sábado, 26 de febrero de 2011

Esperados Viernes

¡Por fin llegó el viernes!
Eso es lo primero que pienso al despertar en ese último día de la semana. No sólo porque llega el fin de semana y tengo dos largos días por delante para descansar, sino porque los viernes con mi Profe siempre organizamos algo para la nochecita que me provoca estar alegre todo el día a la espera de que llegue el momento de vernos.
Pienso en que vamos a estar juntos, en que vamos a disfrutar de un momento único y especial y eso ya es suficiente para hacer de los viernes un día tan esperado.
Por lo general nos gusta salir. Nos agrada ir al cine, cenar en lugares distintos, visitar nuestra heladería favorita y caminar por la cálida noche cordobesa tomados de la mano y conversando de tantas cosas.
Ayer, por ejemplo, decidimos cenar en un restaurante de comidas típicas que habíamos visto publicitado en varios lugares y que nos llamaba la atención.
–Mirá, Gordi, acá está la página Web.
–A ver que tienen…
–Mmm… Parece bueno. “Comidas típicas: locro, humita, tamales, empanadas, minutas, pastas…”
–Si, si, parece el lugar indicado.
–Podríamos probar, no?
–Si, y justo hoy que está fresquito nos podríamos “zampar” algo de eso, jeje.
–¡Si, dale!
Salimos de casa y un rato después habíamos llegado al centro. Caminamos unas pocas cuadras y encontramos el lugar.  
Cuando entramos, algo me decía que no era lo que se publicitaba. ¡Era lo que estaba en las fotos pero al mismo tiempo parecía otro lugar! (No hay cosa que nos moleste más con el Profe que esos lugares donde las fotos muestran una cosa y al llegar, la realidad es totalmente distinta).
Para que se den una idea, la mayor parte de la gente que allí se encontraba, estaba reunida tomando mate con pan casero y manteca. (¿A esa hora? ¡Eran las nueve de la noche!).
–Eeehh… ¿Ya se puede cenar? – Preguntamos.
–Si, pasen, pasen. Ya los van a atender.
Lo cierto es que la atención tardó un poco en llegar y la comida no fue de lo mejor.
Engañados por una publicidad y el anuncio de comidas típicas, terminamos en un sitio bohemio, mal iluminado, caro, entre estudiantes de filosofía tomando mate y profesoras de facultad discutiendo cosas de la vida con cafecito de por medio. Y nosotros, ¡comiendo pollo y milanesa con papas fritas! (Ahora que lo pienso, no sé por qué habremos desistido de las comidas típicas).


No quedamos muy conformes, pero no permitimos que eso nos arruinara la noche. A veces, hasta solemos reírnos de la tragedia.
–¡Qué mal que comimos, por Dios! –Dijo entre risueño y angustiado el Profe.
–¡Nunca, nunca más volveremos! Ya sabemos para la próxima Gordi. Nada de sitios novedosos que ofrezcan comidas típicas! Jajaja.
Haciendo bromas acerca de la mala experiencia, fuimos caminando hasta el cine y nos dispusimos a disfrutar de la película.
Volvimos a casa pasada la media noche y puedo decirse que terminamos bien la jornada. : P
Así son los viernes esperados. Simples quizás, pero alegres y con esos momentos mágicos que se viven una sola vez y que quedan en el recuerdo para siempre.


 Lolita.




sábado, 19 de febrero de 2011

Gratitud

Hoy quiero decirte...

Gracias por estar cada vez que te necesito.
Gracias por sorprenderme gratamente cada vez que tenés la oportunidad.
Gracias por ser tan compinche, tan cómplice de mis ideas y proyectos.
Gracias por comprenderme en los momentos en que más lo necesito.
Gracias por ser el hombre que me mima, que me consiente, que busca mi bienestar
Gracias por abrir tu corazón, por expresarme tus sentimientos, por mostrarte tan cual sos…
Gracias por acompañarme en los momentos difíciles, cuando afloran las dudas y las inseguridades propias de mi edad.
Gracias por brindarme un espacio donde puedo ser yo misma y expresar todo aquello que necesito.
Gracias por pensar siempre en NOSOTROS al momento de tomar una decisión.
Gracias por abrazarme cuando me hace falta.
Gracias por escucharme, por brindarme tus consejos y hacerme partícipe de cada aspecto de tu vida.
Gracias por cocinarme tan rico, por esperarme siempre con lo que me gusta, por saber cuáles son mis preferencias y tenerlas siempre presentes.
Gracias por alegrarme cada día contándome tus logros, tus vivencias diarias y tus anécdotas.
Gracias por amarme tanto y demostrármelo.

