
Como dijo Lolita, después de un tiempo empezamos a comunicarnos todos los días. Igual que ella, yo también esperaba esos momentos del día en que aparecía en la pantallita del chat aunque en esa época estaba mucho más ocupado que ella. Recuerdo que recibía un mensaje que decía “Papi, conectate” y allá iba, a abrir el chat para conversar de nuestros temas que, para el día de la primavera, tenían muy poco que ver con la edición de su libro –en la que estaba trabajando–, y mucho que ver con temas más... ¿personales?
De la amistad al enamoramiento pasó tanto tiempo como del romanticismo a los temas más “candentes”.
Loli de sexo sabía muy poco, tenía muchos miedos y le habían insertado el driver de la culpa y el discurso ése de que el sexo es sucio, malo, dañino, contraproducente y peligroso antes del matrimonio.
Pero como la naturaleza no entiende de razones, era inevitable que día tras día fuera ganando confianza y tomándole el gustito a eso de que yo le contestara preguntas que tenían que ver con lo que hacen un hombre y una mujer cuando ese angelito con alitas que arroja flechitas de pasión, empieza a hacer de las suyas, en especial en ese momento, cuando ya se anunciaba la primavera.
Recuerdo, también, que fui muy cuidadoso al principio, para que lo que le explicaba no tuviera un efecto contraproducente. Y no porque fantaseara con masticarme un bomboncito, ya que había decidido no viajar pese a sus pedidos, sus exigencias y sus ruegos, cosa que no le cayó para nada bien y la decepcionó y prefiero no acordarme lo que pasó por causa de mi negativa.
Porque –debo aclararlo–, si ustedes que leen creen que en estos tres años todo fueron mieles y en la relación no hubieron sus ups & downs, están muy equivocados. Loli puede ser muy persuasiva y encantadora, pero si algo que ella ansía mucho no sale como ella quiere... ahí te quiero ver. Y no es una crítica a su persona, sino un reconocimiento de la realidad. Al fin y al cabo a veces yo tampoco soy San Profesor. Todos tenemos nuestras cosas.
Ya era habitual que me enviara mensajitos traviesos, algunos muy muy muy pícaros, antes de irse a la cama, y la noche del 20 de setiembre me envió como ocho seguidos y yo se los contesté. ¿Hubo sensualidad en mis respuestas? Sí, la hubo, aunque desprovista de malicia y, en comparación con los que nos empezamos a enviar después –y ahora–, eran caricias más tiernas que voluptuosas.
Yo debía estar muy cansado esa noche del 20 de septiembre (la verdad, no lo recuerdo), a juzgar por el tenor de la cartita que me encontré a la mañana siguiente cuando abrí el correo.
Decía así:
De la amistad al enamoramiento pasó tanto tiempo como del romanticismo a los temas más “candentes”.
Loli de sexo sabía muy poco, tenía muchos miedos y le habían insertado el driver de la culpa y el discurso ése de que el sexo es sucio, malo, dañino, contraproducente y peligroso antes del matrimonio.
Pero como la naturaleza no entiende de razones, era inevitable que día tras día fuera ganando confianza y tomándole el gustito a eso de que yo le contestara preguntas que tenían que ver con lo que hacen un hombre y una mujer cuando ese angelito con alitas que arroja flechitas de pasión, empieza a hacer de las suyas, en especial en ese momento, cuando ya se anunciaba la primavera.
Recuerdo, también, que fui muy cuidadoso al principio, para que lo que le explicaba no tuviera un efecto contraproducente. Y no porque fantaseara con masticarme un bomboncito, ya que había decidido no viajar pese a sus pedidos, sus exigencias y sus ruegos, cosa que no le cayó para nada bien y la decepcionó y prefiero no acordarme lo que pasó por causa de mi negativa.
Porque –debo aclararlo–, si ustedes que leen creen que en estos tres años todo fueron mieles y en la relación no hubieron sus ups & downs, están muy equivocados. Loli puede ser muy persuasiva y encantadora, pero si algo que ella ansía mucho no sale como ella quiere... ahí te quiero ver. Y no es una crítica a su persona, sino un reconocimiento de la realidad. Al fin y al cabo a veces yo tampoco soy San Profesor. Todos tenemos nuestras cosas.
Ya era habitual que me enviara mensajitos traviesos, algunos muy muy muy pícaros, antes de irse a la cama, y la noche del 20 de setiembre me envió como ocho seguidos y yo se los contesté. ¿Hubo sensualidad en mis respuestas? Sí, la hubo, aunque desprovista de malicia y, en comparación con los que nos empezamos a enviar después –y ahora–, eran caricias más tiernas que voluptuosas.
Yo debía estar muy cansado esa noche del 20 de septiembre (la verdad, no lo recuerdo), a juzgar por el tenor de la cartita que me encontré a la mañana siguiente cuando abrí el correo.
Decía así:
Fecha: 21 de septiembre de 2007 02:17
Asunto: MENSAJE IMPORTANTE-SUPERSUPER IMPORTANTE
Enviado por: gmail.com
Papito:
Sí, me llevé los mensajitos a la cama y cada vez que los leía sentía el nido de palomitas en la panza. Lo leía y me imaginaba lo que decían... y casi me vuelvo loca sintiendo tus manos, tus labios, tu piel rozándome... Imaginé que te tenía acostado en mi cama, conmigo, te llené de besos y caricias, hicimos el amor, nos abrazamos, nos tocamos, hicimos de todo, y me sentí tan bien... y eso que es sólo imaginación. Pensá cuando todo esto sea realidad. ¡¡Creo que me voy a desmayar de amor apenas te vea!!
¿Así que papi tiene sueñito? Bueno, piense que su Princesita viene despacito mientras duerme y lo cubre de besos, se queda a su lado y luego se mete en la cama y comienza a tocarlo por debajo de las sábanas...
Te mando un beshote. Te amo. Te adoro.
Loli
P/D: Sí, efectivamente
estoy esperando para "regalarte" mi sexo y hacer el amor con vos. (Pero, por supuesto no es lo único que me importa).
¿Ehhhhhh? ¡TOIIIINNNNG!
El Profesor