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viernes, 4 de marzo de 2011

La relatividad de la moral


El vicepresidente de Brasil, Michel Temer, tiene setenta años.
Marcela Tedeschi Temer, segunda dama de la República Federativa de Brasil, tiene veintisiete años.
Se conocieron hace poco más de siete años –ella todavía tenía dieciocho–, cuando le pidió un autógrafo durante una convención del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al que pertenece Temer.
Él, que en ese momento tenía sesenta y tres años, le pidió su número de teléfono.
Marcela, que fue elegida Miss Campinas y Miss Sao Paulo, y era hija de un empresario y un ama de casa, quería ser modelo antes de conocer a Michel.
Ahora es graduada en derecho.
Cuando ella tenía diecinueve, se casaron en una ceremonia íntima, y han tenido un hijo que ya tiene dos años.
El día que su esposo asumió el cargo de vicepresidente de la república, Marcela Temer acaparó las miradas de todos los presentes y los comentarios de toda la prensa.
Cuando con cierta malicia intencional los periodistas le preguntaron si la diferencia de edad afectaba de alguna manera al matrimonio, ella les 
contestó: "La edad no es un obstáculo en nuestro caso. Es como si Michel tuviera treinta años. Es gracioso decirlo, pero es verdad".
Me pregunto qué hubiera pasado si en vez de haber sido El Profesor, hubiera sido yo político o empresario.
¿Hubiéramos pasado por todo lo que pasamos? ¿Nos hubieran combatido, criticado, repudiado y juzgado tanto?
Claro que en la vida no hay ni hubiera ni hubiese y las cosas suceden por algo, por razones que no comprendemos hasta después de un tiempo.
Pero no puedo dejar de pensar en la relatividad de la moral convencional y en cómo, según en qué lugar se encuentre uno en la escala social, se puede ser un viejo verde que corrompió a una adolescente ingenua o un señor mayor respetable, a quien Cupido le lanzó una flecha de amor, y dio en la Diana.
Quise escribir este post el 8 de enero, cuando asumió la nueva presidente de Brasil y el matrimonio Temer causó un verdadero revuelo de prensa, pero entre una cosa y otra, se me pasó el tiempo. Loli opinaba que “Ya fue, Gordi...”, pero de todos modos, acá está.


El Profesor