
Como ya lo conté, él apareció en mi vida bajo la forma de editor en un frío mes de julio. Fríos eran los días, frío era el aire que respiraba y que me rodeaba –no me gusta el frío y lo sufro mucho–, pero en mi corazón yo empezaba a sentir un agradable calorcito, el que siente quien experimenta el amor por primera vez. Un amor extraño, reprobable según la opinión de la mayoría de la gente, que se prestaba a las críticas, o como quiera llamarse, pero amor al fin.
De charlas dedicadas exclusivamente a mi actividad de escribir y acerca del libro y al suyo de editor, de a poco y casi sin darnos cuenta, pasamos a las conversaciones más personales, que a veces llegaban a durar mucho tiempo. Uno de los tantos diálogos y uno de los primeros que tuvimos de ese tipo, fue éste:
–¿Me querés? –Le pregunté.Pocos días después, escribí en mi diario:
–Sí, corazoncito, sos una mujercita querible.
–Yo también te quiero.
–¿Eso es lo que hace que pienses todo el tiempo en mí?
–¿Cómo sabés que pienso en vos?
–¿No te lo he dicho? ¡Soy mago!
–¿Y vos pensás en mí?
–Sí, pienso en vos.
–¿Es cierto o lo decís porque yo te confesé que pensaba en vos?
–Si hay algo que tenés que saber de mí, es que yo siempre hablo en serio, incluso cuando hago bromas es en serio.
–Ah...
–Es más: te digo que por alguna extraña razón que aún no llego a comprender, pienso demasiado en vos...
"Querido diario:Fueron muchos los días que estuve prendida y prendada de sus palabras frente a la pantalla del ordenador durante horas, que para mí nunca alcanzaban para satisfacer mi ansia de sentirlo cerca, de saber qué sentía por mí, de leer una y otra vez las frases cariñosas –y que empezó a condimentar con erotismo–, que él tenía para mí.
Este fin de semana fue el más raro en mis dieciséis años de vida.
Casi no pude concentrarme más que en El Profesor. Ayer domingo chateamos dos veces.
Él esta enamorado de mí. Lo supongo. Dijo que me deseaba... incluso hablamos un poquito de sexo. En un momento me propuso que jugáramos a la magia y acepté. ¡Empezó a adivinar todo! Me escribió: '¿Te viniste corriendo de la misa para llegar a tiempo a hablar conmigo, no? ¿Y ayer no te pudiste dormir pensando en el chat y en mí, verdad?' Tal cual. ¡Todo eso era cierto!
Me confesó que sentía por mí una 'atracción' y yo le pregunté qué clase de atracción, a lo que respondió: 'La única atracción que sienten un hombre y una mujer, Loli'.
Ayer me llamaba 'corazoncito' y nos tratábamos como si nos conociéramos de toda la vida.
Y lo más asombroso es lo del día del cumpleaños… ¡Cumplimos exactamente el mismo día! ¡Vaya coincidencia!
Aproveché y le pregunté si estaba enamorado de mí y me contestó: 'No sé si enamorado porque aún no te he mirado a los ojos, no he escuchado tu voz, no te he tocado...'
Hoy, por el tema del sexo creo, he sentido un nudo en el estómago. Me preocupa y me asusta el tema".
A pesar de la fantasía que tenía en mi mente, durante nuestras primeras charlas en las que se planteó el tema del sexo, de la intimidad entre nosotros, mi primera reacción fue de temor. Mi creencia de entonces era que el sexo era algo sucio, doloroso, que era pecado y no era bueno hacerlo hasta después del matrimonio. Me causaba temor mi “primera vez”. El sólo hecho de pensar estar desnuda frente a un hombre, me aterraba.
Estos deseos y ansias contradictorias de, por un lado desear tenerlo y hacerme mujer con él, de seguir leyendo cómo me haría el amor y de fantasear a todas horas y, por el otro, el desear seguir siendo una niña, me produjeron en los días subsiguientes una especie de nudo pesado en el estómago, que hasta me quitó el apetito. Pero, por fortuna, con el correr de los días el nudo fue deshaciéndose.
La vida me había dado una sorpresa: nunca creí llegar a querer tanto a un hombre cuando apenas un mes atrás no quería ni escuchar hablar de ellos.
Lolita