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viernes, 4 de marzo de 2011

La relatividad de la moral


El vicepresidente de Brasil, Michel Temer, tiene setenta años.
Marcela Tedeschi Temer, segunda dama de la República Federativa de Brasil, tiene veintisiete años.
Se conocieron hace poco más de siete años –ella todavía tenía dieciocho–, cuando le pidió un autógrafo durante una convención del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al que pertenece Temer.
Él, que en ese momento tenía sesenta y tres años, le pidió su número de teléfono.
Marcela, que fue elegida Miss Campinas y Miss Sao Paulo, y era hija de un empresario y un ama de casa, quería ser modelo antes de conocer a Michel.
Ahora es graduada en derecho.
Cuando ella tenía diecinueve, se casaron en una ceremonia íntima, y han tenido un hijo que ya tiene dos años.
El día que su esposo asumió el cargo de vicepresidente de la república, Marcela Temer acaparó las miradas de todos los presentes y los comentarios de toda la prensa.
Cuando con cierta malicia intencional los periodistas le preguntaron si la diferencia de edad afectaba de alguna manera al matrimonio, ella les 
contestó: "La edad no es un obstáculo en nuestro caso. Es como si Michel tuviera treinta años. Es gracioso decirlo, pero es verdad".
Me pregunto qué hubiera pasado si en vez de haber sido El Profesor, hubiera sido yo político o empresario.
¿Hubiéramos pasado por todo lo que pasamos? ¿Nos hubieran combatido, criticado, repudiado y juzgado tanto?
Claro que en la vida no hay ni hubiera ni hubiese y las cosas suceden por algo, por razones que no comprendemos hasta después de un tiempo.
Pero no puedo dejar de pensar en la relatividad de la moral convencional y en cómo, según en qué lugar se encuentre uno en la escala social, se puede ser un viejo verde que corrompió a una adolescente ingenua o un señor mayor respetable, a quien Cupido le lanzó una flecha de amor, y dio en la Diana.
Quise escribir este post el 8 de enero, cuando asumió la nueva presidente de Brasil y el matrimonio Temer causó un verdadero revuelo de prensa, pero entre una cosa y otra, se me pasó el tiempo. Loli opinaba que “Ya fue, Gordi...”, pero de todos modos, acá está.


