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sábado, 2 de abril de 2011

Sorpresitas de Loli

De: 54351XXXXXXX@mms.xxxxxxxx.com.ar
Para: elprofesor@xxxxxxx.com

Fecha: 1 de abril de 2011 11:05
Mensaje importante porque se te ha enviado directamente
¡Uy! ¡Pero qué hermoso y dulce mensaje! Yo te tengo una sorpresa de aniversario... Pero también te digo ahora ¡¡¡feliz día!!! ¡Te voy a comer a besos esta noche! ¡Que pases un hermoso día!

Este mensaje me lo mandó Loli a la mañana, como respuesta al que le había envido yo, un rato antes, porque ayer era 1º, y los días primero de cada mes, lo festejamos de alguna manera. ¡Pasamos tanto tiempo sin poder estar juntos todos los primeros días de mes! Y este, tenía algo especial: era el 1º de abril, y nunca habíamos pasado juntos un mes de abril, en estos tres años y cuatro meses de relación.
Habíamos quedado en encontrarnos en el Patio Olmos para ir al cine y después venir a casa para que le preparara una comida especial que había comprado. Pero todo el día me quedó picando eso de "Yo te tengo una sorpresa de aniversario…” (Bueno, sí, soy curioso, ¿no puedo?).
Llegué y saqué las entradas para la función siguiente de esta película y esperé a Loli, que llegó de la facultad unos quince minutos después.
–Holis, mi amor –dijo, poniéndose en puntas de pie para darme un beso.
–Hola, Princesa. ¿Cómo fue tu día? –le pregunté.
–Esto es para vos –dijo, extendiendo una bolsita de esas que se usan para regalos.
–¡Uy! ¿Qué será?
–Ah, la sorpresita...
Miré dentro de la bolsa y había un paquetito de cubanitos de dulce de leche caseros y un sobre.
–Los cubanitos son para comerlos mientras vemos la película.
–¿Y esta cartita? –le dije, sacando un sobrecito de esos que tan simpáticos que encuentra ella vaya uno a saber dónde.
–Para leerla después, en casa –me dijo.
Esa era la sorpresa: una carta manuscrita. Con Loli solemos darnos ese tipo de sorpresas. Tanto ella como yo, tenemos por lo menos dos cajas de zapatos llenas de cartas, tarjetitas con mensajes tiernos escritas al dorso, servilletas, sobres y una considerable cantidad de objetos que para nosotros son como hitos en nuestra relación y todos tienen un significado.



Es que ella y yo pensamos que una carta manuscrita no es lo mismo que un correo electrónico. El papel escrito con la letra pulcra, redonda y parejita de Loli es parte de nuestra historia, y me recuerda aquellos primeros meses cuando vivía en Belgrano, y me enviaba a escondidas cartas y paquetes con artesanías que hacía ella misma, por correo.
Volviendo a la carta, la leí a a la noche y volvió a sorprenderme ese don de la oportunidad y esa percepción fina que tiene Loli, para decir o escribir algo cuando más lo necesito.
Este es el texto, y tiene algunos párrafos y palabras escritas en otros colores, que voy a tratar de reproducir lo más parecido posible:


Mi dulce amor:

Quise escribirte esta carta para hacerte saber una vez más lo importante que es para mí que hoy puedas estar a mi lado, todos y cada uno de los días. Es hermoso despertar por la mañana y saber que estás tan cerca, en la misma ciudad y que en pocas horas vamos a vernos, vamos a compartir actividades y tiempo juntos… ¡Es tan grato sentir tu cálido abrazo tantas veces por semana! ¡Me hace tan feliz compartir con vos momentos simples y cotidianos! ¡Cuánto agradezco a Dios que después de tres años nos haya permitido estar juntos! Era nuestro mayor anhelo… ¿Te acordás? ¿Te acordás cuando en cada visita que me hacías, proyectábamos e imaginábamos cómo serían nuestras vidas en conjunto? ¿Te acordás que soñábamos con la misma ilusión con la que hoy soñamos “ser ricos”, tener nuestra propia casa o viajar a Europa? Es también la misma alegría con que planificamos el blog de Lolita y el Profesor… ¿Te das cuenta de algo? Eso significa… ¡que hoy mismo estamos viviendo nuestro sueño! ¡Cada día palpamos el resultado de nuestros sueños hechos realidad! ¿No es maravilloso? ¿Qué otras sorpresas nos tendrá preparada la vida? Tendremos que averiguarlo y poner todo el empeño para que resulten grandes.
También quiero que sepas que me siento orgullosa del hombre que llegó a Córdoba en un camión de mudanzas, con esperanzas, alegría, ilusiones, pero también con muchos miedos y que hoy es un GANADOR (con mayúsculas) en todos los sentidos.
¡Cómo me gusta verte tan bien, tan feliz, con tanta determinación y “pilas”! Tu alegría es mi alegría y tu triunfo es mi mayor orgullo.
Te agradezco profundamente todos los detalles que tenés conmigo: los chicles, las “Tic-Tac”, la Coca-Cola Light en la heladera, las sábanas oliendo a perfumito, las sorpresas inesperadas... pero además te agradezco todo aquello que sé que nadie más podrá brindarme de igual modo: ese abrazo protector y lleno de cariño, el coraje con que me defendés de las injusticias, el tocarme la cintura al caminar por la calle, el mirarme con tus ojitos hermosos de hombre enamorado, la pasión que ponés en todos tus actos, el poder expresarte abiertamente conmigo y el permitir que yo lo haga con vos, el desearme y hacer todo lo mejor para mí... ¡Qué importante es todo esto para mí! ¡No lo voy a olvidar jamás! Todos tus gestos van a vivir por siempre en mi corazón y en mis recuerdos.
Sos un hombre maravilloso, terriblemente TIERNO y muy, pero muy ESPECIAL. Te merecés conseguir todo aquello que desees y te propongas.
Por último, quiero repetirte lo que te digo siempre: TE AMO.
¿Cómo no sentir ese sublime sentimiento por vos?
Te amo y me siento enamorada de toda tu persona. Sí, definitivamente entrás en la “categoría” de hombres para amar con toda el alma.
¿Sabés? Creo que este año 2011 vamos a hacer realidad una buena parte de nuestros sueños. =)
Un beso inmenso…

