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domingo, 12 de septiembre de 2010

Diario de El Profesor: Argumentos


Desde aquel primer chat con Loli, siguieron otros y también varias conversaciones telefónicas –los unos y las otra a escondidas del padre– y más chats y más conversaciones. Yo cada vez estaba más pendiente de cada vez que aparecía y cada días salía a comprar más tarjetas telefónicas Teletel, de las cuales conservo una considerable cantidad que, le prometí, un día van a servir para empapelar una habitación entera. Durante ese mes busqué la forma de hacerle entender, sin lastimarla, que más allá de las coincidencias y las sensaciones, lo que le ocurría conmigo era que estaba fascinada intelectualmente, pero que no tenía que confundir eso con amor. Yo tenía en claro que deber, poder y querer son tres categorías que en raras ocasiones confluyen en la vida de una persona, pero también me daba cuenta que cada día pensaba más en esa chiquita sorprendente que –para ser honesto–, me había cautivado, aunque me negaba a admitirlo.
Ese primer mes agoté las palabras habladas y escritas explicándole que su enamoramiento era ideal, que una relación entre nosotros dos era apenas un poco menos que imposible, que tenía que vivir sus etapas como el resto de sus compañeras, que lo más adecuado era encontrar un chico de su edad, porque seguro que había alguno que le iba a gustar, que el futuro conmigo era incierto, que lo que le ocurría es que había empezado a sentir las cosas que ya tendría que haber sentido antes y que por eso creía estar enamorada y que bla bla bla...
Loli decía a todo que sí y, acto seguido, sacaba de la galera un razonamiento que me dejaba sin palabras. Ahora recuerdo aquellos días y creo que me pasé todo un mes argumentando.
A veces, durante esas conversaciones, Loli se enfurruñaba. Después me pedía disculpas y volvía a la carga.
El primer día de septiembre de 2007, yo había llegado a la conclusión que lo que menos necesitaba a mi edad era tener una relación con una adolescente de dieciséis años. Y que conste que no pensaba exclusivamente en mí. Creo que al tomar esa decisión, pensaba más en lo que pudiera pasarle a ella. Ese día decidí que, por más que me lo pidiera, no iba a viajar a Córdoba, de ninguna manera. No, no y no.
Ese fue el día que me mandó el primer mensaje de texto desde su celular a mi computadora:


De: 54351313XXXX@mms.personal.com.ar:
Hola mi amor, estoy probando mandarte mensaje desde el celu. Conectate.
Te quiero
Se las había ingeniado –pese a que no uso esos aparatejos, ya que detesto los teléfonos celulares–, para mandarme mensajes de texto a toda hora y desde cualquier lugar. En mi archivo de correo electrónico conservo los más de dos mil que me envió en estos tres años.
¿Qué se imaginan que hice? ¿Creen que me negué? ¡Qué va! Me conecté y volvimos a hablar hasta que llegó la hora en que estaba por regresar el papá, y volví a explicarle, una vez más, porqué no era posible una relación entre nosotros.
Lolita volvió a decir que sí, que comprendía, que yo tenía razón, que lo nuestro no iba a funcionar, que me quedara tranquilo que no se enojaba porque yo no quisiera ir a conocerla, y que así era la vida, qué remedio.
A la otra mañana, cuando abrí mi correo, me encontré con esta carta:
Fecha: 2 de septiembre de 2007 10:52
Asunto: BUENOS DÍAS, PAPI
enviado por: gmail.com
Papi:
Sos el hombre más dulce que conocí en mi vida. Sin duda que me quiero casar con vos. Te amo mucho.
Apenas leas este mensaje, conectate, cosita tierna.
Beshitos para vos también.
Tu Cushita.
¡CUACK!

El Profesor

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Diario de El Profesor: Muchachita sorprendente


El 5 de agosto de 2007, Loli y yo tuvimos esta conversación en el chat.