El Profesor

miércoles, 26 de agosto de 2009

Será Justicia

Para los que no saben, recién se anoticiaron o no comprenden qué ocurrió, voy a hacer un breve resumen de los hechos.
Hace poco mas de una semana, un lector nos avisó que alguien había avisado a un canal de televisión que nuestro blog era de pedofilia.
Una persona (o grupo de personas), en su propio blog, copió uno de nuestros post, y se preguntó si no estábamos volviendo a las épocas de la inquisición, cuando se juzgaba a alguien y se lo condenaba por anticipado y como muestra publicó un post muy sentido y emotivo, que refleja una realidad muy distinta a la que se nos endilgó. A él, le agradecemos habernos avisado y haber hecho un comentario tan atinado.
Por más que tratamos de averiguar –dado que ni Loli ni yo miramos televisión, y menos esos programas obscenos de tan sensacionalistas– no pudimos enterarnos a ciencia cierta cuál fue el canal que nos endilgó el rótulo delictivo.
No importa, ya lo averiguaremos. Las grillas de los canales no se pueden ocultar.
Lo cierto es que nuestro blog tuvo, en dos días, más de 10 mil entradas, lo que es inusual y muestra, a las claras, que algo pasó para que tuviésemos, de pronto, tal aluvión de visitantes.
Muchos de ellos –algunos comentarios publicamos–, prejuzgaron de medio a medio porque, creemos, ni se tomaron el trabajo de leer los post. Seres así, de esa calaña los hubo, los hay y los habrá. No nos quitan el sueño.
Pero, la pregunta que surge es: ¿quién fue la persona que llamó al canal para hacer tal tipo de “denuncia”?
Con Loli, sabemos, con suficiente grado de certeza, quién pudo haber sido. Aunque no se pueda probar con facilidad, porque hoy la justicia parece penar no aquello que es delito, sino lo que se puede probar, aunque todos los habitantes de la Nación, conozcan los hechos. Claro que la persona denunciada no es un político famoso ni un empresario enriquecido súbitamente y dudo que (pese a que hace alarde de ello) alguna de sus "amistades famosas" salga a poner la cara por ella.
La misma persona que nos acosó con llamadas, tanto a ella como a mí, para sembrar la discordia, inocularnos veneno y hacer que nuestra relación se fuera al traste, como no lo consiguió, por más que hizo, siguió y siguió y, sin darse cuenta, fue dejando pistas y rastros. Envidiosa, soberbia e iracunda como es, no pensó que su accionar irreflexivo y brutal, podía llegar a jugarle en contra.
No contenta con los intentos infructuosos con nosotros dos, cuando vio que no le daban resultado sus torpes y burdas manipulaciones, comenzó a dejar mensajes en los blogs de algunos amigos y en los de varios de nuestros seguidores más queridos, sin darse cuenta que con cada comentario, con cada llamada telefónica, con cada correo electrónico, se comprometía más y más en una serie de delitos tipificados en el Código Penal.
Creyó –porque es ignorante, y no sólo con Internet–, que las IP no quedaban registradas en los blogs. Ni siquiera se tomó el trabajo de averiguar si existe algún programa que, además de contar visitantes, registre las IP de los visitantes, así como el lugar desde donde transmiten.
Se equivocó de medio a medio.
Como se equivocó al creer que amparándose en el viejo truco de marcar antes del número de teléfono el asterisco + 31 + numeral (*31#), para que no aparezca el número de quien está haciendo la llamada y ésta figure como anónima, iba a conseguir impunidad.
De la misma manera que se equivocó al bloquear el número del emisor en su teléfono celular, para que no se reconozca en el teléfono receptor.
Porque la llamada o el escrito anónimo, son sus métodos habituales, la insidia y la mentira sus artimañas, la hipocresía su máscara para aparecer respetable y la perversidad su modo de vida.
Fue dejando huellas, una detrás de la otra, en Facebook, en los correos electrónicos, en los números de teléfono y en nuestro blog, así como en los de algunos amigos nuestros, con quienes pudimos cotejar el número de IP, comprobando que era el mismo.
Fue duro soportar sus ataques durante este tiempo y nos acarreó, a Lolita y a mí, más de un momento amargo, hasta que ambos nos tranquilizamos y empezamos a descubrir sus burdas mentiras, esa forma torpe que tiene de mezclar mentiras con verdades a medias, para adulterar la realidad y acomodarla a sus macabros y perversos intereses.
Entonces anteayer, el 24, cuando ya estaba todo preparado para grabar, registrar y constatar, por fin terminó de cavarse la fosa.
Así que en la mañana de ayer, acompañado por el profesional ad hoc, me presenté en el juzgado de turno y procedí a hacer la denuncia correspondiente por la comisión de los siguientes delitos:
a) Acoso;
b) Hostigamiento;
c) Amenazas;
d) Calumnias;
e) Injurias graves;
f) Intimidación;
g) Difamación; y
h) Falsa denuncia.
Todos delitos tipificados en el Código Penal y pasibles del eventual resarcimiento por daño moral y daño emergente, en el fuero correspondiente, al finalizar el proceso penal.

