Mostrando entradas con la etiqueta Lolitas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lolitas. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de abril de 2010

La vida pasa

Fugit irreparabile tempus, dice Virgilio, en Geórgicas 3, 284. “El tiempo se va para no volver”.
Pasaste del uniforme de colegio, a la ropa de mujer.
Aunque sigue divirtiéndote, ya no te entusiasma tanto Seventeen, te cautiva más la Cosmopolitan.
En los estantes de tu biblioteca quedaron los libros de cuentos infantiles y las revistas de ciencias. Ahora buscás en la mía y te apropiás de “Cien cepilladas antes de dormir”.
Parece que fue ayer que te desvelaba un trabajo sobre los espacios urbanos en la Geografía física. Hoy te apremia el parcial de Macroeconomía.
Allá atrás quedaron los mensajes con besos traviesos para debajo del banco de la escuela, la remerita del uniforme y la hora de gimnasia. Te llegó el tiempo de la ropa de marca, de tu sesión de gym y de correr entre la academia de inglés y las aulas de la facultad.
Ya no necesitás escaparte de tu casa para un encuentro furtivo. Hoy podemos encontrarnos en libertad, sin tapujos ni estrategias que soslayen la verdad.
Pasó el tiempo, te vi crecer.
Te conocí adolescente, una bella florcita abriéndose a la vida.
Hoy, ya sos una hermosa mujer.
La vida pasa y vos creciste. Pero en un rincón de mi memoria y en un lugarcito tibio de mi corazón, vas a seguir siendo –como firmás tus cartas–, mi Eterna Lolita.

El Profesor

sábado, 19 de septiembre de 2009

Castillo encantado

–¡Hola, Papiiii! –dijo la voz de Lolita en el teléfono.
–¡Loli! ¡Qué lindo es escuchar tu voz!
–¿Viste? Te llamo los sábados a la mañana, como vos, Pichoncito mío.
–Gracias, Loli. Me hace muy feliz hablar con vos, que estás tan lejos...
–¿A que no sabés adónde estoy? –me preguntó, con ese tonito pícaro tan propio de ella cuando está por hacer alguna travesura o algo que la divierte mucho.
–En París, Loli...
–Sí, pero ¿en qué lugar de París?
–¿Les Champs Éllysées?
–Nah... Ahí fuimos el jueves.
–¿Versalilles?
–Nuuu... Ahí estuvimos ayer, y almorzamos unas viandas que nos compramos en un súper chino. ¿Sabías que acá también hay súper chinos?
–Lo puedo imaginar, porque están en todo el mundo. Pero decime, ¿a dónde estás vos ahora?
–¡En EURODISNEY, Papi!
–¡Uy! ¡Tu sueño, Loli!
–Shi... y fui a un montón de juegos y escuchá... –su voz quedó tapada por una musiquita–. La música de las princesitas... Jijiji... Y también fui al Castillo Encantado
–¿Te gusta?
–¡Uf! ¡Me encanta! Y, ¿a que no sabés?
–¿Qué, mi cielo?
–¡Mi papá fue al Tazón!
Y siguió contándome, entusiasmada, todo lo que estaba viendo en Eurodisney y lo feliz que la hacía haber podido conocerlo.
–¿Ves, Loli? Vos que decís que yo me conozco todo, ahí nunca estuve.
–Pero si los parques de diversiones te gustan, Pichoncito de mami. ¿Te acordás cuando te llevé a la rastra al del Parque Sarmiento?
–Sí, pero la última vez que estuve en París, todavía no existía.
–Entonces, Papi, tenemos que empezar a ahorrar para que yo te pueda traer y llevarte de la manito a los juegos, ¿sí?
–Mhhh-hhh.
–Ningún “Mhhh-hh”. Tu Princesita te va a traer al castillo encantado. ¡Y vas a ver cómo nos vamos a divertir!
–Decime, Loli... ¿compraste una tarjeta nueva?
–¡Uy, no! ¡Me olvidé de contarte!
–¿La compró tu papá y te la regaló?
–No, Papi. Resulta que el otro día fui a un baño y de repente miré para el suelo y ahí estaba... nuevita, flamante y con el sobrecito de celofán puesto... Debe haber sido de alguna chica inglesa, porque no entendí un pito lo que me decía la grabación...
–¿Cómo que no? Si vos estudiaste inglés en el colegio, Loli.
–Shi... por eso lo único que entendí es que tenía más de una hora para hablarte, mi amor. Y mañana, a levantarse tempranito que te vuelvo a llamar, como vos hacés conmigo los domingos, ¿eh?
En París, Loli debe estar durmiendo. Le deseo que haya pasado un estupendo día en el parque de la fantasía. Y hoy vuelvo a acostarme temprano, porque mañana, con esto de la diferencia horaria, tengo que madrugar para escuchar su voz en el teléfono.
Así es Lolita.

