En este intercambio, mediante el cual Loli ha aprendido de mí y yo, de ella, si hay algo que debo agradecerle es haber despertado ese niño mío que tenía dormido hace tanto tiempo, porque estaba aburrido de aguantar el realismo –cinismo en algunas ocasiones–, que lo va ganando a uno a medida que pasan los años.
Loli ha conseguido despertar a ese niño juguetón que alguna vez fui, a fuerza de magia e ilusiones.
Ya he contado que Loli y yo –alejados o juntos–, jugamos, y jugamos mucho (algunos de los juegos no puedo contarlos aquí, ejem, ejem, por razones que imaginarán).
Como con Oscar Francisco Velasco Aguilera.
¿Qué quién es Oscar Francisco Velasco Aguilera?
El ratón que habla. El que Loli rescató de ese cubículo de plexiglás con dos monedas de un peso... aunque después se gastó como cinco en tratar de rescatar a la enamorada del ratón, que le era infiel
Oscar Francisco, además, es originario de México –para beneplácito de nuestros amigos de ese país tan querido–, y habla como tal, intercalando expresiones como “¡Oralé!” cuando algo lo sorprende; “esa chava”, al referirse a Loli o a cualquier mujer; “cuate” al dirigirse a mí; “¡Aguassss!”, cuando está muy apurado, y hasta de vez en cuando un “¡Chin!”, en ciertas ocasiones, cuando usa un lenguaje poco apropiado.
Todo esto lo supimos al regresar de Villa Carlos Paz, cuando llegamos a la casa de Loli, que fue cuando Oscar Francisco se reveló como un ratón por demás locuaz, diciendo cosas tales como:
–¡OYE! ¡PERO QUÉ BUENA ESTÁ LA CASA DE LA CHAVA!
–¿Te gusta?
–¡POS CLARO QUE ME GUSTA! ¿QUÉ PENSABAS? IMAGÍNATE... PASAR DE ESTAR DENTRO DE UN CUBO DE PLÁSTICO REFORZADO A ESTAR CON ESTOS PRIMORESSSS... –dijo, arrastrando la “s” y en clara alusión a algunos peluches que Loli conserva en su habitación.
–¡Ah! Mirá vos... ¿Te gusta la compañía que vas a tener?
–POS MIRA, CUATE... DAISY ES DEMASIADO GRANDOTA, PERO MINNIE... POS QUE ESA CHAVA ME HACE OJITOS...
Loli tiene una imaginación sorprendente para crear diálogos ocurrentes y divertidos, y estuvimos jugando con Oscar Francisco –que hasta ese momento no nos había dicho su nombre–, durante un buen rato.
Cuando estábamos terminando de cenar, el papá de Loli preguntó qué pasaba que nos reíamos y de quién era esa voz. Entonces Loli se levantó de la mesa, salió pitando para la habitación y volvió con el ratón, que empezó a hablar al papá:
–OYE, ¿ASÍ QUE TÚ ERES EL PAPI DE LA CHAVA ÉSTA QUE ME RESCATÓ DE MI ENCIERRO?
El padre de Loli se prendió en el juego y comenzó a hablar con el ratón, riéndose, tan divertido como nosotros. Y a tal punto que le imitaba el acento y fue él quien averiguó su nombre y su lugar de origen. Porque Oscar Francisco Velasco Aguilera, según se lo comentó a padre de Loli, es oriundo del estado de Guadalajara.
Cuando nos fuimos a la habitación para descansar ese sábado a la noche, Loli vino a hacerme unos mimos a la cama y trajo al ratón, que empezó a hacerme cosquillas y a saltarme encima.
–¡Uh, quiero dormir! –lo regañé, entre carcajada y carcajada mía y de Lolita.
–POS YO QUIERO DORMIR CONTIGO, CUATE. ¿QUÉ NO TE DAS CUENTA QUE NO PUEDO IR A LA CAMA DE LA CHAVA? –me contestó.
–¿Y por qué no dormís entre todos los muñecos?
–ES QUE... VEN –me dijo, haciéndome señas con una de sus manitos, y acercándose a mi oído–. VERÁS, ES QUE MINNIE ESTÁ DE MALAS Y NO QUIERE QUE DUERMA CERCA DE ELLA Y BSBSSSS BSSSS BSSSS
–¡Jajaj! Bueno, está bien... Pero me vas a dejar dormir, ¿eh?
–POS CLARO... YA VES LA FLOJERA QUE TENGO A ESTA HORA...
–Bueno, entonces, a dormir –le dije.

Así fue que esa noche estuve abrazado a Oscar Francisco y Loli, que no se pierde una, aprovechó para sacarme esta foto cuando yo –y creo que el ratón también–, dormíamos apaciblemente. Por razones de fuerza mayor que serán de público y notorio –como dicen los abogados–, la he recortado un poco. Pero verán que se nota mi brazo y una manga de la centenaria remera gris con el logotipo de Las Grutas – Patagonia –Argentina, que uso para dormir y que a Loli le causa mucha gracia.
Esas son las cosas que me provocan la ternura que siento por Lolita. En especial haber despertado a mi niño, que con ella sale a jugar como hace tanto, tanto tiempo no lo hacía.
Y no sólo el mío, porque a la noche siguiente, cuando el padre de Loli ya tenía el auto preparado para salir hacia la terminal de ómnibus dijo algo que no comprendimos, pero iba riéndose, como si él también hubiera hecho una travesura.
Y la había hecho, claro.
Cuando subimos al coche ahí estaba, sentado sobre el freno de mano, entre el asiento del conductor y el acompañante, nuestro nuevo amigo, el ratón Oscar Francisco Velasco Aguilera, que formó parte de la comitiva de despedida.
Empecé con una reflexión y no puedo terminar sin otra: cada vez con más ilusión imagino cómo debe ser vivir con Loli todos y cada uno de nuestros días.
Creo que va siendo hora que empiece a planificar una movida, porque al fin y al cabo el aire de Córdoba, me resulta mucho más gratificante que el de Buenos Aires. ¿Ustedes qué piensan?
Un saludito nuestro y de Oscar Francisco, que cuando hablo con Loli, le pide que lo ponga al teléfono y me suelta un:
–¡ORALÉ, CUATE! ¿CUÁNDO TE VIENES PARA AQUÍ, EH? ¡MIRA QUE LA CHAVA TE EXTRAÑA!
El Profesor
Foto by Lolita