de tu Loli que te adora ©
PD: ¡Feliz aniversario de 3 años y 4 meses!

 

El sobre venía cerrado con un autoadhesivo de esos muy simpáticos, con un osito que manda corazones con las manos y con la leyenda: “Quiero estar contigo”.
Estas sorpresitas, y en eso coincidimos Loli y yo, son las que sostienen la magia y los sueños, como el primer día.
¡Y me comió a besos, nomás!

El Profesor




viernes, 3 de septiembre de 2010

Diario de Lolita: Magia y Fantasía


Como ya lo conté, él apareció en mi vida bajo la forma de editor en un frío mes de julio. Fríos eran los días, frío era el aire que respiraba y que me rodeaba –no me gusta el frío y lo sufro mucho–, pero en mi corazón yo empezaba a sentir un agradable calorcito, el que siente quien experimenta el amor por primera vez. Un amor extraño, reprobable según la opinión de la mayoría de la gente, que se prestaba a las críticas, o como quiera llamarse, pero amor al fin.
De charlas dedicadas exclusivamente a mi actividad de escribir y acerca del libro y al suyo de editor, de a poco y casi sin darnos cuenta, pasamos a las conversaciones más personales, que a veces llegaban a durar mucho tiempo. Uno de los tantos diálogos y uno de los primeros que tuvimos de ese tipo, fue éste:

–¿Me querés? –Le pregunté.
–Sí, corazoncito, sos una mujercita querible.
–Yo también te quiero.
–¿Eso es lo que hace que pienses todo el tiempo en mí?
–¿Cómo sabés que pienso en vos?
–¿No te lo he dicho? ¡Soy mago!
–¿Y vos pensás en mí?
–Sí, pienso en vos.
–¿Es cierto o lo decís porque yo te confesé que pensaba en vos?
–Si hay algo que tenés que saber de mí, es que yo siempre hablo en serio, incluso cuando hago bromas es en serio.
–Ah...
–Es más: te digo que por alguna extraña razón que aún no llego a comprender, pienso demasiado en vos...
Pocos días después, escribí en mi diario:

"Querido diario:
Este fin de semana fue el más raro en mis dieciséis años de vida.
Casi no pude concentrarme más que en El Profesor. Ayer domingo chateamos dos veces.
Él esta enamorado de mí. Lo supongo. Dijo que me deseaba... incluso hablamos un poquito de sexo. En un momento me propuso que jugáramos a la magia y acepté. ¡Empezó a adivinar todo! Me escribió: '¿Te viniste corriendo de la misa para llegar a tiempo a hablar conmigo, no? ¿Y ayer no te pudiste dormir pensando en el chat y en mí, verdad?' Tal cual. ¡Todo eso era cierto!
Me confesó que sentía por mí una 'atracción' y yo le pregunté qué clase de atracción, a lo que respondió: 'La única atracción que sienten un hombre y una mujer, Loli'.
Ayer me llamaba 'corazoncito' y nos tratábamos como si nos conociéramos de toda la vida.
Y lo más asombroso es lo del día del cumpleaños… ¡Cumplimos exactamente el mismo día! ¡Vaya coincidencia!
Aproveché y le pregunté si estaba enamorado de mí y me contestó: 'No sé si enamorado porque aún no te he mirado a los ojos, no he escuchado tu voz, no te he tocado...'
Hoy, por el tema del sexo creo, he sentido un nudo en el estómago. Me preocupa y me asusta el tema".
Fueron muchos los días que estuve prendida y prendada de sus palabras frente a la pantalla del ordenador durante horas, que para mí nunca alcanzaban para satisfacer mi ansia de sentirlo cerca, de saber qué sentía por mí, de leer una y otra vez las frases cariñosas –y que empezó a condimentar con erotismo–, que él tenía para mí.
A pesar de la fantasía que tenía en mi mente, durante nuestras primeras charlas en las que se planteó el tema del sexo, de la intimidad entre nosotros, mi primera reacción fue de temor. Mi creencia de entonces era que el sexo era algo sucio, doloroso, que era pecado y no era bueno hacerlo hasta después del matrimonio. Me causaba temor mi “primera vez”. El sólo hecho de pensar estar desnuda frente a un hombre, me aterraba.
Estos deseos y ansias contradictorias de, por un lado desear tenerlo y hacerme mujer con él, de seguir leyendo cómo me haría el amor y de fantasear a todas horas y, por el otro, el desear seguir siendo una niña, me produjeron en los días subsiguientes una especie de nudo pesado en el estómago, que hasta me quitó el apetito. Pero, por fortuna, con el correr de los días el nudo fue deshaciéndose.
La vida me había dado una sorpresa: nunca creí llegar a querer tanto a un hombre cuando apenas un mes atrás no quería ni escuchar hablar de ellos.

Lolita

martes, 5 de enero de 2010

Estelas

Desde el primer momento en que Lolita llega a mi casa va dejando, hasta el último día, rastros de su paso por cada rincón: pelos en la bañera, el perfume de su cuerpo en las sábanas, el tubo de pasta dentífrica apretado por la mitad, papelitos de chicles hechos un bollito en los lugares más insólitos, el eco de su voz en las paredes, una lata abierta de palmitos en la heladera, el toallón mojado sobre la cama, el halo incorpóreo de su presencia y una cajita plástica con tapita de caramelos Tic-Tac vacía, en un cesto de papeles del escritorio.
Esas huellas que me provocan la intangible sensación de que ella pasó, con toda su vitalidad adolescente, dejando una estela de su persona detrás de sí.
Algunos de esos objetos los guardo en la caja de recuerdos que conservo de ella.
Porque, señoras y señores que nos leen, sepan que este hombre maduro en la actualidad, hace ese tipo de cosas que no hizo ni siquiera en la adolescencia –y no me avergüenza el admitirlo–, como juntar boletos de colectivo, tickets de recarga del celular, una servilleta de papel del lugar donde almorzamos y una cajita de pastillitas Tic-Tac, además de la considerable cantidad de objetos que Lolita me regaló, muchos de ellos hechos con sus propias manos.
En esa semana de Nochebuena que pasamos juntos, una noche en que ella dormía –agotada después de un día agitado–, me quedé poniendo al día los correos electrónicos de trabajo y cargando un post aquí y en cierto momentos sentí necesidad de ir al baño. Fue en ese momento, cuando pasé por la biblioteca, que las vi.
Ahí estaban, como un testimonio, como la evocación de lo que había sucedido aquella mañana cuando me las había pedido prestadas para no mojarse los pies porque llovía.
Habían quedado en el mismo lugar donde se las había sacado antes de meterse en la bañera, para su habitual ducha nocturna.
Entonces fui en puntas de pie hasta el cuarto, tomé la máquina de fotos que va con Loli a todos lados y –pese a mi proverbial torpeza para el manejo de celulares y equipos digitales de cualquier especie–, me las ingenié para sacarle esta foto.
Las TOPPER celestes. Mis zapatillas.




