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miércoles, 7 de abril de 2010

Oscar Francisco

Hay veces que reflexiono acerca de nuestra relación, con Loli, y cómo cada uno, a su manera, hace algo por el otro que redunda en beneficio común para ambos. Y es que no está escrito que la sabiduría del corazón sea privilegio de quien ha vivido muchos años y que los jóvenes no la tienen.
En este intercambio, mediante el cual Loli ha aprendido de mí y yo, de ella, si hay algo que debo agradecerle es haber despertado ese niño mío que tenía dormido hace tanto tiempo, porque estaba aburrido de aguantar el realismo –cinismo en algunas ocasiones–, que lo va ganando a uno a medida que pasan los años.
Loli ha conseguido despertar a ese niño juguetón que alguna vez fui, a fuerza de magia e ilusiones.
Ya he contado que Loli y yo –alejados o juntos–, jugamos, y jugamos mucho (algunos de los juegos no puedo contarlos aquí, ejem, ejem, por razones que imaginarán).
Como con Oscar Francisco Velasco Aguilera.
¿Qué quién es Oscar Francisco Velasco Aguilera?
El ratón que habla. El que Loli rescató de ese cubículo de plexiglás con dos monedas de un peso... aunque después se gastó como cinco en tratar de rescatar a la enamorada del ratón, que le era infiel
Oscar Francisco, además, es originario de México –para beneplácito de nuestros amigos de ese país tan querido–, y habla como tal, intercalando expresiones como “¡Oralé!” cuando algo lo sorprende; “esa chava”, al referirse a Loli o a cualquier mujer; “cuate” al dirigirse a mí; “¡Aguassss!”, cuando está muy apurado, y hasta de vez en cuando un “¡Chin!”, en ciertas ocasiones, cuando usa un lenguaje poco apropiado.
Todo esto lo supimos al regresar de Villa Carlos Paz, cuando llegamos a la casa de Loli, que fue cuando Oscar Francisco se reveló como un ratón por demás locuaz, diciendo cosas tales como:
–¡OYE! ¡PERO QUÉ BUENA ESTÁ LA CASA DE LA CHAVA!
–¿Te gusta?
–¡POS CLARO QUE ME GUSTA! ¿QUÉ PENSABAS? IMAGÍNATE... PASAR DE ESTAR DENTRO DE UN CUBO DE PLÁSTICO REFORZADO A ESTAR CON ESTOS PRIMORESSSS... –dijo, arrastrando la “s” y en clara alusión a algunos peluches que Loli conserva en su habitación.
–¡Ah! Mirá vos... ¿Te gusta la compañía que vas a tener?
–POS MIRA, CUATE... DAISY ES DEMASIADO GRANDOTA, PERO MINNIE... POS QUE ESA CHAVA ME HACE OJITOS...
Loli tiene una imaginación sorprendente para crear diálogos ocurrentes y divertidos, y estuvimos jugando con Oscar Francisco –que hasta ese momento no nos había dicho su nombre–, durante un buen rato.
Cuando estábamos terminando de cenar, el papá de Loli preguntó qué pasaba que nos reíamos y de quién era esa voz. Entonces Loli se levantó de la mesa, salió pitando para la habitación y volvió con el ratón, que empezó a hablar al papá:
–OYE, ¿ASÍ QUE TÚ ERES EL PAPI DE LA CHAVA ÉSTA QUE ME RESCATÓ DE MI ENCIERRO?
El padre de Loli se prendió en el juego y comenzó a hablar con el ratón, riéndose, tan divertido como nosotros. Y a tal punto que le imitaba el acento y fue él quien averiguó su nombre y su lugar de origen. Porque Oscar Francisco Velasco Aguilera, según se lo comentó a padre de Loli, es oriundo del estado de Guadalajara.
Cuando nos fuimos a la habitación para descansar ese sábado a la noche, Loli vino a hacerme unos mimos a la cama y trajo al ratón, que empezó a hacerme cosquillas y a saltarme encima.
–¡Uh, quiero dormir! –lo regañé, entre carcajada y carcajada mía y de Lolita.
–POS YO QUIERO DORMIR CONTIGO, CUATE. ¿QUÉ NO TE DAS CUENTA QUE NO PUEDO IR A LA CAMA DE LA CHAVA? –me contestó.
–¿Y por qué no dormís entre todos los muñecos?
–ES QUE... VEN –me dijo, haciéndome señas con una de sus manitos, y acercándose a mi oído–. VERÁS, ES QUE MINNIE ESTÁ DE MALAS Y NO QUIERE QUE DUERMA CERCA DE ELLA Y BSBSSSS BSSSS BSSSS
–¡Jajaj! Bueno, está bien... Pero me vas a dejar dormir, ¿eh?
–POS CLARO... YA VES LA FLOJERA QUE TENGO A ESTA HORA...
–Bueno, entonces, a dormir –le dije.