Lolita dice: Bueno, ahora preguntá vos.
El Profesor dice: Bien: fecha y hora de nacimiento.
Lolita dice: ¿Mía?
El Profesor dice: No, de tu mamá y de tu papá... La tuya, claro.
Lolita dice: 7 de febrero de 1991 a las siete de la tarde...
El Profesor dice: No
Lolita dice: Esa es mi fecha
El Profesor dice: ¡Naaaaaaaaaaa!
Lolita dice: ¿Que pasa?
El Profesor dice: Cumplimos-años-el-mismo-día
Lolita dice: ¿Me estás cargando?
El Profesor dice: Para nada. Estoy estupefacto.
Lolita dice: Entonces con más razón. Somos el uno para el otro...
El Profesor dice: ¡Ay, Loli! ¡La vida que te espera!
Lolita dice: ¿No serás mi alma gemela? ¿Por?
El Profesor dice: No lo puedo creer… (¡¡!!)
Lolita dice: ¿Cushito?
El Profesor dice: ¿Qué?
Lolita dice: Cada día me sorprendés más.
El Profesor dice: No Loli, vos sos una muchachita sorprendente.
Lolita dice: ¿Sí?
El Profesor dice: Sí, me dejás sin palabras.
Lolita dice: Quería preguntarte algo. Que hablemos de algo fundamental...
El Profesor dice: A ver, señorita preguntona…
Lolita dice: ¿Cuándo nos vamos a conocer en persona?
El Profesor dice: ¿Ehhh? No tengo la menor idea, Loli.
Lolita dice: ¿Cuándo vas a venir?
El Profesor dice: No sé si voy a ir, Loli, de manera que, por favor, tomátelo con calma
Lolita dice: Mirá, viajaste por todos lados y no vas a venir acá...
El Profesor dice: Sí, viajé mucho, Loli, Pero ahora no puedo ir y venir de Córdoba así como así.
Lolita dice: Aunque sea una sola vez... Y yo después voy para allá.
El Profesor dice: Loli, para que empieces a juntar paciencia, difícil que antes de fin de setiembre pueda dejar el trabajo.
Lolita dice: ¿Entonces vas a venir?
El Profesor dice: Pero... ¿Qué estoy escribiendo? No lo sé, Loli.
Lolita dice: Dale, yo después voy para allá.
El Profesor dice: ¿Que vas a hacer quéee? ¿Vos venir para acá? ¿Sola?
Lolita dice: No, con mi papá, pero eso es más difícil, en cambio vos no dependés de nadie... Es muy importante que nos conozcamos.
El Profesor dice: Pero Loli, mira…
Lolita dice: Vos vas a ser el editor de mi libro, vas a figurar en mi dedicatoria... ¿Y cómo no te voy a conocer, corazón?
El Profesor dice: ¡Ay, Loli! ¡Me muero!
Lolita dice: ¿Por qué te morís?
El Profesor dice: Porque lo que menos esperaba a esta altura de la vida era estar hablando así con una jovencita de dieciséis años que nació el mismo día que yo y a la que le llevo cuarenta y un años…
Lolita dice: Por eso. Podés venir, primero en septiembre y después en febrero ¡para festejar tu cumple conmigo!
El Profesor dice: Loli... ¿vos querés que tu papá y tu mamá me denuncien por abusador de menores?
Lolita dice: Si vos no abusás de mí, no hay por qué denunciar nada... Además yo soy muy hábil para ocultar las cosas...
El Profesor dice: ¿Ah sí?
Lolita dice: Ya tengo todo planeado para el día que vengas ¿Sabés vida?
El Profesor dice: Ajá ¿Y cómo es el plan, si puedo saberlo?
Lolita dice: Vos te alojás en algún hotel del centro de Córdoba, y un sábado yo le digo a mi papá que me voy al centro de compras (el siempre me deja) y nos encontramos.
El Profesor dice: Ah. Mirá vos.
Lolita dice: ¿No te parece bien? Es fácil.
El Profesor dice: Sí, parece fácil. ¿Y entonces?
Lolita dice: Entonces... ahora pensá vos. Lo que vos quieras…
El Profesor dice: ¿Tuviste en cuenta que te encuentres con alguien conocido que te vea conmigo en la calle? En la ciudad de Córdoba no es nada extraño que pase algo así.
Lolita dice: Serías mi abuelo, entonces (a pesar de que no tengo). O un familiar.
El Profesor dice: Ah... claro y si tenés que entrar a mi hotel vas a ser mi nieta...
Lolita dice: Mjm...
Lolita dice: Pero esperá. ¿Qué vamos a hacer en tu hotel...?
El Profesor dice: Loli... si yo voy, vos me dijiste que vas a querer estar conmigo a solas, no en un shopping.
Lolita dice: Si, obvio.
El Profesor dice: Ah. ¿Y entonces?
Lolita dice: Pero me refiero a que...
El Profesor dice: ¿A qué?
Lolita dice: Ya sabés.
El Profesor dice: No. No sé.
Lolita dice: ¿No vas a querer tener relaciones...?
El Profesor dice: Loli, chiquita... ¿Qué te pasa?
Lolita dice: No sé…
El Profesor dice: ¿Seguro que no sabés qué te pasa?
Lolita dice: Es que a decir verdad... A mí me asusta pensar en tener sexo…
El Profesor dice: ¿Y quién te dijo que vos y yo vamos a tener sexo?
Lolita dice: No sé. Es raro. A veces esto me da un poco de miedo... ¡Pero podemos hacer otras cosas!
El Profesor dice: ¿Ah, sí? ¿Por ejemplo?
Lolita dice: Me podés acariciar... Y podemos besarnos…
El Profesor dice: Loli... voy a hablar muy claro y directo.
Lolita dice: Dale.
El Profesor dice: Una cosa es la fascinación intelectual, otra el enamoramiento, otra el amor y otra el amor con todo lo que conlleva.
Lolita dice: Yo antes de verte me voy a preparar mentalmente para conformarme con caricias y besos.
El Profesor dice: ¿Prepararte mentalmente? A mi edad, no sé si pueda, ni se me cruza por la cabeza tener una relación platónica con una joven que puede ser mi nieta.
Lolita dice: Pero vos no me querés como a una nieta...
El Profesor dice: Precisamente por eso. Porque sos una adolescente, pero sos mujer… ¡Mirá lo que escribo! ¡Ay, Diosssss!
Lolita dice: ¿Me deseas?
El Profesor dice: ¡Loli! ¿Vos me deseas a mí?
Lolita dice: Creo que si. Es decir, SÍ.
El Profesor dice: ¿Vos tenés fantasías conmigo?
Lolita dice: Y… sí. Siento como un conjunto de palomitas en todas partes...
El Profesor dice: ¿Qué te pasa cuando tenés fantasías?
Lolita dice: Bueno, supongo que te deseo más y más.
El Profesor dice: ¿Suponés? Eso es responder dando vueltas...
Lolita dice: Me excito.
El Profesor dice: Ah... eso es responder con claridad.
Lolita dice: Mjm...
El Profesor dice: Y cuando te excitás ¿qué te pasa?
Lolita dice: No quiero contestar eso.
El Profesor dice: Loli, Cushita, no te lo pregunto por morboso, quiero llevarte a que pienses que razones...
Lolita dice: Decime que te pasa a vos.
El Profesor dice: ¡Ay, no, Loli! ¡Basta!
Lolita dice: Ufa. :(

Al día siguiente, en mi bandeja de mensajes, me estaba esperando el siguiente correo electrónico:

"Cushito mío:
Te escribo para contarte algunas cosas que me pasan...
Ayer estuve pensando muchísimo, con la cabeza 'fría', es decir, usando sólo la parte lógica y sin tener en cuenta los sentimientos (me costó un montón, porque a pesar de que yo soy muy pensante, los sentimientos suelen jugarme malas pasadas...) y llegué a algunas conclusiones que voy a contarte en cuanto podamos hablar.
Por otra parte quería decirte que me pasa algo muy raro... a ver si vos, que sos mago, podés saber qué es... resulta que el nido de palomas ya no lo tengo más, ahora tengo una especie de nudo en el estómago (quizás se deba a todo lo que pensé y a la decisión que tomé), pero por otra parte estoy tan feliz... tengo muchas energías y ganas de abrazar a todo el mundo y estoy de un humor espectacular. Pero tengo un nudo raro en la pancita.
Bueno, era eso nada más.
¡Ah! me fue bien en derecho.
Ayer no pude dormir en toda la noche y no sé por qué.
Muchos beshitos...
Chaucito.
Loli"

¡CHAN!

El Profesor


domingo, 4 de abril de 2010

Chatitas

Cuando en una tarde
de otoño
te calzás las chatitas
en esos piecitos tuyos
curiosos,
juguetones,
traviesos,
osados
y atrevidos,
es como si el tiempo
no hubiera pasado.
Porque vuelvo a sentir
aquellas tiernas
y perturbadoras
emociones
de mis días
de la adolescencia.


El Profesor

Foto by Lolita


jueves, 17 de septiembre de 2009

Matemos al mensajero


Hoy, a las oce y veintiún minutos de la mañana, recibí el siguiente comentario, que publiqué y contesté en el acto, porque estaba conectado:


Acabo de encontrar en l historial de mi hija de 14 años este blog de
porqueria.no sabia que existia tal malandraje.degenerados ,ya les va atocar con
sus propios hijos,corruptores de menores!!!!!!!!