En mi denuncia, cité y puse a disposición de la autoridad judicial, los siguientes elementos de prueba:
a) Nombre y apellido completos de la persona y de las personas vinculadas a ella que pudieran haber sido cómplices y/o participes voluntarios o involuntarios, así como fecha de nacimiento y otros datos de filiación;
b) Número de documento (aclarando que la persona tiene dos números de documento, con distintas fechas de nacimiento) presuntamente real.
c) Estado civil, y datos de su consorte y personas vinculadas por parentezco, amistad o relación laboral.
d) Dirección del último domicilio conocido en gran Buenos Aires, del domicilio presunto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, así como el de sus parientes más cercanos y sus propiedades conocidas en el Gran Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires.
e) Números de teléfono de línea y celulares de la persona, su consorte, sus parientes más directos, tanto domiciliarios como de sus presuntos lugares de trabajo, así como los de personas estrechamente vinculadas a ella, que podrían haberla asistido como cómplices y/o copartícipes, voluntarios o involuntarios.
f) Números de IP correspondientes a su domicilio, a su lugar de trabajo, y al de las personas estrechamente vinculadas, que podrían haber sido usadas a sabiendas o inadvertidamente, todos los cuales son concordantes y coincidentes con el registro de IP de dos sitios anteriores en los que participaba, los cuales pusieron a disposición de la Justicia la información requerida.
g) Cuentas de correo electrónico usadas en forma asidua, así como las de su consorte y personas vinculadas, a fin de verificar su vinculación con los correos y comentarios de tono insultante, agraviante y amenazador recibidos en la dirección de correo del blog, como así en la cuentas de correo electrónico privadas, de Loli y mía.
h) Transcripción de grabaciones dejadas en contestadores y de mensajes de textos conservados en mi teléfono de línea y en el teléfono celular de Loli, poniendo a disposición de la autoridad judicial competente los mencionados equipos.
i) Otros datos que pudieren ser necesarios a los efectos probatorios y punitorios en su momento, para evitar el desbaratamiento y la eventual “insolvencia”, como titularidad de propiedades, rodados, cuentas bancarias y tarjetas de crédito.
j) Una cronología de los hechos, explicando el conocimiento, la relación y la vinculación, a fin de que se comprenda cabalmente el accionar delictivo de esa persona.
k) Un petitorio a fin de que la autoridad judicial solicite por oficio a las empresas Telecom, Telefónica de Argentina, y Movistar, un registro de la totalidad de las llamadas entrantes y salientes a todos los números telefónicos denunciados así como del mío propio utilizando, para tal fin, los programas de seguimiento y rastreo de llamadas que son de uso habitual en medios judiciales.
h) Un petitorio para que se libre oficio a la empresa Speedy.com.ar, a fin de que certifique que las IP denunciadas, se corresponden con las del/los domicilios mencionados.
i) Petitorio de identificación de las falsas IP (Proxy) utilizadas por los equipos utilizados (sean fijos o portátiles), así como el secuestro de los mismos, a fin de ser analizados por los laboratorios o departamentos encargados de pericias y delitos informáticos de la Policía Federal Argentina y de Gendarmería Nacional, para que se expidan acerca del particular y de cualquier otro delito que pudiere haber sido llevado a cabo desde los mencionados equipos.
j) Petitorio para que las filiales argentinas de Facebook, Google y Microsoft informen –en virtud de la probable violación de la Cláusula de Confidencialidad–, acerca de la titularidad real de la/s cuenta/s de correo electrónico consignados, así como de cualquier otro dato que pudieran aportar para el esclarecimiento de los hechos.
k) Petitorio para que el departamento correspondiente y a cargo de Blogspot, de la empresa de servicios informáticos antes mencionada, informe acerca de la existencia de algún blog en la red, que estuviere vinculado a una cuenta de correo electrónico, y que se corresponda con los números de IP denunciados, así como de la identidad real o ficticia de la persona que ostenta su titularidad.
l) Petitorio para que las autoridades del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires informe acerca del uso de los equipos de computación instalados en la institución que depende del mencionado ministerio y en la cual, presuntamente, trabaja la persona denunciada.
m) Petitorio para la intervención judicial de las líneas de teléfono correspondientes a mi domicilio personal y/o laboral, así como el de Loli, y el de su teléfono celular.
n) Petitorio para que se libre oficio a las autoridades de Canal 9, a fin de que informen acerca de en qué programa, a qué hora, qué día, con qué contenido y a cargo de qué persona y/o personas, fuimos acusados de “Pedofilia” por el contenido de nuestro blog, y para que informen acerca de la identidad, sexo y ocasión en que recibieron una noticia, si la misma fue anónima y si, antes de propalar la información, la misma fue confirmada, responsabilizándolos por la comisión de los delitos de injurias graves y difamación, con las consecuencias penales y civiles correspondientes.
o) Se libre oficio a los otros canales de aire, a fin de que informen si en su programación habitual, se propalaran noticias en tal sentido y si hubieren recibido denuncias identificadas o anónimas en tal sentido.
p) Otros documentos probatorios, incluidos textos manuscritos, a fin de ser utilizados en pericias ulteriores a los fines del esclarecimiento de los hechos.
Todo lo mencionado bajo apercibimiento de Ley, con imposición de las consecuencias penales previstas para el falso testimonio, así como las sanciones correspondientes, previstas para el caso de violación de la citada norma legal.
Como corresponde con el procedimiento, debo esperar a que me citen para ratificar la denuncia, cosa que haré sin dudar.

