Mostrando entradas con la etiqueta Secretos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Secretos. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de septiembre de 2010

Diario de Lolita: ¡Sorpresa!


Recuerdo esa noche fría, como si hubiera pasado ayer. Estaba en mi casa, ocupada en mis asuntos luego de bañarme y a punto de cenar, cuando sonó mi celular. Era raro eso. Muy pocas veces alguien me llamaba a mi teléfono móvil. Atendí, confundida y extrañada, preguntándome quién podría ser.
Era la voz de un hombre, de eso no cabía duda. Inmediatamente sospeché que podía ser él.
–¿Quién habla?
–Yo, Cushita... –era él, que me hablaba con esa encantadora tonadita porteña que él dice que no tiene, que la tonadita la tenemos los cordobeses.
–Ah... hola... –dije, vacilando, porque mi papá levantó la vista y me miró.
–Decime: ¿está tu papá cerca? –me preguntó, y ya no tuve dudas: era adivino.
–Mmm... más o menos.
–Bueno, tranquila, no te pongas nerviosa...
–Sí –dije, mientras me alejaba del lugar donde estaba mi papá.
–¿Cómo estás?
–Bien, acá ando –estaba tan, tan emocionada que no sabía qué contestarle y me inquietaba que mi papá pudiera escuchar.
–“Bien acá ando” –me imitó–, con esa tonadita cordobesa que tenés...
Se rió, como un chico que estuviera haciendo una travesura. Yo me quedé callada, pero como seguía riendo le pregunté:
–¿De qué te reís?
–De que debes estar helada por el frío y por la sorpresa... ¿no?
–Y, sí...
¡Ay, Diossss! Me estaba hablando ese hombre que me había deslumbrado, cautivado y enamorada y yo no podía hacer otra cosa que contestarle con monosílabos. Me temblaban las manos y me latía más fuerte el corazón. Bah, creo que temblaba toda.
–Bueno, tranquila... Te comprendo, sólo quise darte una sorpresa.

Hablamos poco y, la verdad, no me acuerdo de qué, de tan emocionada que estaba. Después nos despedimos y colgué. Me quedé pensando el resto de la noche en él. El haberse animado y tomar la iniciativa de llamarme significaba, de algún modo, que estaba interesado en mí. Ya en la cama, trataba de acordarme de sus palabras, de su voz, y de su risa... No podía dormirme. Las palomitas en la pancita revoloteaban y me hacían más cosquillitas que nunca. ¡Qué gesto tan hermoso!
En ese momento me di cuenta que él era mi secreto, era mi amor prohibido, mi amante lejano, mi hombre amado sin aún conocerlo... era todo mi mundo. Me había acariciado el corazón y me había revolucionado los sentimientos.
El Profesor había pasado a ser mi tesoro secreto más preciado y me ilusionaba tenerlo.

Lolita