Por supuesto, era un Anónimo.
A ver, empecemos por el principio.
Quien haya sido que escribió esto –papito o mamita–, parece tener alguno de estos problemas:
a) No sabe leer;
b) Sabe leer, pero tiene un serio problema de lecto-comprensión de textos;
c) No leyó e hizo una inferencia por el nombre del blog;
d) Es alguien que conoce nuestro blog y tiene ganas de joder.
Quizás hubiera sido más fácil no publicar el mensaje y ya, a olvidarme del tema. Pero es que no puedo. ¿Por qué no puedo? Porque me indigna. ¿Por qué me indigna? Porque dejó el comentario en uno de los post menos indicados para dejar ese comentario.
Gracias, Loli es uno de los post con más sentimientos genuinos que he escrito en los últimos tiempos, reproduciendo un fragmento de una carta muy profunda y sentida de Lolita, escrita por correo electrónico desde Catalunya, en un momento muy especial y ante un problema serio, del cual yo no quería hablar para que nada le estropeara el viaje.
¿Coincidencia?
Descreo de las coincidencias.
De manera que infiero que es alguien que conoce nuestro blog y tiene ganas de joder. Más aún: de eso, no me cabe duda.
Ahora bien, si resultare cierto que fue una mamá o un papá indignado porque le revisó la computadora a su hija y en el historial encontró que había entrado a nuestro blog y nos leyó, y en el supuesto que la jovencita en cuestión tiene catorce años, me pregunto: ¿qué tenemos que ver nosotros? ¿Cómo podemos controlar que su nenita no entre a nuestro espacio?
Señora, Señor o quien demonios fuere: en principio, en el blog está bien claro (hasta con una fotito) que no son textos recomendados para menores de edad. De hecho, nuestro rincón más zafado, lo hemos restringido sólo a invitados que, previamente, tienen que pedirnos autorización.
En segundo lugar, ¿no será que usted no se ocupa de su nena excepto para revisarle la computadora cuando no está? ¿No será que no se ocupó, en su momento, de enseñarle de qué va la vida? ¿No será que como en su casa el amor es algo que usted no puede comprar con su tarjeta de crédito gold, entonces la nena tiene que ir a aprenderlo a otro lado?
No pretendo que usted, Anónimo, se lea todo el blog. Pero si dejó el comentario en ese post –justamente en ese post–, por algo lo hizo. Y, para abrir un juicio algo debió haber leído. Y si leyó, se habrá dado cuenta que este no es un blog de pornografía, sino más bien, una historia de amor.
¿No será, Anónimo, que como usted no conoce el amor si no lo paga con su tarjeta gold, hace espejo, le da envidia y monta en cólera?
No abro juicio acerca de su hijita –porque no conozco la situación–, ni cómo está pasando la adolescencia, pero yo que usted, en vez de matar al mensajero, empezaría por ocuparme del contenido mensaje y las consecuencias futuras..
Y el mensaje que le da su hija de 14 años, es bien claro: si a los catorce años lee este blog que no es de sexo sino de amor, es porque está tratando de aprender de qué se trata, ya que en su casa no se lo enseñaron. Por el contrario, los chicos aprenden a mentir y a esconder, porque los adultos se lo enseñamos.
Verdad universal, si la hay.
Claro que si lo hizo de puro envidioso/a que es usted, le digo que puede tener una o diez tarjetas gold, un piso en Las Cañitas, un Mercedes Benz, el placard rebosante de ropa y zapatos de marca y un catálogo completo de perfumes franceses, un plasma que ocupe toda la pared y un sauna con jacuzzi en el baño. Pero lo que nunca va a conseguir es que alguien lo/la quiera por lo que es y no por lo que tiene.
Por lo demás, tal como están las “nenitas” de catorce y quince años en estos tiempos, y por las cosas que hacen y que son de conocimiento público, mejor ocúpese de enseñarle –y no con palabras, sino con ejemplos–, cómo se hace para ser una persona íntegra en esta vida y no andar sermoneando al prójimo acerca de la moralidad con la bragueta abierta o la bombacha baja.
¿Consideró, aunque sea por un instante, que quizás el problema no seamos nosotros sino usted, que esconde su perversión detrás de una máscara de respetabilidad?
Aprendí, en esta vida, que los que más declaman "decencia y buenas costumbres", por lo general son los más corruptos. De hecho, está dando muestra de ello al revisarle la computadora a escondidas, y no en su presencia, que es como debería hacerlo. Porque sépalo: la privacidad de una persona no empieza a respetarse con la mayoría de edad. Empieza desde el momento mismo en que nace.
Pero claro... ¿cómo va a comprender esto?
Usted no puede.
Y, lo que es peor, además y creyendo que es tonta, debe mostrarse ante los ojos de su hija como lo que es: un canalla y cobarde que se esconde en el anonimato para fastidiarle la vida a sus semejantes mientras habla de los valores del ser humano hasta aturdir a todo el mundo, con tal de no escuchar la voz de su conciencia.
Porque no nos engañemos: si hace esto acá, también lo hace en todos los actos de su vida.

El Profesor

martes, 15 de septiembre de 2009

¡Y tienen un blog!

A todos nuestros lectores, que nos siguen desde el inicio, desde enero, les pido me den su opinión y me digan lo que creen y lo que piensan al respecto.
Resulta que si escribimos acá nuestra historia de amor, nos denuncian por pedofilia. Pero si dos empresas explotan la imagen de la nenita pícara con todo lo de candor, inocencia, sensualidad, travesura y seducción propias de una Loli, eso es negocio... ¡Ah, no vale!
Piquen la imagen, por favor.



¡Me cacho en la sociedad de consumo! ¡Ufa!

El Profesor

domingo, 13 de septiembre de 2009

Les Petits Plaisirs

En agosto Geelbe –un club privado de compras por Internet–, en su lanzamiento de la semana, y con el slogan “Ropa para estar en casa”, ofrecía modelos como éste, tan sugestivos y seductores como inocentes.
Para quienes no lo conozcan, Geelbe es una organización de un grupo de jóvenes profesionales con el objetivo común de emprender negocios digitales sobre la base de la promoción y comercialización de productos de primeras marcas.





En este caso la marca es: Lolita – Les Petits Plaisirs.
Modelos como éstos pueden verse en la página web de la empresa o en su showroom, ubicado en Gurruchaga 779, nivel 3, de la ciudad de Buenos Aires, que se inauguró el 15 de junio pasado.
Eso sí, para ver la colección, hay que escribir a la dirección de correo electrónico, para recibir el nombre de usuario y la contraseña que permite acceder al sector.
Los modelitos, como ven, son encantadores.
¡Y dale con la moda Lolita!
Como nos lo sugirieron en un comentario anterior, cuando Loli regrese de su viaje, creo vamos a empezar a pensar seriamente en ofrecer espacios de publicidad, ¡qué tanto!

El Profesor



domingo, 6 de septiembre de 2009

Lolita Collection

–¿Cuál es la historia de este verano? –pregunta la cronista.
–Lolita –responde la entrevistada–. Hay una lectura entre líneas del tema de los quince años, de los besos. Creamos dos estampas especiales con esos temas. Habrá regalos, una vidriera representativa, un papel diferente en las bolsas. Esta colección es como una fiesta de cumpleaños.