Para desventura de quien perpetró este accionar perverso y malévolo, todos estos rastros, ya no pueden borrarse. Están ahí. Guardados y conservados en las memorias de los equipos y de las empresas, que deben ponerlos a disposición de la justicia. Por sino lo sabía, existen precedentes legales en este tipo de delitos informáticos.
Si creyó, por un momento, que el anonimato le daba impunidad, se equivocó de medio a medio.
Sé que, casi con seguridad, a fin de que la Justicia lleve adelante su cometido, tendré que revelar mi identidad. No me importa. No tengo nada que ocultar, ni de qué avergonzarme. Lolita, que es mayor de edad, tampoco. De manera que ahora, después de padecer durante semanas el accionar delictivo y perverso de la persona denunciada, estamos decididos a ir hasta el final.
Sé que la torpeza, la ignorancia y la soberbia de la mencionada persona y/o personas, la llevarán a cometer un error tras otro, hasta quedar más entrampada en sus propias mentiras y expuesta ante la Justicia. Para la JUSTICIA DIVINA, que ella invoca de la boca para afuera, tendrá que esperar un poco más. De momento, nos conformamos con la Justicia del Estado.
Y no sé si alcanza para restañar las heridas. Posiblemente sí las mías, que soy un hombre grande, con muchos costurones de heridas viejas en el corazón. Pero el daño que le produjo a Lolita, que es joven, fresca y pura (en el verdadero sentido de la pureza) como sus ilusiones, ya no tiene remedio. Lo sé porque alguna vez fui como ella, tuve su edad y, como ahora lo fueron para ella, mis anhelos y sueños eran más trascendentes e importantes que cualquier otra cosa en este mundo. Le pido a Dios y a la vida que, como justa compensación, le devuelvan a Lolita aunque más no sea un poco de la candidez y la confianza con la que entró en el mundo de los adultos de mi mano.

Por último, queremos hacer una aclaración, y una sugerencia:
La aclaración: a los bloggers amigos que nos visitaban y que, por lo sucedido, pueden sentir aprensión en dejar sus comentarios, despreocúpense.
Nuestro blog está muy lejos de la perversión y, más aún, de cualquier actividad delictiva.
Lolita no es una niña. De hecho es una joven mayor de edad y hábil. El hecho que motivó llamar así a nuestro blog, se debió solamente a jugar con un símbolo, como lo es el libro de Nabokov, en virtud de la diferencia de edad entre ambos.
La sugerencia: A los anónimos, a los que se amparan en la sombra creyéndose impunes para prejuzgar, agraviar e insultar, ya ven cuáles son las consecuencias. Mejor, antes de dar opiniones que nadie les pidió, absténgase. No tienen obligación de opinar en un lugar que les produce repulsión por las razones que sean. Están en su derecho. Por eso les recomendamos que sigan de largo, ignórenos, vayan a otro lado.

Este blog no trata de perversiones, sino de una historia de amor. ¿Atípica? ¿No común? Es posible. Pero las historias de amor, sean como sean y se den de la forma en que se den, por el sólo hecho de que involucran sentimientos, merecen cierto respeto, ¡qué joder!
Por último, queremos agradecer a todos los que nos han brindado su amistad –conociéndonos o no– y a quienes nos han apoyado y nos han dado su ayuda en los momentos tan difíciles y amargos que, tanto Loli como yo, hemos tenido que vivir.