Simplemente Gracias por existir y por haber tenido la valentía de arriesgarte por amor para poder estar junto a mí.

Me pareció oportuno dedicarle estar palabras de agradecimiento al Profe. Hace casi dos meses que llegó a Córdoba y desde entonces no ha dejado de darme motivos para estar feliz y sentir en mi corazón una enorme gratitud por todas las cosas que hace y me brinda cada día.
¡Mi Profe pila y media se merece esto y mucho más!

Lolita.

martes, 15 de febrero de 2011

¡Loli es... TÍA!

Ayer, mientras almorzábamos con Loli, de pronto sonó su celular y cuando atendió la llamada, era de su papá para avisarle que había nacido el hijo de su hermana mayor.
De modo que el papá de Loli es abuelo, la mamá es abuela y Loli y su hermana menor, son tías.
Sé –o creo saber–, en qué medida es importante para Lolita ser y sentirse tía.
Y sé que la vida, sean cuales fueren las circunstancias, merece ser honrada.
La historia y mi propia vida me lo enseñaron.
De manera que ayer, en un día tan especial como lo es el día del amor –14 de febrero, el Día de los Enamorados–, su hermana mayor trascendió su propia existencia generando vida y eso, amigos nuestros, lectores que nos siguen, merece un homenaje.
Por eso es que estoy escribiendo este post que no esperaba publicar.
Porque más allá de las desavenencias, encontronazos, desaires, agresiones y rencores que contaminan la vida de nosotros, los adultos, ese chiquito que acaba de nacer, de renovar una vez más el milagro de la vida, merece ser recibido con el respeto y el sentimiento de todos los que, de una u otra manera, estamos vinculados a él.
Hoy, poco me importa lo pasado. En este momento no pienso en el por-venir. En este momento no me perturba si me aceptan o no, si me quieren o me detestan los que tanto se opusieron a nuestra relación.
En este momento son meras circunstancias que el tiempo puede modificar. A menudo sucede así.


Ahora, acá, hoy, lo que me importa en verdad es desearle a ese hermoso bebé –así definido por la mamá de Loli–, que tenga una buena vida.
Que su mamá y su papá sientan la felicidad que sentí yo cada vez que salía de la sala de partos, después de ver nacer a cada uno de mis hijos.
Que crezca sano y querido y que tenga por delante un futuro venturoso.
Hoy quiero rendir mi homenaje a esa nueva vida y celebrar que Lolita es TÍA por primera vez.
Lo que no es poco.

El Profesor

lunes, 14 de febrero de 2011

San Valentín

Porque con Lolita aprendí que esa leyenda es cierta: el amor no es fácil, pero tampoco es lo suficientemente complicado. Creo que a veces sin darnos cuenta y otras a propósito, lo complicamos nosotros.
 
Porque por más que se diga –y tal vez también sea cierto, yo mismo lo consideraba así– que es empalagoso y comercial, una festividad importada y un producto más de este mundo globalizado en el que nos toca vivir, quiérase o no, es también un símbolo con un significado muy especial.
Porque creo que todos, en algún rinconcito de nuestro interior, anhelamos que hoy nos regalen una flor, nos escriban una tarjeta, nos hagan una caricia y nos digan que nos aman.

Y porque Loli, desde el principio, soñaba con pasar juntos este día.
Cosa que vamos a hacer.


¡Feliz día para tod@s!