Paula Cahen D’ Anvers celebra sus quince años lanzando al mercado una colección “Lolita”, que “se mueve en un juego que la marca maneja a la perfección, el de los opuestos. En este caso, se balancea entre la inocencia y la seducción, como la chica que juega a ser grande sin manejar todavía los nuevos códigos”, dice Grace Demattei, diseñadora de la firma.
Me pregunto: para que haya una Lolita, ¿no hace falta un Profesor?
¡Me cacho! ¡Y después nos dan con un caño a Lolita y a mí!

¡De no creer!

El Profesor
Foto: © La Nación


miércoles, 2 de septiembre de 2009

El Prado

–¡Dale, papá! ¡Es por acá!
–Pero hija... me parece que es allá donde...
–No, papá, es por acá. ¿No ves que están entrando todos juntos?
Pero hija...
–Shhh... Dale, no discutas. ¿Quién te guió para retirar las valijas en la otra punta del aeropuerto, eh?
Me la imagino a Lolita, inquieta, movediza, rápida para las decisiones y con ese sentido común que tiene, arrastrando al padre para entrar al Museo del Prado.
Ayer me había anunciado que hoy irían a visitarlo. Le pedí que disfrutara de Goya, Zurbarán, El Greco, Ribera, Rembrandt y Velásquez. De todas las maravillas que iba a encontrar allí. Le avisé que ni se le ocurriese sacar una foto si no quería meterse en problemas.
Así que hoy se pasó la mayor parte del día recorriendo uno de los más exquisitos museos que he conocido.


Es como si pudiera verla sentada, absorta y extasiada, ante una obra de Tiziano. Caminando, de sala en sala, buscando con qué más regocijarse los ojos y el espíritu.
Entró siguiendo a una comitiva y cuando el padre le preguntó algo a uno de los miembros, el hombre lo miró, extrañado, como si no le entendiera lo que estaba diciendo.
Efectivamente, no le entendía ni la “a” porque era alemán.
Y lo que el papá de Lolita quería averiguar, es adónde se pagaba la entrada...
Lolita, emprendedora y audaz como es, se había mandado junto con la comitiva de alemanes... sin pagar los 8 € de la entrada. Ni ella, ni el padre.
De manera que –como me contó por teléfono en su llamada de cada día–, hoy iban a celebrarlo con una cena especial, gracias al ahorro involuntario de dieciséis euros.
Que la disfruten.

El Profesor

jueves, 14 de mayo de 2009

Revoloteo de mariposas

Desde que entré en la adolescencia me había preguntado cuál era la razón por la cual las mujeres se tomaban tanto trabajo en ponerse bonitas cuando tenían una cita. Siempre tuve la curiosidad de saber porqué las chicas parecían tan tontas cuando el chico que les gustaba les cruzaba por el frente. No terminaba de entender cómo era posible que alguien se pasara horas pensando, tirada en la cama, en alguien del sexo opuesto.
A partir de ese frío mes de julio, no sólo comencé a entender y a dar respuestas a cada una de estas preguntas, sino que empecé a experimentar todo aquello que me parecía tan lejano a mi realidad.
Él apareció en mi vida para transformarlo todo. Provocó en mí una tremenda revolución de sentimientos, emociones y hormonas. Logró que por primera vez me desconcentrara de clases, materias y profesores, para pensar en cómo sería acariciar su cuerpo.
Debo confesar que a partir del primer contacto, esa primera sucesión de largos correos contándonos cosas, mi corazón comenzó a latir a otra velocidad, a otro ritmo. Me gustaba su forma de escribir, de expresarse, de decirme las cosas, con ternura, simpatía y calidez.
Releo uno de los correos que le envié y reflexiono:

Es sorprendente el poder que tienes en tus palabras para ponerme contenta. Cada mail tuyo me alegra el día. Con el último ya me has hecho poner colorada... (¡Ja, ja!)
Me siento muy afortunada de haber dado contigo en este momento de mi vida. Creo que ya te considero como un amigo. Sos una gran persona (tengo la certeza de lo que digo con sólo leer tus mails).
Ahora te cuento algo: como te dije en el mail anterior, yo no tengo muchos amigos de mi edad, pero tengo tanta facilidad para relacionarme con los adultos... Es que por ahí me interesa más todo lo relacionado al mundo adulto que a lo que hacen los chicos de mi edad. Siempre ha sido así, y según como se lo mire puede ser bueno o malo.
No pude evitar sonreír al leer la definición que elaboraste de mí: "muchacha sorprendente..." realmente me hace sentir muy halagada. Gracias.
¡Me siento tan contenta de haber conocido a alguien como vos..! Creo que he encontrado a alguien que si me comprende.
Muchas gracias por todo.


Mi mente se deleitaba en la idea de tener un romance con alguien mayor, alguien que pudiera comprenderme, que me protegiera y que me diera todo el amor que yo anhelaba y que nunca había recibido de un hombre con el que soñaba tener una relación amorosa. Me gustaba su manera de apodarme cariñosa: “Cushita”, me decía.
Era mi secreto. No podía hablar con nadie el hecho de que había empezado a sentir cosas por un hombre a quién aun no conocía y que había nacido cuarenta y un años antes que yo.
¿Quién podría entenderme?
Luego de los correos vinieron los chats. Hasta el día de hoy recuerdo la emoción y el nerviosismo con que me sentaba frente a la máquina, me conectaba y esperaba ansiosa encontrar su nick disponible para que pudiéramos hablar de tantos temas que compartíamos y la gran cantidad de gustos que teníamos en común. Luego de eso vino la intimidad, la confianza.
Durante todo el día vivía pensando en el momento en que me encontraría con él. Ansiaba leer sus palabras, deleitarme con sus mimos virtuales, estar atrapada en la fantasía de pensar que ese hombre ya, de alguna forma, me pertenecía.

–¿Me querés? –Le pregunté un día.
–Sí, corazoncito, sos una mujercita muy muy querible
–Yo también te quiero.
–¿Eso es lo que hace que pienses todo el tiempo en mí?
–¿Cómo sabés que pienso en vos?
–¿No te lo he dicho? ¡Soy mago!
–¿Y vos pensás en mí?
–Si, pienso en vos.
–¿Es cierto o lo decís porque yo te confesé que pensaba en vos?
–Si hay algo que tenés que saber de mí, es que yo siempre hablo en serio, incluso cuando hago bromas es en serio.
–Ah...
–Es más: te digo que por alguna extraña razón, pienso demasiado en vos.