El Profesor

martes, 15 de septiembre de 2009

¡Y tienen un blog!

A todos nuestros lectores, que nos siguen desde el inicio, desde enero, les pido me den su opinión y me digan lo que creen y lo que piensan al respecto.
Resulta que si escribimos acá nuestra historia de amor, nos denuncian por pedofilia. Pero si dos empresas explotan la imagen de la nenita pícara con todo lo de candor, inocencia, sensualidad, travesura y seducción propias de una Loli, eso es negocio... ¡Ah, no vale!
Piquen la imagen, por favor.



¡Me cacho en la sociedad de consumo! ¡Ufa!

El Profesor

domingo, 13 de septiembre de 2009

Les Petits Plaisirs

En agosto Geelbe –un club privado de compras por Internet–, en su lanzamiento de la semana, y con el slogan “Ropa para estar en casa”, ofrecía modelos como éste, tan sugestivos y seductores como inocentes.
Para quienes no lo conozcan, Geelbe es una organización de un grupo de jóvenes profesionales con el objetivo común de emprender negocios digitales sobre la base de la promoción y comercialización de productos de primeras marcas.





En este caso la marca es: Lolita – Les Petits Plaisirs.
Modelos como éstos pueden verse en la página web de la empresa o en su showroom, ubicado en Gurruchaga 779, nivel 3, de la ciudad de Buenos Aires, que se inauguró el 15 de junio pasado.
Eso sí, para ver la colección, hay que escribir a la dirección de correo electrónico, para recibir el nombre de usuario y la contraseña que permite acceder al sector.
Los modelitos, como ven, son encantadores.
¡Y dale con la moda Lolita!
Como nos lo sugirieron en un comentario anterior, cuando Loli regrese de su viaje, creo vamos a empezar a pensar seriamente en ofrecer espacios de publicidad, ¡qué tanto!

El Profesor



domingo, 6 de septiembre de 2009

Lolita Collection

–¿Cuál es la historia de este verano? –pregunta la cronista.
–Lolita –responde la entrevistada–. Hay una lectura entre líneas del tema de los quince años, de los besos. Creamos dos estampas especiales con esos temas. Habrá regalos, una vidriera representativa, un papel diferente en las bolsas. Esta colección es como una fiesta de cumpleaños.



Paula Cahen D’ Anvers celebra sus quince años lanzando al mercado una colección “Lolita”, que “se mueve en un juego que la marca maneja a la perfección, el de los opuestos. En este caso, se balancea entre la inocencia y la seducción, como la chica que juega a ser grande sin manejar todavía los nuevos códigos”, dice Grace Demattei, diseñadora de la firma.
Me pregunto: para que haya una Lolita, ¿no hace falta un Profesor?
¡Me cacho! ¡Y después nos dan con un caño a Lolita y a mí!

¡De no creer!