El Profesor

lunes, 7 de febrero de 2011

Sueño de una noche de verano

Hace algunos días –el 20 de enero–, fue el segundo aniversario de este blog, este espacio que juntos creamos para contar nuestra historia y que compartimos con ustedes desde entonces.
Desde ese día de enero de 2009 ha pasado el tiempo y han sucedido tantas cosas que a veces, cuando las evocamos, algunas se desvanecen y se confunden con esos anhelos que empezamos a soñar desde esa primera vez que nos vimos en la terminal de ómnibus de Córdoba.
Hemos pasado momentos difíciles, duros, tristes y amargos, porque así es la vida y si sólo se quiere compartir el lado agradable de las cosas, como dice Loli: “No se vale”.
Pero hemos pasado momentos tan, pero tan intensos, gratos y felices que ni ella ni yo vamos a poder olvidarlos jamás porque seguirán repitiéndose, una y otra vez, cuando cerramos los ojos antes de dormir para gratificarnos la memoria y acariciarnos el alma
Loli ha crecido. Ya no es aquella adolescente de colegio secundario que se cautivó y se enamoró de la imagen ideal del hombre que editó su libro y que volvía corriendo de la escuela para conectarse al chat o me avisaba cuándo podíamos hablar por teléfono tranquilos. Hoy está en camino de ser una espléndida mujer, aunque por esas cosas que tiene la cotidianeidad y esas palabras cariñosas que nos resistimos a dejar de lado, yo siga llamándola “Loli”.
El tiempo también ha pasado para mí, y son tantas las vivencias de estos tres años y un par de meses, que cuando me quedo a solas con mis recuerdos, todavía me parece estar mirando una película que discurre como en cámara lenta hasta julio de 2007 y cobra vertiginosidad después, a partir de ese frío día de julio, el del beso con bufanda. El día que la vida me devolvió los sueños que en parte había perdido y en parte había dejado olvidados en el fondo de un cajón.
Hay días en los que nos preguntamos qué va a ser de nosotros mañana, o pasado, o el año que viene. Porque si hay algo que tenemos en claro es que el tiempo pasa y no se lo puede detener. Es en esos momentos, cuando nos sentimos tentados a mirar del otro lado del telón de la vida, cuando tomamos conciencia de que lo único que nos mantiene unidos son los sentimientos compartidos que hemos comprometido desde el primer día.
Porque después de vivir todos estos años he comprobado que hay por lo menos una gran verdad en la que podemos creer en esta existencia que, como escribió el bardo, está hecha en base a sueños: lo único cierto con lo que contamos para seguir adelante, día tras día, es con los sentimientos. La mente suele jugarle malas pasadas hasta al más inteligente y el cuerpo puede impulsarnos a hacer disparates pero el corazón... el corazón no nos miente.
En este trayecto de vida compartida, con Loli hemos anhelado desde el principio festejar juntos nuestro cumpleaños que –curioso, pero cierto–, es el mismo día.
No fue posible en ese primer cumpleaños de 2008.
Al año siguiente, unos días antes del 7 de febrero, Loli me escribió, delirante de tan contenta, avisándome que iba a viajar con su papá para que pudiéramos pasarlo juntos.
En 2010, pude viajar y otra vez, soplamos las velitas de la torta al mismo tiempo y nos deseamos, el uno al otro, lo mejor y pedimos nuestros deseos y brindamos el uno con el otro y el uno por el otro.
Y ahora, hoy, que festejamos un nuevo cumpleaños –el cuarto desde que nos conocimos–, cuando Loli ha dejado los "diez y..." y yo he llegado a los "sesenta y...", estamos tan cerca... que parece un sueño.



El Profesor
 

martes, 18 de enero de 2011

Tiempo de vacaciones

El sábado a la mañana, nos levantamos tempranito y ya con los bolsos armados de la noche anterior y los pasajes comprados, nos preparamos para salir rumbo a las sierras de Córdoba a pasar dos días de vacaciones, descanso y diversión.
El día había amanecido con un sol radiante que prometía un tiempo terriblemente caluroso pero ideal para estar a la orilla del río, en la pileta o saboreando un rico helado a la sombra.
Tomamos el micro 8:30 y cerca de las 11:30 ya habíamos llegado a destino.
Nos dirigimos al hotel donde teníamos hecha la reserva y una vez que nos pusimos ropa fresca, descansamos un poquito del calor de la calle y dejamos los equipajes, salimos a buscar donde almorzar y a recorrer un poco el pueblo.
Por la tarde disfrutamos del extenso parque del hotel, sentados en los sillones plásticos y provistos de buena lectura y más tarde nos dimos un lindo chapuzón en la pileta.
Por la noche, después de la cena, salimos a caminar y nos encontramos con una calle céntrica poblada de negocios y vida nocturna.
De pronto la vi:
–Mirá, Gordi, una feria de artesanos…
(El Profe detesta especialmente las ferias de artesanos)
–Ah…
–La miramos rapidito, quiero ver qué tienen…
–Loli, las ferias de artesanos son todas iguales, acá y en la China
–dijo.
–Dale, acompañame...
Con su admirable buena voluntad, accedió, aunque no se detuvo puesto por puesto para admirar las habilidades manuales de toda esa buena gente.
De pronto, más al fondo, escuchamos música y voces. Nos acercamos y terminamos ambos sentados en unas improvisadas gradas y enganchados con un espectáculo de tres payasos que hacían torpezas para entretener a los más chiquitos. Luego de eso, seguimos recorriendo las calles e hicimos una parada para tomar un helado (¡Cómo me enloquecen los helados!)
Ya cansados, volvimos dispuestos a descansar hasta la mañana siguiente.
El domingo, debíamos dejar el hotel por la mañana, pero decidimos que aprovecharíamos el lindo día e iríamos a conocer algún balneario cercano, retornando a la ciudad cuando se hiciera la tarde.
Enfilamos hacia una playita muy linda. Tendimos nuestros toallones en la arena, bajo la sombra de un árbol y nos tiramos panza arriba. Al ratito observamos que se venían unas nubes negras:


–Mirá, mi amor, me parece que se viene la tormenta... –le comenté.
–¿Qué hacemos?
–Creo que lo más prudente es rajar de acá.
–¡Tan cómodo que estaba!
–Pasa que si nos agarra la lluvia… acá no hay muchos lugares para guarecerse…
–Es cierto, bueno, ¡arriba! ¡Apa!
–Me cayó una gotita. Esto se puede venir feo. Vamos, ¡rápido!
Juntamos todo y apurando el paso nos dirigimos al pueblo.
–Lo único que falta es que ahora cuando estemos llegando, salga el sol –bromeó el Profe.
Y tal cual. Nos queríamos matar. Parecía que las nubes tenían preferencia por algunos lugares nomás. Miramos el cielo y estaba todo limpio y despejado.
–Bueno, podemos buscar otro, Gordi. Hay uno cerca del centro.
Y allá fuimos. Buscamos una linda sombra y nos instalamos… hasta que el sol se empezó a correr y tuvimos que levantar las cosas nuevamente y cruzar a la otra orilla.


Nos dimos una linda zambullida y disfrutamos del agua de río durante un buen rato. Cuando se estaba haciendo la tarde y la hora de volver, decidimos que ya podíamos regresar a casa.
Fuimos hasta la terminal. Me asomé a la primera ventanilla y pregunté:
–¿Pasajes a Córdoba?
–Nada hasta la medianoche.
–¿Qué? ¿Cómo que no hay nada para ahora?
–Se han acabado.
Lo miré al Profe, alarmada.
–Mmmm… ya me la veo venir.
Pregunté en otra empresa y la situación se repitió.
–¿Y ahora que hacemos? ¡Recién son las 17:00 y el más temprano sale a las 23:55!
–Y, no queda otra... Apurémonos a comprarlos que sino vamos a tener que pasar la noche acá…
Una vez con los pasajes en la mano, apareció la pregunta y me atreví a formularla:
–¿Y qué vamos a hacer hasta esa hora???
–Podemos volver al río¬– Sugirió el Profe
–¿Otra vez?
–¿Qué hacemos entonces?
–Mmm… bueno, vamos al río otra vez.
–Mirá –dijo, señalando un sendero-, por allá se sale.
Nos acercamos y nos dimos cuenta que estábamos en un balneario diferente a los otros tres. En ese momento nos entró la risa y tuvimos que apelar al sentido del humor:
–¡Somos dos boludones, Papi! ¡Cómo no nos dimos cuenta de sacar los pasajes ayer cuando llegamos!
–Ahora cuando nos metamos al agua vamos a hacer caldo de tontos, Loli.
–Bueno, miremos el lado positivo: vamos a disfrutar unas horas más de esta ciudad tan linda… y decí que por lo menos conseguimos para hoy, ¿sino qué hacíamos si había recién para mañana a las seis, por ejemplo?
–No quiero ni pensarlo, mi amor. Mejor dejalo así.
–¡Hubiéramos tenido que dar vueltas toda la madrugada como dos pavotes!
–O también tener que dormir tirados por ahí en algún banco...
–¡Uy, qué feo! Menos mal que no pasó.
–Hagamos tiempo, Loli, nos quedemos acá un buen rato de castigo por distraídos. Faltan muchas horas para que podamos volver…
Pero pasaron. Lentas, pero por fin se hicieron las ocho y luego las nueve. Nos sentamos a cenar y cuando estábamos terminando vimos por la ventana que en la calle, el viento agitaba las hojas de los árboles, volaba las servilletas de la gente que cenaba afuera y había obligado a la mayoría a abrigarse con ropa manga larga.
–¡Mirá, Gor! ¿Hará frío afuera? ¡Están todos abrigados! ¿No te parece que nos conviene ir yendo para la terminal?
–¿Te parece? Recién son las diez y media.
–¿Y si después se levanta un viento más fuerte?
–Sí, es verdad, vamos. Total nos quedamos en esa salita de espera que es cubierta y bien cerrada.
¡Menos mal que salimos en ese momento! Porque tal como lo imaginamos, un rato después, el viento con tierra era insoportable. Nosotros estábamos metidos entre cuatro paredes, pero se podía ver lo que sucedía afuera y puedo asegurarles que no era nada agradable.
Yo me sentía segura, no sólo porque estábamos a salvo del viento y el fresco, sino porque mi Profe me abrazaba y me daba calorcito.
–Mi amor…
–¿Sí?
–Gracias…
–¿Por qué Loli?
–Por abrazarme así y cuidarme. Acá en tus brazos no le temo a nada, me siento totalmente segura.
Sonrió y me besó la cabeza.
Ese detalle final, el abrazo de mi Profe durante el tiempo que duró la espera, hizo que todo fuera más fácil de sobrellevar.