Me latía el corazón con fuerza cuando me decía que me quería, que me deseaba y que yo era hermosa. Sentía un placer intenso cuando me escribía el deseo que tenía de estar conmigo. Me recorrían unas cosquillas muy fuertes, de la cabeza a los pies, cuando me describía con lujo de detalles, cómo me amaría si es que algún día llegábamos a conocernos.
Tenía la certeza de que me había enamorado. Lo sabía. Era la primera vez en mi corta vida que experimentaba algo tan fuerte. Era algo más que un deseo impulsado por las fantasías. Lo que yo sentía era fascinación intelectual, amor desenfrenado, pasión, cariño profundo, ternura… y era eso lo que me impulsaba a volver corriendo de la escuela para hablarle, lo que me motivaba a quedarme hasta altas horas de la noche escribiéndole de puño y letra cartas de amor que al día siguiente llevaría hasta el correo. Era esa emoción misma la que me impulsaba a confesarle que había empezado a amarlo, la que me incitó un día a proponerle casamiento sin conocernos siquiera... y es que era mi primer amor, mi primera ilusión, mi primer sueño, mi pensamiento constante...
Había días en que, al llegar la hora de acostarme, no lograba conciliar el sueño de tanto pensar en él, de tanto desear conocerlo, de imaginar cómo sería nuestro primer encuentro.
Y así sucedió.
De un día para el otro comencé a sentir cosquillas sin que me tocaran.


Se me erizaba la piel sin que hiciera frío.
Desde ese día empecé a comprender, experimentándolo en carne propia, lo que era sentir la pancita llena de mariposas revoloteando...

Lolita

Foto: © Claudio Rossi - Bonrossi Gallery Erotica

viernes, 3 de abril de 2009

Almas gemelas

–¿Puedo hacerte una pregunta, Loli? –dijo mi compañera de colegio, mientras esperábamos que llegara la profesora de Derecho, que se había retrasado.
–Sí, claro. Dale.
–¿Cómo hacen, El Profe y vos, para sostener esa relación con tanta diferencia de edad?
–Ah. Bueno, no siempre es fácil. Pero creo que... –en ese momento sentí que tenía que explicarle tantas cosas que, de sólo pensarlas, me cansaron. Opté por cortar por lo sano y hacerle la síntesis al asunto:
–¿Sabés? Compartimos todo.
–¿Cómo todo?
–Sí, todo. De hecho, con cuarenta y un años de diferencia, compartimos el día de cumpleaños.
Mi compañera se me quedó mirando, estupefacta.
–¿Ehhhh? ¿Nacieron el mismo día?
–Mjm... Sí, el mismo día. Él cuarenta y un años antes que yo.
–¡Ay, Diosssss! ¡ALMAS GEMELAS! –gritó mi amiga llevándose las manos a la cara, como si estuviera presenciando un milagro en vivo y en directo.

Lolita

Foto: © Bancodeimagenes.com


martes, 17 de marzo de 2009

Vencer al miedo

–Loli...
–(...)
–Loli, por favor, vamos, no estés así.
–(...)
–Lolita, mi cielo, Frutillita, mi dulce Princesita... Vamos, no es necesario que te sientas así. Es una ilusión. Un espejismo... Sólo ocurre adentro tuyo.
–(...)
–A ver, mi dulce niña... Vamos, soltá todo ese dolor. Dejá que salgan las lagrimitas. Llorar hace bien cuando estamos tristes o tenemos miedo, mi amor.
–(...)
–¿Querés que te cuente algo?
–S-shi... (¡Snif!)
–Bien. Escuchá: cuando los seres humanos sentimos miedo, tenemos dos formas de enfrentarlo: una, la más sana, es llorando. Llorar hace bien, porque las lágrimas se llevan todos los venenos del alma, mi amor... ¿sabías?
–Nu... (¡Snif! ¡Snif!).
–Sí, mi cielo. Llorar hace que no saquemos las garras y nos volvamos crueles. Nos lava por dentro, nos saca la congoja, se lleva el rencor y nos aleja de esos deseos de revancha que sentimos ante la injusticia, mi pequeña. Así somos los humanos: ante el miedo reaccionamos de dos maneras: o atacando, como hace ella, o llorando, como hacés vos. Es más sano llorar.
–¿S-shi? (¡Snif)
–Sí, mi cielo. Créeme. Yo no te miento, y vos lo sabés.
–Shi...
–Entonces, si tuviste una sesión dura con tu “locóloga”, hablando de las cosas que hace ella, es comprensible que te sientas mal... ¿Ves?
–Mjm...
–Pero tampoco es bueno sentirse tan mal. ¿Sabés? A veces, cuando miro para atrás, no puedo creer qué rápido se me pasaron tantos años. Y cuando recuerdo, me da un poco de fastidio mirar cuántos días de mi vida desperdicié con dolores que no eran, al fin de cuentas, tan graves. ¿Comprendés?
–Mjm... Shi... (¡Snif!)
–A ver… dejame que te seque esa lagrimita. A ver... mostrame la caruchi, ¿zi?
–Shi...
–Yo me imagino que ahora sentís que no es justo, que alguien tendría que pararla, que no puede ser así, que no tiene derecho a ser tan perversa y a joderle la vida a todos, ¿eh?
–(...)
–Loli, mi cielo...
–Shi...
–¿“Shí” qué, bonita?
–Shí, que siento eso...
–Ah, claro.
–¿Y vos cómo podés saber qué siento?
–¡Oh! Eso...
–Shi... “eso”.
–Es que yo, alguna vez, sentí lo mismo o parecido, ¿ves?
–Mjm.
–Y con el paso del tiempo, me di cuenta que no sirve para nada amargarse tanto. Porque cuando te amargás, es un día que se pierde. Y tenemos tan pocos días en esta vida, Loli.
–Ah.
–A ver... dejame que te seque todas las lagrimitas, ¿me dejás?
–Shi... (¡Snif!)
–Así, ¡muy bien, mi niña! Y ahora te voy a enseñar otra cosa, ¿querés?
–Shi...
–Bueno, a ver, dame las manos que te ayudo a salir de ese sillón, ¿dale?
–Mjm...
–Dale, vamos, dame la mano... ¡Eso! ¡Muuuuy beeen! Vení, vamos a la camita.
–Shi...
–Ahora tendete boca arriba, las manitos al costado del cuerpo, los ojitos cerrados pero sin fuerza, las piernitas bien extendidas, el cuerpito relajado y empezá a respirar como te digo... Tomás aire por la nariz... mucho, mucho, mucho... más, un poco más...
(...)
–Y ahora, mientras sentís mi mano en la pancita que te acaricia.. lo largás así: ¡Puffffffffffffffffffffff!
–¡Puf!
–No, no vale hacer trampas... Hay que largarlo todo... a ver, otra vez... Tomás aire por la nariz mucho mucho mucho.... eso... y lo largás ¡Pufffffffffffffffffff!
–¡Pufffffffffffffffffffff!
–¡Muy beeeeeeeeeen, Lolis! ¡Así! A ver otra vez...
–¡Mhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhssssssssssss!
–Y ahora...
–¡Puffffffffffffffffffffffffffff!
–¡Eso! ¡Así!
(....)
–Papi...
–¿Qué mi vida?
–Ze me jue el dolor de la panza.
–Claro, mi niña, claro.
–¿Te puedo pedir algo, papi?
–Lo que quieras, mi amor.
–¿Me hacés cucharita con una mano en la pancita y otra en las tetis?
–Sí, dulzura. Dale, vení acá, a ver... acá, entre los brazos... eso... así.
(...)
(...)
–Papi...
–Mhhh-hhh...
–Papi, ¿te numiste?
–Mhhh-hhh zhi...
–Gracias por enseñarme a vencer al miedo... papi.
–Mhhh-hhh...enada...
–Papi...
–Mhhhhh
–Te amo.
–Mhh zi, angelito... Yo te amo a vos...
–¡Si mi mamá supiera que sos así..!