El Profesor
Foto: © La Nación


jueves, 3 de septiembre de 2009

Medias de Lolita

Acabábamos de encontrarnos en la estación terminal de ómnibus, en el último viaje de agosto.
Como siempre, luego de los abrazos, los besos y las sonrisas, nos tomamos de la mano y nos dirigimos a la cafetería en la que acostumbramos tomar el desayuno.
Nos sentamos, dejamos nuestros bolsos en una silla junto a nosotros, y nos quedamos esperando a que nos atendieran.
Hicimos nuestro pedido al mozo que se nos acercó, y mientras aguardábamos que llegara el pedido, el Profe sacó mis barritas de cereal (las trae en el bolso de mano), y después me dijo:
–Loli… te traje un regalito.
–¡Uy, Papi! ¿Qué es? ¿Qué me trajiste? –me entusiasman las sorpresas que me prepara.
Buscó en su valija, sacó un paquete envuelto en papel de regalo y me lo entregó.
Lo miré con una sonrisa y él me devolvió un gesto picarón. Cuando hace ese gesto con los ojitos y los labios es porque ha hecho alguna de las suyas. Y por lo general, es una travesura.
–Mmm... a ver qué será... –dije.
Rompí el envoltorio de colores y me encontré con algo suave… y rayado.
–¡Papi! ¡Medias de Lolita en serio!
–Para que te las pongas con esas chatitas negras... Son largas... podés usarlas con una minifalda. Te van a quedar hermosas, mi vida.
–¡Gracias, Papi! –le dije.
Me di cuenta que la gente de las mesas cercanas nos miraban con curiosidad, ya que yo había desplegado el par de medias largas arriba de la mesa y no dejaba de mirarlas y de mirarlo a él, sonriendo.
–¿Qué me merezco, Loli? –preguntó.
–Te merecés un beso enorme... ¡Así de grande! –contesté.
Me incorporé, fui hasta su silla, lo abracé del cuello y le di unos cuantos besos bien fuerte.
Cuando volví a mi lugar, la gente nos observaba con extrañeza. No era de lo más común que un padre le regalara a su hija unas medias rayadas en blanco y negro y que por eso la niña lo besara tanto.
En ese momento llegó el mozo con nuestros cafés y medialunas. Tuve que correr todo de la mesa para que pudiera apoyar la bandeja.
–Cuando las use con las chatitas, mi amor, me voy a sacar una foto y te la voy a mandar...
–Por favor –me dijo, mirándome a los ojos.
–Pero en estos días las voy a usar... supongo que querrás jugar con ellas y conmigo, ¿eh? –le pregunté, llevándome el dedito índice a la boca. Ese gesto de nenita traviesa que lo divierte y lo excita.
–Claro, Bebi, por algo las traje... es una fantasía que tenemos pendiente de realizar...
–¡Sos tremendo papi!
Sonrió y me sirvió el edulcorante, como suele hacer. Después, nos concentramos en el desayuno, porque ambos lo necesitábamos. Necesitábamos toda nuestra energía para después.



Así me quedan las medias “bucaneras” de Lolita. Las otras fotos, también con las medias, son exclusivas para nosotros dos.

Lolita

viernes, 29 de mayo de 2009

Una buena razón

–Loli...
–¿Qué, Papi?
–Tengo que decirte algo...
–Sí, ¿qué es?
–Estamos acá... este primer día que nos conocimos, esta primera noche, la primera vez que cenamos juntos, ¿no?
–Ajá.
–Bueno... Ya me viste. Querías conocerme, y acá estoy.
–Mjm...
–Podés verme. Ya no es una idealización como con las cartas o los mensajes o el chat.
–Ajá.
–Me ves tal cual soy. Con mis cincuenta y siete años. Y vos, Princesita, sos tan joven...
–¿Qué querés decir, Papi? No te entiendo.
–A ver... ¿podés imaginarme dentro de diez años?
–Más o menos... A lo mejor sí...
–Vos vas a ser una hermosa mujer de veintiséis y yo voy a ser un señor de sesenta y siete... un...
–¿Viejito?
–Bueno, sí. La verdad, voy a ser un viejito de sesenta y siete.
–Ah... ¿Y entonces?
–Bueno, ahora te pido que hagas un esfuerzo y te imagines dentro de veinte años. Vos vas a ser una hermosísima mujer de treinta y seis años y yo... Yo voy a tener...
–Mjm... Bueno, setenta y siete... ¿Y?
–¿Y qué va a pasar entonces, Loli?
–¿Qué va a pasar con vos?
–No, Frutillita. Con vos... ¿qué va a pasar con vos? ¿Te imaginás dentro de veinte años, en el mejor de los casos, cuidando a un viejo?
–Ah, en el mejor de los casos... ¿Y cuál sería el peor de los casos?
–Que puedo no estar. Que puedo haber...
(...)
–¿Qué podés haber qué, Papi?
–Que por ley de la vida, para esa época puede ser que ya no esté acá... Que...
–¿Qué te hayas muerto, querés decir?
(...)
–Sí. Que me haya muerto...
(...)
–Papi... Mirá... a ver. Vos leíste mucho más que yo y viste muchas más pelis que yo, ¿cierto?
–Bueno, sí... Sólo por diferencia de edad...
–Dejá la diferencia de edad a un costado por un momento, por favor. Decime: ¿vos viste y leíste “La Tregua”?
–Sí, hace mucho... pero mucho... faltaban casi veinte años para que vos nacieras cuando leí el libro y un poco menos cuando vi la película, ¿por qué lo preguntás?
–¿Quién era más viejito, él o ella?
–Él, claro.
–¿Y quién se muere primero? ¿Él o ella?
–Ella...
–¿No decís que este es un mundo tan incierto que la única certeza que tenemos es que nos vamos a morir, pero no tenemos la certeza de cuándo... porque si la tuviésemos nos moriríamos de angustia?
–Sí... Te lo dije.
–Y entonces, Papi... ¿cómo sabés que te vas a morir antes vos?
(...)
–La verdad, no lo sé, Loli. Muy perspicaz de tu parte.
–No pensemos en eso ahora, Papi... Me estás haciendo tan, pero tan feliz esta noche... ¿Para qué hablar de algo tan triste ahora?
–Es cierto... Lo siento, Princesita.
–Mirá qué rica comida, tu vinito... este lugar al que no había venido nunca... Este momento con el que tanto soñé... ¿Para qué estropear este momento pensando en lo que puede pasar o no? ¿No te parece?
–Sí, me parece.