Proveer de conformidad
SERA JUSTICIA

El Profesor


lunes, 11 de mayo de 2009

Quimera

–Profe...
–¿Sí, Loli?
–¿Puedo preguntarte algo?
–Claro.
–¿Qué es una Quimera?
–Mhhh... a ver cómo te lo explico... Es lo que nos imaginamos que es posible o verdadero, pero no lo es. Por ejemplo, algunos sueños o anhelos que uno tiene, ¿te das cuenta? Y cree que son realidad o se pueden hacer realidad, pero no. Sólo son ilusiones. O se pueden hacer realidad, pero no como uno los imaginó.
–Sí... Pero la Quimera de la que yo quiero saber es otra.
–¡Ah..! Esa es la de la mitología. En griego antiguo se llamaba Khimaira. Era un monstruo terrible con forma de león y cola de serpiente, que arrojaba fuego por la boca. La fiera asolaba los fértiles campos y se comía a las personas y a los animales.
–¿Y qué pasó con ese monstruo?
–Lo mató Belerofonte.
–¿Quién?
–Belerofonte, un héroe griego de quien la esposa de un rey, se enamoró a primera vista e hizo lo imposible por seducirlo, pero como él la rechazó, se ofendió y para vengarse por el desaire lo acusó ante su marido por intentar seducirla a la fuerza.
–¿Y el rey qué hizo?
–Se puso furioso, claro. Le creyó a Estenebea –que así se llamaba su mujer–, pero como no podía matar a Belerofonte por no faltar a las leyes de la hospitalidad que prohibían matar a un huésped, pensó que era mejor que lo matara otro. Así que lo mandó con una carta de recomendación –según se dice–, a su suegro, el padre de Estenebea. La carta, claro, era una recomendación para que lo mataran. Pero el rey Iobates de Licia, ante el cual se presentó Belerofonte, tampoco quiso violar las leyes de hospitalidad pese a lo que le pedía su yerno, así que se le ocurrió algo mejor: le encomendó a Belerofonte una misión imposible de conseguir: matar a la Quimera con la esperanza de que la fiera acabara con él.
–¿Y qué pasó?
–Antes de emprender la misión, Belerofonte consultó a un adivino, quien le aconsejó capturar al caballo con alas, Pegaso, el preferido de las musas. Ayudado por la diosa Atenea, Belerofonte domó al caballo con alas y se fue a enfrentar a la Quimera. Con Pegaso voló alrededor del monstruo, empezó a lanzarle dardos hasta que pudo hundir su lanza entre las fauces y como el aliento de la Quimera era de fuego, fundió el plomo de la punta de la lanza que se le escurrió por la garganta, y la envenenó. Y chau picho, la Quimera.
–¿Así que entonces la Quimera era mala y Belerofonte bueno?
–Esa es la simbología, sí.
–¿Y quiere decir que el bien vence al mal?
–Yo diría que la interpretación es que para que exista un Belerofonte, siempre tiene que existir una Quimera.
–Ah.
–(...)
–Y, Profe...
–¿Sí, Lolis?
–¿Por qué se metió toda esa gente? La reina despechada, el marido celoso, el suegro astuto, las musas, la diosa Atenea...
–Porque así representaban los griegos las situaciones de la vida, Loli. Muy parecido a como es ahora, ¿ves? Siempre te vas a encontrar que, cuando dos tienen un problema, uno tiene que ser el malo-malo-pero-muy malo, y el otro bueno-bueno-pero-muy bueno, y siempre hubo y habrá los que van a dejarse llevar por las apariencias, y echar más leña al fuego para empeorar las cosas y hacer más mal y sólo unos pocos van a poner lo mejor de sí, para aliviarlas y no hacer más daño del que ya hay.
–Profe...
–¿Qué, Loli?
–¿Siempre tiene que ser así?
–¿Así cómo?
–¿Siempre tiene que haber un bueno y un malo?
–Sí, Loli. Parece que siempre tiene que haber un malo para que exista un bueno... Así funciona este mundo.
–Ah...
–¿Qué pasa Loli?
–Es triste...
–Sí, Loli. Es como los sueños que te dije antes, ¿ves? Parecen perfectos mientras son sueños, pero cuando se los materializa en la vida real, ya no son tan perfectos.
–¿Por qué tiene que pasar eso, Profe?
–Porque los seres humanos no somos perfectos, Loli.
–Ah... qué triste.
–Ajá. Muy triste. Pero... ¿qué te pasa? ¿Por qué esas lagrimitas?
–Nu she... (¡Snif!)
–Vení… vení que te abrazo y te las seco, Loli.
(...)
–Profe...
–¿Mhhh-hhh?
–¿Por qué tenés los cristales de los anteojos todos empañados?

