Mostrando entradas con la etiqueta Eurodisney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eurodisney. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2009

Castillo encantado

–¡Hola, Papiiii! –dijo la voz de Lolita en el teléfono.
–¡Loli! ¡Qué lindo es escuchar tu voz!
–¿Viste? Te llamo los sábados a la mañana, como vos, Pichoncito mío.
–Gracias, Loli. Me hace muy feliz hablar con vos, que estás tan lejos...
–¿A que no sabés adónde estoy? –me preguntó, con ese tonito pícaro tan propio de ella cuando está por hacer alguna travesura o algo que la divierte mucho.
–En París, Loli...
–Sí, pero ¿en qué lugar de París?
–¿Les Champs Éllysées?
–Nah... Ahí fuimos el jueves.
–¿Versalilles?
–Nuuu... Ahí estuvimos ayer, y almorzamos unas viandas que nos compramos en un súper chino. ¿Sabías que acá también hay súper chinos?
–Lo puedo imaginar, porque están en todo el mundo. Pero decime, ¿a dónde estás vos ahora?
–¡En EURODISNEY, Papi!
–¡Uy! ¡Tu sueño, Loli!
–Shi... y fui a un montón de juegos y escuchá... –su voz quedó tapada por una musiquita–. La música de las princesitas... Jijiji... Y también fui al Castillo Encantado
–¿Te gusta?
–¡Uf! ¡Me encanta! Y, ¿a que no sabés?
–¿Qué, mi cielo?
–¡Mi papá fue al Tazón!
Y siguió contándome, entusiasmada, todo lo que estaba viendo en Eurodisney y lo feliz que la hacía haber podido conocerlo.
–¿Ves, Loli? Vos que decís que yo me conozco todo, ahí nunca estuve.
–Pero si los parques de diversiones te gustan, Pichoncito de mami. ¿Te acordás cuando te llevé a la rastra al del Parque Sarmiento?
–Sí, pero la última vez que estuve en París, todavía no existía.
–Entonces, Papi, tenemos que empezar a ahorrar para que yo te pueda traer y llevarte de la manito a los juegos, ¿sí?
–Mhhh-hhh.
–Ningún “Mhhh-hh”. Tu Princesita te va a traer al castillo encantado. ¡Y vas a ver cómo nos vamos a divertir!
–Decime, Loli... ¿compraste una tarjeta nueva?
–¡Uy, no! ¡Me olvidé de contarte!
–¿La compró tu papá y te la regaló?
–No, Papi. Resulta que el otro día fui a un baño y de repente miré para el suelo y ahí estaba... nuevita, flamante y con el sobrecito de celofán puesto... Debe haber sido de alguna chica inglesa, porque no entendí un pito lo que me decía la grabación...
–¿Cómo que no? Si vos estudiaste inglés en el colegio, Loli.
–Shi... por eso lo único que entendí es que tenía más de una hora para hablarte, mi amor. Y mañana, a levantarse tempranito que te vuelvo a llamar, como vos hacés conmigo los domingos, ¿eh?
En París, Loli debe estar durmiendo. Le deseo que haya pasado un estupendo día en el parque de la fantasía. Y hoy vuelvo a acostarme temprano, porque mañana, con esto de la diferencia horaria, tengo que madrugar para escuchar su voz en el teléfono.
Así es Lolita.

El Profesor