–¿Y qué va a tener de malo que te agarre de la mano dentro de veinte años para caminar y me encargue de cuidarte de la misma forma como hoy vos me cuidaste a mí? Como me venís cuidando desde hace tantos meses y desde tan lejos, sin haberme visto...
–Nada. No tiene nada de malo... sólo que voy a ser...
Shhhh... No digas eso.
–Bueno...
–¿No te parece que si la vida nos juntó y nos cruzó en el camino de ambos es por algo? ¿No te parece que quizás es una buena razón el simple hecho de estar juntos acá, hoy, esta noche?
–Sí, Loli. Me parece una muy buena razón...
–¿Sabés? Por más que pase el tiempo y suceda lo que suceda, te prometo que voy a seguir siendo tu Lolita... y vos vas a seguir siendo mi Profesor.

Este diálogo, más o menos como lo reproduzco, y así de salpicado con silencios, lo tuvimos con Loli en el restaurante “diente libre” (como lo llaman en la ciudad de Córdoba) Las Tinajas, cenando juntos el primer día de diciembre de 2007. La primera vez que estuvimos frente a frente y pudimos mirarnos, conocernos, tocamos. El día que pudimos darnos ese primer beso y abrazarnos, sabiendo que eso que estaba ocurriendo entre las cuatro paredes de la habitación del hotel, era la realidad que tanto habíamos anhelado ella y yo.
Ese primer viaje que no puedo olvidar, cuando Lolita me dijo que yo era más lindo, dulce y tierno de lo que ella esperaba y yo le dije que ella era mucho, pero mucho más inteligente, bonita, dulce, tierna y sensual de lo que yo había podido imaginar.
Así fue nuestra primera cena. Y de ese modo, con esa muy buena razón expresada desde el sentido común de Lolita, me animé a empezar nuestra historia en el mundo real.

El Profesor

miércoles, 20 de mayo de 2009

La Lolita de Berlusconi

Con El Profe leemos los diarios a la mañana, estemos juntos o no. Cuando estamos juntos, en nuestros lugares preferidos de Córdoba o Buenos Aires. Y cuando estamos lejos, por Internet.
Claro que él los lee un rato después que yo, puesto que como expliqué, se tarda en meditar con los ojos cerrados, acerca del temas tan trascendentales como, por ejemplo, si descansó bien o no. (¡Pod favooodd! ¡Un datito maz!)
Suele suceder que, antes que me vaya a la facultad, por el chat nos ponemos a comentar algunos temas del día.
Hoy, ambos, leímos la noticia acerca de que Umberto Eco publicó un libro nuevo en Italia: “No esperéis libraros de los libros”, en el que defiende la supervivencia del libro físico (papel), frente al avance imparable de los libros virtuales en soportes digitales.
Nos llamaron la atención dos cosas: la primera, que ayer, en Madrid, el semiólogo y novelista italiano –autor de “El Nombre de la Rosa”, “El péndulo de Foucault” y esa maravilla infaltable en la biblioteca de cada estudiante y profesional “Cómo hacer una tesis”, además de otros–, declaró al periodismo que: “Si tuviera que dejar un mensaje de futuro para la humanidad, lo haría en un libro en papel y no en un disquete electrónico”.


La segunda, que cuando le preguntaron acerca de qué libro le regalaría al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, con su habitual rapidez para la respuesta ocurrente y su peculiar sentido del humor y de la ironía Eco respondió: “No le regalaría ninguno, porque él dijo hace veinte años que no lee, aunque a la vista de las últimas noticias, le regalaría Lolita, de Nabokov”.