Lolita.


miércoles, 29 de diciembre de 2010

Comenzando...

Después de una ausencia que espero ustedes sepan comprender–debido a mis exámenes finales, el trabajo y la mudanza del Profe–, vuelvo para contar cómo he vivido estos días tan felices y tan llenos de magia desde que mi Gordi hizo su llegada a Córdoba hace ya casi una semana.
En un miércoles como hoy, hace siete días, él ya iba de viaje por la ruta en un camión de mudanza junto a todas sus pertenencias y a tres muchachos camioneros que lo ayudaron en todas las tareas de carga y descarga de cosas. (En su momento ya contará sus aventuras en esas 16 horas que pasó arriba de ese enorme rodado). Mientras, yo acá, en mi casa, esperaba ansiosa su llegada y pasé la noche casi sin dormir, pensando cómo se sentiría, cómo sería el momento de vernos, abrazarnos, imaginando nuestra vida juntos a partir de ese día…
No puedo describir la emoción que sentí cuando lo vi. Se lo veía cansado después de un largo viaje, pero la sonrisa le iluminaba todo el rostro. Estaba satisfecho de haber llegado bien, haber dejado todas sus cosas en la nueva casa y estar ahora junto a mí, abrazándome fuerte y contándome todo lo vivido.
Estos días han sido maravillosos. Si bien hemos trabajado duro para acomodar su casa, ordenar todo en su lugar, limpiar y desempolvar, también nos hemos divertido, hemos compartido muchos momentos juntos y nos empezamos a acostumbrar a esto de estar tan cerquita y de saber que ya no vamos a separarnos.
¡Desde que llegó, le dije tantas veces lo orgullosa que estaba de él!
A mí todavía me resulta increíble que mi Profe, a su edad, deje su casa, el lugar donde nació y vivió tantos años, su familia… y afrontado temores e inseguridades, se viniera a vivir hasta donde yo estoy, en una provincia nueva, distinta, y dispuesto a comenzar una vida nueva en mi compañía, lleno de ilusiones y proyectos para llevar a cabo en este nuevo año que está a punto de comenzar. La verdad lo admiro. No son muchos los hombres que están dispuestos a jugarse todo–literalmente- por el amor de una mujercita. En estos gestos es cuando me demuestra cuánto me ama. Me lo demuestra con actos. Me lo dice también, pero con sus acciones me lo confirma.
Ahora él ya está en su nueva casita, cenando quizás para luego irse a dormir y descansar hasta mañana, que le espera un nuevo amanecer en este lugar que tan bien lo recibió desde el primer día.

Los sueños, para aquellos que tienen el valor y la imaginación para soñarlos en grande y saben afrontar sus miedos, se cumplen. Mi Profe es la prueba. No crean que no estaba asustado. Le preocupaban tantas cosas…! Pero yo supe calmarlo, darle tranquilidad y hacerlo sentir seguro de que todo iba a salir bien.
Les deseamos a todos un muy feliz comienzo de año 2011. Seguramente será un hermoso y productivo año para todos. Muchas bendiciones para todos nuestros queridos amigos y lectores.


Lolita





domingo, 26 de diciembre de 2010

El día después, del día después...

Entrando a nuestra nueva casa en Córdoba
Vengan, pasen, entren. Esta es nuestra nueva casa -en esa foto estaba vacía, cuando Loli fue a verla por primera vez-, en la ciudad de Córdoba, en un barrio muy lindo, tranquilo, con muchos árboles y cerca de todo.
Debo pedirles disculpas a todos quienes nos leen porque tenía pensado escribir el último post antes de salir, "el día antes". Pero no me fue posible. Múltiples y variadas vicisitudes de último momento
-entre ellas la llegada de la mudadora un día antes de lo previsto-, me descuajeringaron los planes, los horarios y el seso.