Así fue que esa noche estuve abrazado a Oscar Francisco y Loli, que no se pierde una, aprovechó para sacarme esta foto cuando yo –y creo que el ratón también–, dormíamos apaciblemente. Por razones de fuerza mayor que serán de público y notorio –como dicen los abogados–, la he recortado un poco. Pero verán que se nota mi brazo y una manga de la centenaria remera gris con el logotipo de Las Grutas – Patagonia –Argentina, que uso para dormir y que a Loli le causa mucha gracia.
Esas son las cosas que me provocan la ternura que siento por Lolita. En especial haber despertado a mi niño, que con ella sale a jugar como hace tanto, tanto tiempo no lo hacía.
Y no sólo el mío, porque a la noche siguiente, cuando el padre de Loli ya tenía el auto preparado para salir hacia la terminal de ómnibus dijo algo que no comprendimos, pero iba riéndose, como si él también hubiera hecho una travesura.
Y la había hecho, claro.
Cuando subimos al coche ahí estaba, sentado sobre el freno de mano, entre el asiento del conductor y el acompañante, nuestro nuevo amigo, el ratón Oscar Francisco Velasco Aguilera, que formó parte de la comitiva de despedida.
Empecé con una reflexión y no puedo terminar sin otra: cada vez con más ilusión imagino cómo debe ser vivir con Loli todos y cada uno de nuestros días.
Creo que va siendo hora que empiece a planificar una movida, porque al fin y al cabo el aire de Córdoba, me resulta mucho más gratificante que el de Buenos Aires. ¿Ustedes qué piensan?
Un saludito nuestro y de Oscar Francisco, que cuando hablo con Loli, le pide que lo ponga al teléfono y me suelta un:
–¡ORALÉ, CUATE! ¿CUÁNDO TE VIENES PARA AQUÍ, EH? ¡MIRA QUE LA CHAVA TE EXTRAÑA!