El Profesor

Foto: © Katia Chausheva

lunes, 16 de marzo de 2009

Cuestionario

Respuestas al cuestionario de Paula de Bera


1- Estilo de música: El pop, los melódicos y la música romántica. ¡Me encanta! Podría estar escuchándola una y otra vez mientras pienso en mi Profe.

2- Una película: “Otoño en Nueva York”, “Titanic” y otras tantas de amor.

3- Una serie: La verdad, no miro televisión. Desde chica que no tengo el hábito de estar sentada horas perdiendo tiempo frente a ese aparato.

4- Una canción: “Lo mejor de tu vida” de Julio Iglesias, “Santo pecado” de Ricardo Arjona, “Poco antes de que den las diez” de Serrat. ¡No pude elegir solo una!

5- Un libro: ¿Por qué solo uno? Soy fanática de la lectura y tengo varios: “Mi planta de naranja lima”, “La sombra del viento”, todos los “Harry Potter” y otros tantos.

6- Libro actual: “Manhattan perfecto” de Leanne Shear y Tracey Toomey.

7- Último libro leído: “Sandra” de Ariel Magnus.

8- Un mal día: Cuando estoy lejos de mi amor, cuando veo a mi mamá discutir con mi papá o logra hacerme llorar a mí, cuando me aburro.

9- Una profesión: La economía, la literatura.

10- Un sueño: Tener una vida de realización plena, con todas mis aspiraciones cumplidas y viajar por el mundo con mi Profe.

¡Gracias Paulita! Besitos

Lolita

viernes, 13 de marzo de 2009

Besito con bufanda

Era una fría (pero muy, muy fría) tarde del mes de julio. Tal vez se acuerden de esa tarde extremadamente fría de hace casi dos años. Estaba sentada frente a mi computadora con una taza de café caliente que bebía de a sorbos mientras revisaba mi correo electrónico.
Hacía poco había conocido a un hombre mucho mayor que yo, al que, de pronto, y casi sin darme cuenta, empecé a contarle mis cosas y él algunas de las suyas, aunque me leía más de lo que escribía. Me gustaba porque mostraba interés por mí y al mismo tiempo me alentaba, me decía cosas cariñosas y estaba siempre dispuesto a leer mis mensajes o dedicarme un tiempo para chatear.
Confieso que su manera de ser me atraía, su inteligencia me deslumbraba y me pasaba todo el tiempo pensando en él, a pesar de que no lo conocía en persona.
Pero ese día, al ver que entre mis mensajes nuevos tenía un correo con su nombre, me embriagó una emoción inexplicable. Me apuré a leerlo y sin duda, la frase que gestó en mi corazón la semillita del amor y ese revoloteo de mariposas en la pancita fue:



“Un besito con bufanda y gorrito,
porque hace mucho frío…”

Si antes dudaba si me estaba enamorando de este hombre cuarenta años mayor, ahora ya no me quedaba ninguna duda: ese corazón tan tierno ya se había adueñado del mío.
Había comenzado a amarlo y todas mis fantasías adolescentes giraban en torno a él.
Ese día de invierno, descubrí quién era yo...

Lolita

jueves, 5 de marzo de 2009

Embajada de Lolitas

La verdad, que entre todas las cosas que imaginé que las Lolitas éramos capaces de hacer, ni se me cruzó por la cabeza que podíamos ser capaces de mejorar la imagen de una nación (¡De toda! ¡Imaginense!) en tiempos de crisis como los que estamos viviendo.
Sin embargo, según esta nota, las Lolitas japonesas (todo un boom en ese país), van a ser las que se encarguen de promover "la confianza" en Japón y conseguir que se comprenda más la cultura japonesa a través de la imagen, en una etapa de la historia de la humanidad como ésta, “en la que la economía nipona se ha visto duramente golpeada por los efectos de la crisis mundial” –según dice el diario.
Por eso Japón ha decidido enviar una “embajada” de Lolitas, representantes de su país en la feria Expo-Japan, que se llevará a cabo en Francia, en el mes de julio.
La misión que deberán llevar a cabo consiste en acercar la cultura pop nipona a los extranjeros, porque parece que cada vez hay más admiradores de Lolitas en todo el mundo.
¡Ja! ¡Nos estamos haciendo populares!
Ahora, digo yo: ¿no sería conveniente formar un grupo de Lolitas embajadoras para mejorar la imagen de la República Argentina en el mundo?
Será cosa de proponérselo a nuestra presidente que, aunque ya dejó atrás esos años, alguna vez algo de Lolis debe haber tenido, ¿no?
Si la iniciativa prospera, soy capaz de ofrecer mis servicios para encabezar la comitiva. (Ji Ji Ji)
¿Ustedes creen que podré?
Ideas que se me cruzan por la cabeza, digo yo.

Lolita


Foto: © José Manchado

sábado, 28 de febrero de 2009

El Papanicolau y la Colcospo... Copolspo...