Entonces, mientras viajaba en el camión de la empresa de mundanzas, pensé que sería pertinente escribir el post "el día después" ya que sería 24, un día significativo y, además, el día de Nochebuena.
Pero fue imposible.
El jueves 23 y parte del viernes 24 lo pasé en una especie de catalepsia inducida por el stress, la ansiedad y el cansancio. Por viajar más de 16 horas en un camión de mudanzas en dos días de calor agobiante, cambiándole la hora de llegada a Loli y a su papá a cada momento.
Para el mediodía del 24, ya algo recuperado, salimos con Loli a comprar algunos presentes para el arbolito y cuando volvimos, ya era hora de prepararnos para asistir a misa de Nochebuena y cuando regresamos, era tiempo de cenar.
Como si fuera poco, también estos primeros dos días y medio estuvimos yendo y viniendo de mi casa -de momento me han dado asilo en la de Loli-, que por las fiestas aún no tiene servicio de electricidad, gas, teléfono e Internet (que está todo pedido y quizás a partir de mañana lo instalen), para acomodar muebles, limpiar, vaciar cajas, tirar objetos inservibles, ordenar, tirar cajas vacías, buscarle lugar a las cosas, lustrar muebles, ordenar armarios... ¡Uhhh!
Para que se den una idea Loli me ha despertado hoy, domingo, a las 6:45 de la madrugada para ir a ordenar y limpiar y ahora, mientras ella se relaja y disfruta de una lánguida siesta, yo escribo este post sabiendo que en un ratito, ni bien se despierte, saldremos para la pileta del club a darnos un revitalizador chapuzón en este día de verano.
Como sea, gracias a la inestimable ayuda de su papá, con Loli ya estamos dando los toques finales a esa casa que tanto anhelamos.
Y yo estoy escribiendo el día después, del día después, porque aún me cuesta creer que esta noche no tengo que estar subiéndome al micro de Urquiza, para regresar a Buenos Aires.
Porque ahora mi casa está en Córdoba...

El Profesor

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Diario de Lolita: Hoy, hace tres años


Viajé de vuelta hasta mi casa con la mente concentrada solo en él. Ausente del mundo real, estaba flotando en ese espacio donde confluyen la imaginación, los sueños, las fantasías, y los deseos.
Me sentía bien aunque para evitarme problemas, de momento debía disimularlo lo mejor posible.
Después de que transcurrió el almuerzo sin la más leve sospecha o dificultad, al haber terminado, me marché con el pretexto de ir a lo de una compañera a hacer un trabajo escolar y diciendo que volvería bien entrada la tarde. Quería que esta vez, el tiempo que pasara a su lado me rindiera mejor.
Al poco tiempo, ya estaba de nuevo tocando la puerta de la habitación, con la ansiedad de sentirlo cerquita mío.
Cuando entré, la habitación estaba en penumbras. Una tenue luz entraba a través de las cortinas cerradas. Estaba muy fresca, en contraposición al calor agobiante que hacía afuera. Ahí estaba mi amor, esperándome.
Me miró y me pidió con ternura que me acostara a su lado en la cama y así, de a poquito, empezamos a conocernos. Nunca nadie me había besado, pero tampoco había imaginado siquiera que nadie podía besarme tanto en tan poco tiempo.
Esa tarde me mostró cómo era capaz de manifestar todo su cariño, toda su sensualidad y su atracción por mí, pero respetando mis temores, mi miedo al dolor, mi falta de experiencia y de conocimiento de cómo era una verdadera relación entre un hombre y una mujer.
Cuando hicimos una pausa en nuestros cariños y arrumacos, caímos en la cuenta que habían pasado tres horas. El tiempo parecía volar a su lado.
Aproveché la pausa y busqué un bocadito de chocolate que había comprado y se lo di en la boca, mientras yo lo comía con él... me miró con una sonrisa, mientras yo, sentada arriba, lo acariciaba. Me dijo: “Frutillita... sos un sueño. Debo de haberme portado muy bien en la vida para que en este momento me regalara a alguien como vos...”. Todo el tiempo me decía cosas tiernas mientras no cesaba de acariciarme y de besarme. Decía: “Cushita, mi amor, mi Lolita... mi nenita traviesa, mi bebé...”
Había algo que me gustaba especialmente de él: tenía mucho cabello y tan suavecito... se había cumplido uno de mis deseos: siempre había soñado acariciar el pelo de un hombre mientras le besaba los labios.
No podía dejar de tocar la parte de atrás de su cabeza, en donde el cabello se le desordenaba y donde era especialmente excitante...
Charlamos un ratito, en un clima de completa dulzura y luego, lentamente, me preparé para irme, pero con la emoción y la perspectiva de pasar toda esa noche juntos, hasta la mañana siguiente, aunque fuese a costa de una mentira.
Cuando salí a la calle, llovía. Ni cuenta me había dado. Estar con él me hacía abstraerme de todo.
Llegué a casa y me acosté hasta que se hizo de noche y fue momento de vestirme para salir con él. Me preparé especialmente bonita. Era la primera vez que iba a salir con un hombre y la ocasión, además de su persona, merecía un atuendo muy especial. Elegí unos jeans, una musculosa con brillitos, sandalias y el cabello pelo y planchado. Sabía que yo le gustaba, pero sentía que debía seducirlo y enamorarlo a cada momento.