El Profesor

jueves, 16 de abril de 2009

Intolerante

A propósito de la intolerancia, recuerdo en mi adolescencia y mi juventud, haber sido intolerante. Especialmente con “los viejos”, a excepción de mi abuelo. Aunque, si soy muy honesto, y aunque yo quería a rabiar a mi abuelo, había cosas que él hacía y que como yo no comprendía, juzgaba.
No es producto del azar que Mao Tse Tung (Maozedong) hiciera la Revolución Cultural con los adolescentes, cuando le fallaron todos los planes que justificaban un totalitarismo muy parecido al de los emperadores, pero en nombre del pueblo.
En más de un par de décadas de terapia, aprendí que uno no tolera lo que ve en los demás, porque lo reconoce en uno mismo. Eso se llama: “espejo”, y va de sentido común.
Bueno, también son intolerantes los envidiosos, porque ellos no tienen ni pueden tener lo que tiene otro. Entonces, de sólo verlo, se encrespan.
Creo que, con el paso de los años, y aunque admito ser un poco cascarrabias, me he vuelto algo más tolerante. Ocurre que los pendejos y los envidiosos suelen confundir –puesto que ellos se creen los dueños de la verdad–, “firmeza” con “intolerancia”. Quizás porque se han creído (por no saber qué es la Constitución Nacional) que sólo tienen derechos, pero no han escuchado hablar de las obligaciones. Porque se creen los dueños de la verdad y los patrones de las reglas.
Y, atención, que en esta categoría también entran mis hijos y otros parientes cercanos (algunos muy cercanos), que tienen lo que llamo “el dedo acusador fácil”.
Porque, a decir verdad, no es justo que le cargue las tintas a la madre, a las hermanas y al novio –yo lo llamo afectuosamente “Cara de Galleta”– de la hermana mayor de Lolita, ya que de mi lado también “algo huele a podrido en Dinamarca”, como decía el tío Willy.
Es cierto que yo no estoy en las mismas condiciones de Loli, y ni bien me vienen con un planteo estrambótico, fuera de lugar o que me huele a desencaminado, los dejo hablar, los dejo hablar... hasta que empiezo a hablar yo. Y entonces, como dice “el Tío”, todo el mundo hace “boca callada y culo en tierra”.
También es cierto que, cuando la conocieron a Loli, no le hicieron perradas porque, de sólo haber considerado la idea, sabían de antemano qué les esperaba y a qué tenían que atenerse.
Lo que no quita que todos se crean en el derecho de dar sus opiniones y pareceres. Hablo de cosas tales como:
“¡Ayyyyy! ¡Pero, papáaaaaaaa! ¡Es una nena! ¿Qué te pasa? ¿Te volviste un viejo verde?” –mi hija menor.
“Y... viste cómo es mi suegro. No se le puede decir nada porque te manda a cagar... pero no sé qué le pasa... a sus años, con una pendeja... A mí me da un poco de asquito... Por ella, ¿viste?” –mi adorable nuerita, doble cara-doble culo, que te la manda a guardar por la espalda y a traición, como una que yo sé.
“Tu hermano... no tiene cura. ¡Miralo! ¡Una nena! ¿Y qué va a hacer? ¿Piensa casarse? ¿Tener un hijo? Yo no sé porqué no se ocupa de los nietos, mejor...” –la esposa de mi hermano (no es mi cuñada, que quede claro, le retiré el título hace mucho tiempo).
“Le pegó fuerte el viejazo, a papá...” –mi hijo mayor, que por cierto no es el Arcángel Gabriel.
“Papá... todos te lo decimos con buenas intenciones, no queremos que sufras...” –mi hija mayor, siempre tan samaritana, ella.
“¡Ay! Cuando se lo conté a Ceci, me dijo que le daba asco...” –mi hija del medio, haciendo alusión a una amiga a quien, vale recordarlo, la llevaba de vacaciones junto con todos mis hijos y a la que yo llamaba “Pato criollo”, porque daba un paso, y la cagaba.
“Viejo, viejo... ¿qué te pasa? ¿No hay ninguna mina de tu edad con la que te lleves bien?” –mi hijo menor, el muñeco de la familia. Tan sensato él, a la hora de mirar a los demás.
“(...)” –mi hermano, mi querido hermano, de quien fui hermano, maestro, amigo y padre sustituto. Ni mus. Al menos, y como se está acercando a mi edad, algo aprendió: a hacer como los tres monos sabios y, en especial, a mantener la boca cerrada, como hice yo durante todo el tiempo que lleva de casado con su mujer. Al fin y al cabo, su matrimonio, no es cosa nostra, sino de ellos.
“¡Tíooo! ¡Sos un chabón limado!” –mis sobrinos, dos joyitas, los nenes.
Ahora, me pregunto: ¿Cómo hago para explicarles lo que siento, si no escuchan lo que digo de tan encerrados que están en sus certezas y en el convencimiento de que ellos tienen “la precisa”?
A veces pienso en contarles las cosas que vivimos con Lolita, cómo nos reímos, cómo nos complacemos con una película o leyendo el diario juntos tomando el desayuno y haciendo las palabras cruzadas. Cómo disfruto de prepararle el baño con espuma y que ella me enjabone la espalda con la esponjita rosa bajo la ducha.
Me resulta difícil explicarles que si le compro los perfumes, al mismo tiempo le enseño cómo se huelen las esencias, es para que aprenda a diferenciarlas, porque algún día yo no voy a estar y va a tener que elegirlas sola. Pero mientras esté con ella, ¿qué tiene de malo que la agasaje y le transmita mis conocimientos de perfumes franceses?