–Hola chiquita... ¿Cómo estás?
–Bien... un poco cansada de esperar allá afuera... (Estuve más de dos horas esperando ¡Ufa!)
–Y sí... bueno... ¿Qué te trae por acá?
–Me voy a... tengo que hacerme un Papanicolau.
–Ah... ¿Por algo en especial?
–No, simplemente porque ahora ya soy mujercita y mi novio opina que ya tengo que aprender a cuidarme, como parte de mi crecimiento...
–Ah, ¡mirá vos qué chico inteligente!
–No, no es un chico.
–Ah, bueno, qué buen hombre entonces, al recomendarte esto.
–Y... ¿para cuándo podría darme turno..?
–Ahora mismo te lo hago.
–¿Qué? ¿Cómo? ¿Ahora, ya?
–Si, dale, sacate la ropa en ese bañito de ahí y ponete la bata que está colgada. Después acostate en aquella camilla.
Entré y seguí sus indicaciones. Luego salí, mirándome.
La bata me quedaba como si me hubiera puesto la camiseta de un gigante.
–Me queda un poquito grande... –le comenté.
Sonrió.
–No importa... es sólo para cubrirte.
Me acosté en la camilla un poco tensa y nerviosa (bueno, “un poco” es una forma de decir). Era la primera vez que hacía eso.
–Doctora...
–¿Sí?
–Tengo miedo. Esto no me gusta nada.
–Tranquila, que no duele y es sólo un ratito.
Veía cómo se ponía esos guantes blancos elásticos y abría una bolsita de plástico.
–¿Y ahora qué me va a hacer?
–Mirá: ahora vos vas a abrir las piernitas, te vas a relajar y te vas a poner flojita para que yo pueda ponerte esto... (¡Uyyyyyy, nooo!)
–¿Eso tan grande? (¡Uhhhh! ¡No me entra eso!)
–¿Querés el que se usa con mujeres que ya tuvieron cinco partos? (¿Hay más grandessss?)
–No-no-no-no-no, no, mejor no.
–Éste es el más chico. (¿Cómo será el más grande, Dios mío?)
–¡Ay, noooooooooo! (Me mostró el más grande. ¡Un horror!)
–Dale, a ver... flojita. Respirá profundo y pensá en cosas lindas...
–¡Ay! ¡Ayyyyyy! ¡AAAaayyyyyYYYYY! ¡Ay, ayayayayayay! ¡Sáqueme eso! ¡Duele! (¿No te das cuenta que no puedo pensar en cosas lindas con lo que me estás metiendo?)
–Nooo, tranquila... ya termino... Vamos, flojita, porque si te ponés tensa me cuesta más.
–¡Es que due-LE! ¿Por qué me mintió? ¿Por qué me dijo que no dolía? ¡Ay, ayayayayayayayay!
–Quizás te duele porque contraés los músculos. Vamos, dale. Relajate... además... ¿No dijiste que ya habías tenido relaciones?
–Sí ¡Pero no así! ¡No con un aparato como ése!
–A ver contame cómo te va en el colegio...
–¡Ay! Bien, bien... me va... ¡Ay! ¡Pero ahora no puedo pensar! (¿Cómo puedo pensar en el colegio ahora? ¿Ehhhhhhhhh?)
–Ya termino, ahora tengo que tomar una muestra.
–¿Una muestra?
–Sí, una muestra. Se llama Colposcopía.
–¡Ay, no! Pero... ¡yo no le pedí la Colcoscopía!
Se rió..
–Pero se hace siempre...
–Pero no me gusta... ¿La polcoscopía viene de regalo? ¿Es como un combo? ¿Siempre la hacen así de prepo?
–Sí, es para poder analizar que no tengas bichos raros...
–¡Ay, ay! ¡Ayyysss!
–Ya está... Listo. Tranquila que ya terminamos.
–¡Por fin! ¡Qué tortura! No me gustó. No creo que me haga un Papanicolau nunca más... y menos que menos la Colcoscopía.
–Col-pos-co-pía, mi vida.
–Bueno, eso.
–Los análisis van a estar listos el martes, ¿sabés?
–Si, doctora. Ese día vengo a buscarlos y a ver lo de los bichitos...
Y me fui, ese primer día, con una sensación extraña entre las piernas y sintiendo una molestia adentro... ¡Ufa! ¿Por qué a los hombres no les hacen polcos... cospolpo... ¡Bueno, ESO!

Lolita

Foto: © Rainer M. Guillessen

jueves, 19 de febrero de 2009

Imágenes

Lolita esperándome a que llegue, acodada en la baranda de la terminal y corriendo hacia mí, para que cuando baje del micro el primero, colgarse de mi cuello, trepándose con todo el cuerpo, enlazando sus piernas en mi cintura, para besarme delante de la gente, sin importarle que alguien pueda estar mirando.
¿Otra imagen? En ese lugar que hicimos nuestro, leyendo el diario del domingo, masticando una barrita de cereal y dándole sorbitos cortos a su café con leche, esperando a que se enfríe un poco.
O revolviendo anaqueles en una librería de ocasión. Ojeando libros en un café literario. Concentrada en el monitor, moviendo sus dedos largos y finos a velocidad irreal sobre el teclado.
Y sentada en el piso en posición de loto, escuchando historias de mi vida, relatos desconocidos para ella, mirándome con esos ojos que tiene, profundos y curiosos, como los de los niños cuando están aprendiendo a conocer el mundo a través de las palabras.
Lolita riéndose a carcajadas de mis ocurrencias en la mesa de un restaurante o de mis payasadas en la calle. Entregándome un paquete con los regalitos que me hizo con sus propias manos.
Absorta en la pantalla del cine, con sus anteojitos para ver de lejos, fascinada por la trama de la película.

Sentada en el patio del colegio con su uniforme reglamentario durante un acto de fin de curso, dándose vuelta, haciéndose la disimulada y sonriéndome con picardía al descubrirme entre los presentes.
Encantada en el parque de diversiones después de salir de un tren fantasma de trayecto demasiado corto como para subirse a mi falda y esconder su cara entre mi cuello y mi hombro. O enfurruñada porque quise fumar un cigarrillo más después de la cena.
Frente al espejo del baño, con la gomita del pelo entre los labios, recogiéndose el cabello, a contraluz, con su cuerpo de mujer recién estrenado, sus cachetes de la cola parados y firmes, sus muslos pefectos y todo el desprejuicio de una juventud que no sabe de vergüenzas ni reparos.

Lolita durmiendo su sueño sin pesadillas, desnuda y agotada después del amor, con su cabello desparramado en la almohada, los senos erguidos rematados con sus pezones de nena, la cara de costado, las piernas entreabietas y el rostro relajado. Tan bella que de sólo mirarla, se me corta el aliento... y ella sin saber que en ese momento mis dedos rozan una hebra de su pelo para acariciarlo sin despertarla, y mis ojos buscan captar esa imagen instantánea como una foto, para tener aunque sea una oportunidad de evocarla algún día con la memoria y, también, con el sentido del tacto.

Lolita haciendo mohínes. Abriendo la puerta del baño sin golpear. Corriendo de un lado a otro de la habitación para posar frente a la cámara digital que dejará plasmada una foto de su cuerpo desnudo en una pose atrevida. Escondiéndose debajo de la cama o dentro de un placard. Rociándose, antes de salir a cenar, con el perfume francés que acabo de regalarle y estirando un brazo para que huela y le diga cómo le cae a su piel. Sacándose una sandalia para deslizar los deditos del pie en mi entrepierna por debajo de la mesa en una confitería.
Apoyando toda la mano sobre la dureza que abulta mi pantalón en el asiento de un taxi, sin inmutarse por la mirada del conductor en el espejo retrovisor. Abiendo las piernas para dejar que mis manos sientan que está mojada y caliente, en una noche de luna llena en el puente sobre el lago artificial de un parque público, al mismo tiempo que, con el rostro de costado, me besa con sus labios húmedos y su lengua inquieta.
Lolita caminando de una punta a la otra de la habitación, desnuda, hablando por su teléfono móvil, inventando excusas y explicando que en ese preciso momento estaba por encontrarse con sus compañeras para ir a cenar, mientras me guiña un ojo con un gesto de complicidad.
Lolita despidiéndose desde el colectivo, yéndose para su casa cuando cae la tarde de un frío lunes de invierno, después de un fin de semana largo que tuvo gusto a poco, de tan corto que resultó.