Cuando llegó el momento, le pedí a mi papá que me dejara en la puerta del shopping. La versión oficial era que iba a encontrarme con unas compañeras para salir a bailar, y luego me iba a quedar a dormir en la casa de una de ellas, hasta el día siguiente. Me creyó y se avino a llevarme con el auto, aunque estaba un poco intranquilo por el hecho de que era la primera vez que yo hiciera algo así, pasando una noche fuera de casa.
Bajé del auto a la hora acordada y esperé a que mi papá se alejara. Ni bien esto sucedió, y vi el auto perderse entre el tráfico de la avenida, El Profe se me acercó, sonriendo, con una sonrisa que dejaba ver todos sus dientecitos blancos y la bondad que había en su corazón de cincuenta y siete años. Estaba vestido muy prolijito y olía a un perfume francés muy rico que, desde ese momento, para mí es su perfume. Pensé en ese momento que se trataba de un hombre muy elegante, fino y caballero. Y esta primera impresión no falló. Efectivamente, siempre fue así conmigo en estos tres años.
Caminamos por las galerías del shopping un ratito y cada vez que él se acercaba a mi oído para comentarme algo, me decía “mi amor” y yo estaba que me desmayaba de deseo, con ese perfume... En un momento tuve que pedirle: “No me digas así, que ahora, acá, no puedo besarte”.
Caminamos unas cuadras, en esa noche cálida y estrellada, con las calles repletas de parejas, de gente que estaba dispuesta a disfrutar de una hermosa velada, como la que nosotros íbamos a tener en las próximas horas. Llegamos al restaurante, entramos y yo miré para todos lados, en busca de alguien que pudiera conocerme. Gracias a Dios, no conocía a nadie. Era la primera vez que iba a cenar a un lugar tan bonito. Era un lugar para comer a diente libre. Se podía elegir lo que uno deseara comer por un precio fijo.
Me tomó de la cintura hasta que llegamos a la mesa y una vez allí corrió la silla para que me sentara. Luego, sin yo haberlo esperado, me dio una bolsa que dentro contenía un regalo. Lo miré con un gesto, mezcla de alegría y asombro y me dispuse a abrir el regalo. Me encontré con un perfume francés muy rico, que yo le había comentado que me gustaba. ¡Y él me lo había regalado! Fue el primero de todos los perfumes que me compró. Se lo agradecí con una sonrisa y una caricia en su mano. Hubiera querido besarlo pero había demasiada gente... A pesar de esos condicionamientos, a sentirme observada me sentía emocionada de estar con un hombre así, al que ya sentía como mi pareja.
Cuando trajeron la bebida, él mismo me sirvió en la copa y brindamos. No puedo describir lo que sentía en ese momento. El cielo era nada en comparación a estar allí con él.
Conversamos bastante y después de un rato, nos levantamos a buscar la comida. Cada uno se sirvió lo que le gustaba. De vuelta en la mesa, me hizo probar de su plato, haciéndome probar con su tenedor algunos bocados.
En un determinado momento se puso a contarme varias cosas de su vida y algunas experiencias que me dejaban asombrada y no podía evitar sentir una profunda admiración por él y una alegría indescriptible por el hecho de sentir, de saber que desde ese momento ese hombre mayor que me trataba con tanta delicadeza y cortesía, como a una princesa, era mi hombre.

Lolita

PD: Les pedimos disculpas a todos nuestros lectores por no haber escrito en todo este tiempo pero yo recién ayer terminé con dos finales y me estoy ocupando de encontrar la casa y el Profe está trabajando contra reloj para poder hacer la mudanza antes de Nochebuena. Pero claro, hoy es un día especial, porque es el día de nuestro tercer aniversario.





sábado, 13 de noviembre de 2010

¡ÚLTIMO MOMENTO!