Creo que ni siquiera van a poder imaginarse qué me pasa por adentro cuando la miro, sin que lo advierta, apoyada en el ventanal abstraída en sus pensamientos, vestida con una camisa mía, o qué bien me hace y le hace dormirnos abrazados, haciendo “cucharita”, escuchando esas palabras tiernas que tanto le gustan, y despertarnos por la mañana y que me tire de las piernas para que me levante de la cama para preparar el desayuno juntos.
Tengo que reconocer que, el día de nuestro cumpleaños –que fue cuando la conocieron–, les debe haber costado dejar de lado los prejuicios, la falsa moral (ninguno de los nombrados se caracteriza por su sensatez y su equilibrio) y la sensación de que su papá-suegro-cuñado-tío o lo que fuere, es un viejo verde.

Me doy cuenta (y por eso les estoy agradecido) que privilegiaron lo que –mal, bien, regular o más o menos– sienten por mí, y se hicieron presentes con la mejor disposición que son capaces de desplegar, dadas las circunstancias.
Ninguno de ellos, cabe mencionarlo, le dijo a Loli que era “una aprovechadora de un viejo” (claro que si se lo hubiera dicho, salía por la ventana en vez de usar la puerta), ni le pegó una cachetada, ni nada por el estilo.
Pero no es menos cierto que, en los inicios de nuestra relación –ahora se van acostumbrando–, las únicas voces que escuché comprensivas
–vaya con la paradoja–, fueron:
a) la del “Tío” (¡Bueh! Tío postizo), hombre un par de décadas mayor que yo, con una vida dura y difícil, que me dijo: “Que digan lo que quieran... ¿Sos feliz? ¿Te sentís bien? Yo te veo diez años más joven, de manera que tengo que creer que, pendeja o no pendeja, te hace bien. ¡Que se metan la lengua en el culo! Tu vida es tuya. Te veo, hace años, sin meterte en la vida de nadie, sin juzgar, sin dar tu opinión a menos que te la pidan, así que... ¡No les des bola!”; y
b) la de mi nieta Belu, que cuando le expliqué quién era la jovencita de la foto que tengo en el escritorio y que me está abrazando, sonriente, me dijo: “¡Qué linda que es, abuelo! ¡Y cómo te quiere!”.
Intolerante.
Sí, Juan.
Por esas cosas que tiene la existencia del ser humano, los únicos tolerantes parecen ser los niños como mi nieta y los viejos, como “El Tío”.
Y algunos amigos de la blogsfera, claro está. Que no es cuestión de generalizar, mezclando la mies con la mala hierba.


El Profesor

PD: A partir de mañana (ahora ya es muy tarde) empezamos a renovarle la cara, a este rincón nuestro. Nada para alarmarse. Sólo vamos a cambiar algunas cosas de lugar, sacar otras y reemplazarlas por nuevas... Como en una casa, ¿ven?

Foto: © Đăng-Huy-Hùng