El Profesor

Foto by Lolita

martes, 30 de marzo de 2010

De peluches e infidelidades

El jueves 11 de marzo, después de cenar en Pizza Libre con Loli decidimos buscar un lugar para que yo pudiera revisar los correos electrónicos, después de dos días de no tocar una computadora.
Ella, como es habitual, después de abrir diez páginas a la vez y pegar una ojeada, había terminado. Yo tenía algunos correos de trabajo importantes que tenía que contestar porque implicaban dinerillos, así que me quedé escribiendo, mientras ella se fue a comprar unos chicles y a dar una vuelta por ahí, ya que una vez que termina con lo suyo tiene una curiosa tendencia a aburrirse con facilidad.
De pronto apareció corriendo, con una expresión que yo le conozco.
–¡Paaaaapi!
–¿Qué pasa, Loli?
–¡Lo tengo! ¡Ya casi lo tengo!
–¿De qué hablás, corazoncito?
–¡Al muñeco! ¡Casi lo tengo!
Acá debo hacer una aclaración, aunque creo que ya lo he mencionado: Lolita es una entusiasta de esos juegos que consisten en poner una moneda o una ficha en una ranura, pararse delante de una cabina de vidrio en cuyo interior se amontonan decenas de muñecos de peluche y tratar de conseguir ganarle a la máquina y, como premio, llevarse un muñeco.
No sé cuántas veces le expliqué que los propietarios de ese tipo de máquinas –del mismo modo que las tragamonedas–, no están en el negocio de regalar muñecos a bajo precio sino, por el contrario, de conseguir que un montón de personas –en especial los niños–, dejen una considerable cantidad de monedas de un peso o fichas por valor equivalente antes de poder llevarse a casa uno de esos peluches porque, la verdad, es bastante difícil sacarlos. Diría que es casi un arte el conseguir que caiga en el receptáculo en el que uno puede meter la mano para apropiárselo.
A Loli no le interesa.
Cuando se le pone algo entre ceja y ceja, como es sacar un muñeco, es capaz de seguir poniendo monedas hasta conseguirlo.
–A ver, mi vida... ¿qué necesitás, Princesita?
–Vos, vos... ¿vos tendrías una moneda de un peso para prestarme, Gordi?
–¡Pero sí, mi amor! ¿Cómo no te voy a prestarte una moneda? Tomá –le dije, entregándosela–. Y no te la presto, te la regalo...
–¡Sha vengo..! –dijo, y salió pitando dejándome con la palabra en la boca.
Volví a concentrarme en terminar el correo que estaba contestando, y cuando ya estaba a punto de finalizarlo, la vi venir.
Sonreía, radiante, mostrando esa hilera de dientes perfectos que tiene. Le brillaban los ojitos y tenía las manos detrás de la espalda.
–¿Y, Loli? ¿Cómo te fue? ¿Pudiste sacarlo?