Imágenes todas que –suceda lo que pudiere suceder–, han quedado grabadas en mi memoria y allí permanecerán, celosamente guardadas, hasta el fin de mis días.

El Profesor



domingo, 8 de febrero de 2009

Cuando estamos juntos

Me despierto a la mañana con el sol filtrándose por la ventana, y cuando siento su piel junto a la mía y miro su cuerpo plácido descansando, mi corazón se llena de esa ternura que siente una madre cuando contempla a su bebé durmiendo en su cunita. Me incorporo un poquito y lo beso. Le recorro desde el cabello completamente desordenado hasta el pecho con mi nariz y mis labios, para poder hacer dos cosas al mismo tiempo: sentir su aroma tibio y agradable mientras abandono cantidades de besos en cada centímetro de su suave piel.
Se mueve un poquito y emite un gemido de placer al sentir mis mimos, mi boca recorriendo su cuerpo e invitándolo a disfrutar del nuevo día que recién comienza. Sé que es especial para él este momento no sólo porque estoy a su lado sino porque esa es una hermosa forma de comenzar el día: con amor.
Sé que por la edad que tiene no puede levantarse de un salto como yo y necesita su tiempo para abrir despacito los ojitos y acostumbrarse al brillo y al resplandor del sol. Lo respeto. Le doy su tiempo. Mientras, yo voy hasta la cocina a preparar el desayuno para ambos. Sé lo que quiere tomar y lo que prefiere para comer.



Después de unos minutos, siento sus pasos pesados aproximándose. Cuando viene, todavía somnoliento hasta mí y me abraza de la cintura, le doy un dulce beso en los labios y le entrego su vaso de leche al tiempo que le sirvo el café.
Es mucho mayor que yo, lo sé, pero hay veces en que no sé por qué me siento como una madre cuidando a su hijito. A veces me inunda la ternura y lo siento pequeñito e indefenso. Y me gusta. Me gusta haber acostumbrado a un hombre a sentirse vulnerable en mis brazos y necesitado de cuidados.
Los hombres dulces y sensibles son los que mejor pueden hacer sentir a una mujer.
Con mi Profe yo me siento así.


Lolita

Foto: © by Katrin

jueves, 29 de enero de 2009

Pedido especial

Que la eternidad nos de la oportunidad de continuar con este amor y que el "siempre" comience a existir para nosotros, si no es mucho pedir.
Que la vida pueda darle el último adiós a nuestras dos almas juntas y que la muerte desde ahora se acostumbre a que no queremos separarnos, no deseamos sufrir la soledad y nos resistimos a recorrer el camino solos.
Que si yo debo irme antes que, no olviden avisarme con anticipación, para gastar mis últimos suspiros en su compañía y disfrutar de su presencia durante la cuenta regresiva. Pero si es él quién debe partir primero, guardenlo en secreto. No quiero saberlo, para no desaprovechar tiempo adelantando duelos.
Que si somos privilegiados y en la lista figuramos para el mismo día, que recurden tener reservada una habitación para dos y sepan que él siempre necesita un buen vaso de leche fría al despertar por la mañana.
Que si no está muy ocupado el complejo celestial, nos den un cuarto con salida al jardín, para que por las noches nos escapemos a caminar de la mano por el césped húmedo mientras contemplamos las estrellas.
Que me escuchen, que me tengan en cuenta, ya que si tuve que esperar dieciseis años en encontrarlo, tenga la perpetuidad de la vida para amarlo y conservarlo a mi lado.


Lolita


Foto: Eldor Gemst

martes, 27 de enero de 2009

Ella es así

Inteligente, regalona, tenaz, mimosa, habilidosa, divertida, sensual, creativa, decidida, aplicada, incansable, cariñosa, animada, expresiva, madrugadora, ardiente, estudiosa, ocurrente, valiente, constante, atrevida, menudita, intuitiva, fantasiosa, ordenada, suave, persuasiva, dulce, imprevisible, incitante, movediza, compradora, antojadiza, tierna, aniñada, original, excitante, pudorosa, inquieta, hacendosa, curiosa, parlanchina, atenta, dispuesta, pícara, auténtica, entusiasta, fresca, reflexiva, emprendedora, audaz, voluptuosa, diplomática, apetecible, osada, cordial, esforzada, risueña, amorosa, imaginativa, sensible, inquisitiva, sorprendente, ansiosa, deslumbrante, sincera, juguetona, complaciente, brillante, exultante, apasionada, femenina, elástica, irresistible, incondicional, pragmática, soñadora, deliciosa, conciliadora, seductora, efervescente, noble, desenvuelta, vital, hermosa, inagotable, preguntona, consecuente, bonita, temperamental, impaciente, contestataria, virginal, demandante, previsora, sagaz, aventurera, prolija, coqueta, afectuosa, optimista, golosa, delicada, diligente, voluntariosa, vehemente, trabajadora, esperanzada ... y muy traviesa.
Ella es... Lolita.

El Profesor


Foto: © Antonio Mazzone

miércoles, 21 de enero de 2009

En el mejor momento...

Me encontró cuando mi piel emanaba frescura e inocencia,
cuando mi cuerpo era aún territorio vírgen e inexplorado,
cuando mis horas transcurrían en la escuela.
Cuando mi edad vivía su plena adolescencia,
y mis días de vida no sumaban ni seis mil.

Lo conocí cuando aún no sabía qué era el amor,
cuando mi cuerpo nunca había tenido dueño,
cuando mis labios inexpertos no conocían el sabor
de los más apasionados besos.

Me enamoré de él cuando no acostumbraba
relacionarme con varones.
Cuando el único compañero de cama
era un osito de peluche,
y cuando mis labios pronunciaron por primera
vez éstas palabras: "Sos el amor de mi vida".

Me hizo suya cuando no tenía experiencia
en el encuentro y la fusión de dos cuerpos,
cuando mis ojos y mi mirada de niña
eran ajenos a la desnudez de un hombre
y al placer de las caricias más íntimas.

Me empezó a amar cuando estrenó mis labios,
cuando probó del néctar de mi carne,
cuando vio surgir de mí tanta pasión, tanta ternura.
Me amó aún más cuando comprobó que era su otra mitad,
que era hábil en el arte de amar,
y que mi pequeño corazón ya le pertenecía por completo.

Lolita