
Hoy, a las oce y veintiún minutos de la mañana, recibí el siguiente comentario, que publiqué y contesté en el acto, porque estaba conectado:
Acabo de encontrar en l historial de mi hija de 14 años este blog de
porqueria.no sabia que existia tal malandraje.degenerados ,ya les va atocar con
sus propios hijos,corruptores de menores!!!!!!!!
Por supuesto, era un Anónimo.
A ver, empecemos por el principio.
Quien haya sido que escribió esto –papito o mamita–, parece tener alguno de estos problemas:
a) No sabe leer;
b) Sabe leer, pero tiene un serio problema de lecto-comprensión de textos;
c) No leyó e hizo una inferencia por el nombre del blog;
d) Es alguien que conoce nuestro blog y tiene ganas de joder.
Quizás hubiera sido más fácil no publicar el mensaje y ya, a olvidarme del tema. Pero es que no puedo. ¿Por qué no puedo? Porque me indigna. ¿Por qué me indigna? Porque dejó el comentario en uno de los post menos indicados para dejar ese comentario. Gracias, Loli es uno de los post con más sentimientos genuinos que he escrito en los últimos tiempos, reproduciendo un fragmento de una carta muy profunda y sentida de Lolita, escrita por correo electrónico desde Catalunya, en un momento muy especial y ante un problema serio, del cual yo no quería hablar para que nada le estropeara el viaje.
¿Coincidencia?
Descreo de las coincidencias.
De manera que infiero que es alguien que conoce nuestro blog y tiene ganas de joder. Más aún: de eso, no me cabe duda.
Ahora bien, si resultare cierto que fue una mamá o un papá indignado porque le revisó la computadora a su hija y en el historial encontró que había entrado a nuestro blog y nos leyó, y en el supuesto que la jovencita en cuestión tiene catorce años, me pregunto: ¿qué tenemos que ver nosotros? ¿Cómo podemos controlar que su nenita no entre a nuestro espacio?
Señora, Señor o quien demonios fuere: en principio, en el blog está bien claro (hasta con una fotito) que no son textos recomendados para menores de edad. De hecho, nuestro rincón más zafado, lo hemos restringido sólo a invitados que, previamente, tienen que pedirnos autorización.
En segundo lugar, ¿no será que usted no se ocupa de su nena excepto para revisarle la computadora cuando no está? ¿No será que no se ocupó, en su momento, de enseñarle de qué va la vida? ¿No será que como en su casa el amor es algo que usted no puede comprar con su tarjeta de crédito gold, entonces la nena tiene que ir a aprenderlo a otro lado?
No pretendo que usted, Anónimo, se lea todo el blog. Pero si dejó el comentario en ese post –justamente en ese post–, por algo lo hizo. Y, para abrir un juicio algo debió haber leído. Y si leyó, se habrá dado cuenta que este no es un blog de pornografía, sino más bien, una historia de amor.
¿No será, Anónimo, que como usted no conoce el amor si no lo paga con su tarjeta gold, hace espejo, le da envidia y monta en cólera?
No abro juicio acerca de su hijita –porque no conozco la situación–, ni cómo está pasando la adolescencia, pero yo que usted, en vez de matar al mensajero, empezaría por ocuparme del contenido mensaje y las consecuencias futuras..
Y el mensaje que le da su hija de 14 años, es bien claro: si a los catorce años lee este blog que no es de sexo sino de amor, es porque está tratando de aprender de qué se trata, ya que en su casa no se lo enseñaron. Por el contrario, los chicos aprenden a mentir y a esconder, porque los adultos se lo enseñamos.
Verdad universal, si la hay.
Claro que si lo hizo de puro envidioso/a que es usted, le digo que puede tener una o diez tarjetas gold, un piso en Las Cañitas, un Mercedes Benz, el placard rebosante de ropa y zapatos de marca y un catálogo completo de perfumes franceses, un plasma que ocupe toda la pared y un sauna con jacuzzi en el baño. Pero lo que nunca va a conseguir es que alguien lo/la quiera por lo que es y no por lo que tiene.
Por lo demás, tal como están las “nenitas” de catorce y quince años en estos tiempos, y por las cosas que hacen y que son de conocimiento público, mejor ocúpese de enseñarle –y no con palabras, sino con ejemplos–, cómo se hace para ser una persona íntegra en esta vida y no andar sermoneando al prójimo acerca de la moralidad con la bragueta abierta o la bombacha baja.
Claro que si lo hizo de puro envidioso/a que es usted, le digo que puede tener una o diez tarjetas gold, un piso en Las Cañitas, un Mercedes Benz, el placard rebosante de ropa y zapatos de marca y un catálogo completo de perfumes franceses, un plasma que ocupe toda la pared y un sauna con jacuzzi en el baño. Pero lo que nunca va a conseguir es que alguien lo/la quiera por lo que es y no por lo que tiene.
Por lo demás, tal como están las “nenitas” de catorce y quince años en estos tiempos, y por las cosas que hacen y que son de conocimiento público, mejor ocúpese de enseñarle –y no con palabras, sino con ejemplos–, cómo se hace para ser una persona íntegra en esta vida y no andar sermoneando al prójimo acerca de la moralidad con la bragueta abierta o la bombacha baja.
¿Consideró, aunque sea por un instante, que quizás el problema no seamos nosotros sino usted, que esconde su perversión detrás de una máscara de respetabilidad?
Aprendí, en esta vida, que los que más declaman "decencia y buenas costumbres", por lo general son los más corruptos. De hecho, está dando muestra de ello al revisarle la computadora a escondidas, y no en su presencia, que es como debería hacerlo. Porque sépalo: la privacidad de una persona no empieza a respetarse con la mayoría de edad. Empieza desde el momento mismo en que nace.
Pero claro... ¿cómo va a comprender esto?
Pero claro... ¿cómo va a comprender esto?
Usted no puede.
Y, lo que es peor, además y creyendo que es tonta, debe mostrarse ante los ojos de su hija como lo que es: un canalla y cobarde que se esconde en el anonimato para fastidiarle la vida a sus semejantes mientras habla de los valores del ser humano hasta aturdir a todo el mundo, con tal de no escuchar la voz de su conciencia.
Porque no nos engañemos: si hace esto acá, también lo hace en todos los actos de su vida.
El Profesor
El Profesor