–HOLAAA... ¿QUÉ SE CUENTA? ¿CÓMO ANDAS, AMIGO? –dijo, impostando la voz, como cuando hace “personajes”.
También tengo que explicar que Lolita es una experta en eso de inventar voces y personajes. Por ejemplo, en algún momento hacía que la mascota que tenía (la que se murió y que descansa en paz debajo de un árbol en el jardín) me saludara o iniciara algún diálogo ocurrente.
Ahora estaba haciendo lo mismo, al tiempo que me mostraba el muñeco que había escondido detrás de la espalda, un simpático ratón con carita entre cómica y tristona, que había conseguido arrebatarle a la máquina con esa moneda de un peso que me había pedido.
–Hola, ratón...
–¡NOOO ME DIGAS RATÓN! –me contestó el ratón, usando la voz de Loli.
–Bueno, ¿y entonces cómo te llamo?
–ESO LO VEREMOS, AMIGGO –dijo Loli, y se rió–.
PERO MIRA... TU PARECES SER UN BUEN TIPO, ¿EH?
–Bueno, no sé, acabamos de conocernos...
–SÍ, SÍ, LO ERES... ELLA ME LO HA DICHO –me contestó el ratón, señalando a Loli con una de sus manitas–.
POR ESO ES QUE ME ATREVO A PEDIRTE UN FAVOR, ¿EH?
–¿Ajá? ¿Qué puedo hacer por vos?
–
OYEEE... MIRA... TE EXPLICO, RESULTA QUE ALLÍ, DE ESE LUGAR DEL QUE ME RESCATÓ LA NIÑA AQUÍ PRESENTE, QUEDÓ MI ENAMORADA, ¿VES?
–¡Ah! ¡Mirá vos!
–
SÉEEE... Y MIRA, SI TUVIERAS TÚ OTRA MONEDITA, LA NIÑA ACÁ PRESENTE, ME HA DICHO QUE LA VA A RESCATAR PARA QUE PODAMOS ESTAR JUNTOS COMO VOSOTROS...
–¡Oh! ¡Están enamorados!
–BUENO, BUENO... DIGAMOS QUE SÍ... PERO DEJA YA DE DAR VUELTAS... ¿ME DAS O NO ME DAS ESA CONDENADA MONEDA? –me contestó la voz de Loli-Ratón, apremiante.
–Bueno, sí. Se la doy a ella. A ver... Mirá, por las dudas le doy dos monedas... Por si falla una, ¿eh?
–¡GRACIASSS AMIGO! ¡ERES UN BUEN TIPO, COMO DECÍA LA NIÑA! ¡YA REGRESAMOS! –me contestó la voz del ratón y Loli volvió a salir pitando.
Ya estaba cerrando el correo cuando los vi entrar. Cabizbajos, decepcionados y tristones.
–¿Qué pasó, Loli?
–¡Uh! Nu salió...
–Bueno, Loli... pero te sacaste uno, ¿eh?
–Shi...
–
¡CLARO..! ¿Y YO QUÉ, EH? ¿QUÉ NO VES QUE NO HE PODIDO RESCATAR A LA MUÑECA QUE ME HACÍA CARITAS?
–Bueno, ratón... tranquilo –le dije, tratando de no largar la carcajada, mostrándome circunspecto–. Si querés vamos ahora y...
–NO, NO, ES QUE HA CERRADO EL CONDENADO LOCAL...
–¡Uh! ¡Qué mal!
–Shi... –dijo Loli–. Cerraron y ahora ya no puedo sacarle a su amiguita, Gordi.
–Bueno, Loli. Mañana volvemos, si querés.
–¿En serioooo?
–Sí, claro –le dije, abrazándola y dándole un beso–. Ahora, si querés, para ver si podemos sentirnos mejor, qué les parece si nos vamos a buscar una de esas heladerías artesanales que todavía no conocemos, ¿eh?
–¡Siiiiii! –exclamó, y lo miró al ratón, y el ratón me miró a mí–. ¿Querés tomar helado con nosotros?
–
¿HELADO? ¡CLARO! ¡ME ENCANTAN LOS HELADOS!
Así que un rato después estábamos sentados zampándonos el cuarto kilo de helado de rigor, cuando de pronto el ratón, nuestro nuevo amigo, que estaba sentado a un costado y hasta parecía estar sonriendo, dijo:



–
ESTÁ BUENO ESTE HELADO, ¡EH!
–Jajaj ¿Te gusta? –le pregunté.
–
PUES CLARO QUE ME GUSTA, TANTO COMO A LA LOLI...
–Ah, ¡mirá vos! ¿Ya se te pasó la tristeza por no haber rescatado a tu novia?
–OYE... –dijo, bajando el tono de voz y movió una manito, indicándome que me acercara.
–Sí, decime.
–
NO ES TAN GRAVE, DESPUÉS DE TODO... ES QUE ME PARECE QUE ESA CHAVA ME ERA INFIEL...
–¡No me digas!
–
SEEE... HABÍA UN OSO AL QUE LE HACÍA CARITAS, LA MUY GUARRA.
–¡Uh! Loli: ¿viste lo que dice el ratón?
–¡QUE NO ME DIGAS “RATÓN”! –me contestó.
–Bueno, bueno, tranquilo... Ya te vamos a buscarte un nombre...
–Eso, te vamos a buscar un nombre –terció Loli, que volvió tomada de mi mano, feliz, llevando en la otra su nuevo peluche. Me da una ternura indescriptible, cuando Loli juega así, como si todavía fuera una niñita con esa imaginación portentosa que tiene.
Y la historia del ratón, nuestro nuevo amigo, no terminó ahí. Aún no conocíamos ni su nombre, ni su nacionalidad. Pronto nos íbamos a enterar. Jajaj
Continuará.

El Profesor

Fotos by Lolita