Esta es Noemí Leticia, que desde hace dos años frecuenta a Berlusconi, lo llama “Papi” –como yo al Profe. Claro que el premier italiano tiene 72 años y ella mi edad–, y fue la causa del último escándalo que le costó el divorcio.
Cuando la descubrieron, los papparazzi creyeron que era una hija no declarada del “Il Cavaliere”, quien se hizo presente en la fiesta con que se festejaron los 18 años de la nena. La nena, para los que no lo sepan, a los trece años debutó como bailarina, hace castings y hasta ha sido modelo en una empresa de moda italiana.
En apariencia, la familia de la Lolita de Nápoles no se opuso a que Berlusconi le regalara un collar valuado en más de seis mil euros y, como si no fuera suficiente, esta chiquilla traviesa manifestó a la prensa que sigue siendo virgen (Mjm...) y que sólo ha besado a su novio Domenico, con quien espera que suceda la “fatídica primera vez”. (Mjm...)
¿"Fatídica primera vez"? ¿De qué habla la napolitana esta?

Lolita

jueves, 26 de marzo de 2009

Atuendo

–Papi...
–Mhhh...
–¿Te dije que me gusta ver cómo te afeitás?
–Sí, mi princesita.
(...)
–Papi...
–¿Mhhh-hh?
–¿Hoy vamos a cenar a ese lugar tan pipí-cucú como decís vos?
–Ahá.
–¿Cuál te gusta más?
–¿Cuál me gusta más de qué, Loli?
–El short blanco o el de jean con la remera “pupera”?
(...)
–Nu shé...


–Entonces me pongo el de jean, con la remera "pupera".

Lolita

Foto: Lolita

viernes, 23 de enero de 2009

A mi hombre le gusta...

Sé que le gusta que me ponga pantaloncitos cortos blancos, remeras con brillos y sandalias en los pies.
Sé que le gusta que use polleritas de jean, musculosas de colores y tacos altos.
Se que le gusta mirarme cuando me ato el pelo en una cola de caballo.
Le gusta que tenga el aroma al perfume que me regaló, que coloree mis labios de rojo y que me ponga aritos en la orejas.
Le gusta que use bombachitas de nena, con dibujitos y puntillas de vez en cuando...
Se sonríe cuando cruzo las piernas como mujer o cuando le rozo las rodillas con mi muslo por debajo de la mesa...
Le gusta cuando me pongo mis anteojos para ir al cine o ver televisión.

Le gusta leer conmigo mis revistas de adolescente.
Le gusta que vaya corriendo a abrazarlo cuando llega.
Le gusta que le haga libritos con hojas de colores, escritos con frases, poesías, cartas, dibujos y figuritas.
Le gusta que le haga regalitos usando mis manos y mi habilidad para construirlos.
Le gusta que me saque fotos para él.
Le reconforta que le mande un mensaje en las noches en que está especialmente mimoso...
Sé que le gustan mis abrazos de oso, mis caricias suaves, mis chistes creativos y espontáneos y mis besos húmedos.


Lolita

jueves, 22 de enero de 2009

A veces el amor cuesta...

Mis amigas se enamoran de chicos de su edad.
Mis hermanas se sienten atraídas por jovencitos de su generación.
Los adolescentes forman parejas entre ellos.
Pero yo me enamoré de un hombre varias décadas mayor.
Y es complicado. Hay que ser muy valiente, decidida y estar segura de lo que se quiere.
Las Lolitas tenemos que pagar un alto precio por elegir el camino más difícil.
Tenemos que asumir los riesgos, prepararnos para lo que pueda suceder, saber que alguna vez podremos sentir dolor...

Debemos ser responsables y además, saber cuidar al otro.
Debemos estar atentas y mantenernos fuertes frente a las críticas, reproches y embestidas de la familia, frente a los prejuicios de las amigas, amigos y conocidos, y frente a los dedos acusadores y las miradas de extrañeza o incluso de desprecio de la sociedad en general.

Pero cuando uno siente que lo que le colma el corazón es puro amor por el otro, por el hombre que te roba suspiros y te enciende de alegría la mirada, se prepara para esto y mucho más.
¿Se sufre si uno no se siente libre? ¿Cuesta? ¡Por supuesto! Especialmente al comienzo.
Pero yo pagué el precio con gusto y lo volvería a pagar con tal de ver a mi amado hombre feliz, con tal de ver su amplia sonrisa y sus ojitos alegres, con tal de sentir sus caricias y besos, con tal de verlo divertirse, disfrutar y sentirse vivo como quizás hace años no lo sentía.
Elegiría pasar por todo lo que pasé, con tal de seguir escuchando
cómo de sus dulces labios se desprende un “Te amo, mi chiquita”

Lolita