Hace una semana, como de costumbre, hablamos por teléfono a la noche para contarnos las novedades del día. La conversación empezó más o menos así:
–¿Sabés Loli? Ayer no te dije nada pero estaba muy triste. Ya no quiero estar más acá, me siento muy solo. A la noche me dio una congoja, que...
–¡Mi vida! No me digas eso... ¿Pero por qué?
–Porque me agarra la angustia y siento que te extraño mucho. Quiero estar todos y cada uno de los días a tu lado, y el tiempo se nos pasa rápido. Me quiero ir para Córdoba...
–Lo sé, yo también quiero que vengas.
–Pero tengo que juntar mucho dinero, para la mudanza y demás.
–Gordi...
–¿Qué, Loli?
–¿Sabés qué pienso?
–A ver...
-Que ya no tenemos que perder más tiempo. Sé que es complicado decidirlo de un momento para otro, pero ya vas a ver que se puede. Vos no podés seguir viviendo allá. Yo creo que tenemos que jugarnos y hacer todo lo posible para que estés acá... ¡El mes que viene!
–No, Loli, el mes que viene es muy pronto no voy a llegar con todo, tengo mucho trabajo que terminar... además que hay que organizarse, juntar el dinero, vender muchas de las cosas que tengo y que ya no me sirven...


–No te pongas límites, Gordi. Vos sabés que yo estoy para lo que necesites, que te voy a ayudar y apoyar en todo. Si vos hoy me decís que querés venirte en diciembre, yo ya me pongo a buscarte un lugar donde vivir. Sabés lo rápida que soy para algunas cosas.
–Si, mi amor. Es que...
–Dale, lo vamos a lograr. Yo tengo un dinero ahorrado de manera que si creés que no llegás a juntar todo lo que tenés pensando, disponés del mío.
(...)
–¿Gordi? ¿Qué pasa? ¿Por qué te quedaste callado?
–Es que... no sabés la emoción que me da escucharte decir eso... Nunca antes alguien me había demostrado tanto amor.
–Es que de eso se trata, Gordi. De ayudarnos y darnos alegrías y felicidad mutuas. ¿Cómo no voy a hacer esto por vos si tengo las mismas ganas de que estés acá todos los días?
–¡Ay, Loli...! ¡No sabés cómo me late el corazón de escucharte hablar así!
–¿Te imaginás lo que va a ser poder vernos siempre y que ya no exista el momento triste de la despedida? ¿Tenés idea lo lindo que va a ser planificar los días juntos, divertirnos, salir a pasear, y festejar de a dos nuestros aniversarios en vez de hablarnos por teléfono? ¡Quiero que para las fiestas ya estés acá!
–¿Sabés? Nadie como vos me da tanto entusiasmo y ganas de hacer las cosas... Me voy a poner ese objetivo de estar en Córdoba, como mucho, para los primeros días de enero.
–¡Así me gusta! ¡Qué contenta estoy! ¡Qué lindo va a ser ese día que llegues para no volverte a ir!
–De sólo pensarlo, me causa mucha emoción... Me imagino viviendo un departamentito en la ciudad de Córdoba, caminando por esas callecitas que recorremos y llevándote de la mano.  Yendo a buscarte a la facultad, o esperándote con la comida para que almorcemos juntos, y con un ramo de jazmines...
–¡Sí, mi amor!
–Cuando estemos juntos, te voy a hacer conocer al hombre que puedo llegar a ser todos los días cuando estoy con la mujer que amo.
–¡Pero a ese hombre ya lo conozco!
–Si, pero hay muchas sorpresas que no te pude dar o muchos detalles que aún no pude tener... pero ya vas a ver cómo te voy a sorprender cada día.

Esta fue la conversación que tuvimos con el Profe hace una semana.
Tal como leyeron, juntos tomamos la decisión de que ya era momento de estar más cerca y compartir juntos más tiempo. Después de tres años, nos dimos cuenta de cuánto nos extrañamos a la distancia y cuánta falta nos hace estar el uno con el otro.
Es cierto que hay que arreglar muchas cosas en poco tiempo, pero si Dios quiere y la suerte nos echa una mano, en algunas semanas El Profe estará viajando hacia la capital cordobesa para establecerse aquí y empezar una nueva etapa en su vida, junto a mí, su amada Loli.
¡Qué feliz que estoy!


Lolita