En esa posición chueca, con los cordones colgando, en el medio del camino, como si la estuvieran esperando para que volviera a calzárselas al día siguiente.
Así es Lolita.
Ese par de zapatillas que quedaron al lado del anaquel más bajo de la biblioteca, es uno de los tantos rastros de su presencia y de su paso por mi vida.
Recuerdo que en algún momento de mi pasado, cuando privilegiaba lo intrascendente y le daba poca importancia a lo esencial, me molestaba encontrar papel higiénico flotando en el inodoro, cabellos caídos en el lavatorio u objetos fuera de su lugar.
Hoy, a esta edad, me enternece encontrarme –después que se ha ido–, con esas señales que me indican que están ahí porque he tenido la dicha de dormir todas las noches abrazado a su cuerpo terso y el privilegio de despertarme con un beso, una caricia y el cabello y un susurro cerca de mi oído:
–Gordi... dale, vamos, arriba, dormilón... Ya son las nueve y tenemos mucho por hacer... Dale que mami va a hacer el desayuno.
Ya no recuerdo cuándo –hasta que llegó Loli a mi vida–, alguien se despertó antes para preparar la mesa y, cuando salgo del baño, sorprenderme con el desayuno servido.
Y hace tanto, tanto tiempo que nadie se ocupaba de ir a la verdulería para comprar todo lo necesario para hacerme esa ensalada de fruta que tanto me gusta pero me da pereza hacer yo mismo
Quizás por eso es que no sólo no me molestan esos vestigios de presencia, sino que los aprecio. Porque si uno desea el privilegio de tener lo mejor de la persona que ama, justo es que aprenda a comprender y a minimizar esos detalles que, al fin y al cabo, a una edad como la que tengo, terminan siendo gratos recuerdos.
Allí siguen esas zapatillas, tal como pueden verse en la foto, todavía hoy, cuando hace ya casi una semana que Loli regresó a su casa.
Hoy me pregunté por qué no volvía a guardarlas en su caja para quitarlas del paso y despejar el camino.
¿Por qué? Porque la extraño. Porque esas zapatillas son como una estela en el agua. Un símbolo. Una señal que me recuerda qué feliz me hizo, pasar la Navidad y esa última semana del año con ella.
Porque no sé si volveré a pasar otra, a esta edad, se agradece y se disfruta lo que se tiene en el momento en que uno lo tiene y sostiene esa ilusión instantánea, tan parecida a la que sentía cuando era niño y en una noche como ésta, esperaba la visita de los Reyes Magos y a la mañana siguiente, esperanzado, me despertaba a buscar mi regalo y a ellos y a los camellos –a los que les había dejado el agua y el pasto, para que repusieran fuerzas–, les agradecía en mi mente y en mi corazón ese regalo recibido.
Y por alguna razón que debe subyacer en mi inconsciente, me vienen a la memoria esos dos versos:
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar...*



El Profesor
Foto: Idem
Texto: Antonio Machado, “Cantares”


martes, 15 de diciembre de 2009

Definición


Tu contorno,
un periplo
salpicado de contrastes,
desde la línea
de tu hombro,
a la blanda curva
de tu seno,
hasta el suave declive
de tu espalda.


Nueve líneas son suficientes para definirla.
Como la metáfora encerrada en un poema.
Así de fascinante es Lolita.

El Profesor

Foto: David Remacle

martes, 15 de septiembre de 2009

Pont d'Austerlitz


–¿Alo? ¡Bon soir! –dijo la voz, cuando atendí la llamada.
Lolita ya está en Paris. Llegó a la mañana en avión desde Barcelona.
Hoy me llamó –una llamada breve, porque en París todo es muy caro y te cobran hasta por preguntar–, para decirme que me extrañaba y que me amaba y para contarme que había ido a visitar Notre Dame y que había hecho lo que yo le pedí antes que se fuera.
–Loli... te pido algo –le dije, unos días antes que emprendiera el viaje.
–Sí, Pichoncito, ¿qué me querés pedir?
–Mirá, cuando llegues a Paris, seguro que vas a ir a conocer Notre Dame. Y entonces, quizás vas a cruzar uno de los puentes sobre el Sena... El Puente de Austerlitz. Ese es un puente que tiene una magia especial, ¿sabés? Es un puente en el que podés pedir un deseo. Algo que quieras mucho, pero mucho, mucho. Yo estuve varias veces ahí. Me iba con mi café y me apoyaba en el muro y miraba el río y pedía el deseo...
–¿Y se te cumplía lo que pedías?
–Sí, todas las veces. Los deseos que se piden en el Pont d´Austerlitz, se cumplen, Loli.
–Ah... ¿Lo que sea que uno pida?
–Ajá. Lo que sea que uno pida.
Hoy, en esa llamada breve que hizo a las once de la noche de allá, me djo que había estado en Notre Dame –y que era tal como yo le había contado–, que me había comprado un regalo muy especial y que también había ido especialmente (llevando a la rastra a su papá, que no entendía cómo sabía ella de la existencia de ese puente) y, como yo, se había apoyado en el muro mirando al río y había pedido un deseo que es su máximo anhelo.
–Mi cielo... era cierto –me dijo después–. En París ¡todo es muy caro! Pero encontré un cyber que es gratis...
Me hizo reír. Inquieta, curiosa y movediza como es, me la imagino dando vueltas hasta encontrar un lugar desde el cual escribirme la cartita de todos los días.
–Decime que me amás antes de que se corte, Papi –pidió.
–Te amo, Loli, mi vida, mi hermosa Princesita...
–Y yo te amo a vos, mi Reyecito...
Fue lo último que escuché, antes que se cortara la comunicación.
No sé cuál habrá sido el deseo de Lolita, porque no me lo dijo.
Pero deseo que –sea lo que fuere que haya pedido–, se le haga realidad.

El Profesor