto me atraían.

Lolita