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lunes, 7 de febrero de 2011

Sueño de una noche de verano

Hace algunos días –el 20 de enero–, fue el segundo aniversario de este blog, este espacio que juntos creamos para contar nuestra historia y que compartimos con ustedes desde entonces.
Desde ese día de enero de 2009 ha pasado el tiempo y han sucedido tantas cosas que a veces, cuando las evocamos, algunas se desvanecen y se confunden con esos anhelos que empezamos a soñar desde esa primera vez que nos vimos en la terminal de ómnibus de Córdoba.
Hemos pasado momentos difíciles, duros, tristes y amargos, porque así es la vida y si sólo se quiere compartir el lado agradable de las cosas, como dice Loli: “No se vale”.
Pero hemos pasado momentos tan, pero tan intensos, gratos y felices que ni ella ni yo vamos a poder olvidarlos jamás porque seguirán repitiéndose, una y otra vez, cuando cerramos los ojos antes de dormir para gratificarnos la memoria y acariciarnos el alma
Loli ha crecido. Ya no es aquella adolescente de colegio secundario que se cautivó y se enamoró de la imagen ideal del hombre que editó su libro y que volvía corriendo de la escuela para conectarse al chat o me avisaba cuándo podíamos hablar por teléfono tranquilos. Hoy está en camino de ser una espléndida mujer, aunque por esas cosas que tiene la cotidianeidad y esas palabras cariñosas que nos resistimos a dejar de lado, yo siga llamándola “Loli”.
El tiempo también ha pasado para mí, y son tantas las vivencias de estos tres años y un par de meses, que cuando me quedo a solas con mis recuerdos, todavía me parece estar mirando una película que discurre como en cámara lenta hasta julio de 2007 y cobra vertiginosidad después, a partir de ese frío día de julio, el del beso con bufanda. El día que la vida me devolvió los sueños que en parte había perdido y en parte había dejado olvidados en el fondo de un cajón.
Hay días en los que nos preguntamos qué va a ser de nosotros mañana, o pasado, o el año que viene. Porque si hay algo que tenemos en claro es que el tiempo pasa y no se lo puede detener. Es en esos momentos, cuando nos sentimos tentados a mirar del otro lado del telón de la vida, cuando tomamos conciencia de que lo único que nos mantiene unidos son los sentimientos compartidos que hemos comprometido desde el primer día.
Porque después de vivir todos estos años he comprobado que hay por lo menos una gran verdad en la que podemos creer en esta existencia que, como escribió el bardo, está hecha en base a sueños: lo único cierto con lo que contamos para seguir adelante, día tras día, es con los sentimientos. La mente suele jugarle malas pasadas hasta al más inteligente y el cuerpo puede impulsarnos a hacer disparates pero el corazón... el corazón no nos miente.
En este trayecto de vida compartida, con Loli hemos anhelado desde el principio festejar juntos nuestro cumpleaños que –curioso, pero cierto–, es el mismo día.
No fue posible en ese primer cumpleaños de 2008.
Al año siguiente, unos días antes del 7 de febrero, Loli me escribió, delirante de tan contenta, avisándome que iba a viajar con su papá para que pudiéramos pasarlo juntos.
En 2010, pude viajar y otra vez, soplamos las velitas de la torta al mismo tiempo y nos deseamos, el uno al otro, lo mejor y pedimos nuestros deseos y brindamos el uno con el otro y el uno por el otro.
Y ahora, hoy, que festejamos un nuevo cumpleaños –el cuarto desde que nos conocimos–, cuando Loli ha dejado los "diez y..." y yo he llegado a los "sesenta y...", estamos tan cerca... que parece un sueño.



El Profesor
 

sábado, 24 de julio de 2010

Bifurcación

Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan
o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades.

«El jardín de senderos que se bifurcan»,
JORGE LUIS BORGES (1899–1986)



Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos.
Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.
Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.
Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.
Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que te permanecieron fieles.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.
Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.
Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él, nunca se vayan.
Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.
Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.
Que el señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño.
Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja; y que la fortuna de las colinas celtas te abrace.
Que las bendiciones de San Patricio te contemplen. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio sea breve y te deje rico en bendiciones.
Que no conozcas nada más que la felicidad, desde este día en adelante. Que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro. Él sabe que la Tierra no tiene suficientes ángeles.
Que el camino salga a tu encuentro.
Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos… ¡así sea cada año y para siempre!
ANTIGUA BENDICIÓN CELTA

El Profesor

sábado, 10 de abril de 2010

Hermosa sensación

Nunca antes me había sentido así, mi amor…
Desde hace casi tres años experimento una sensación hermosa… y todo te lo debo a vos.
A tu lado me siento protegida. A tu lado me siento segura.
Sé que puedo estar totalmente tranquila y confiada de que nada malo va a pasarme cuando estoy entre tus brazos o agarrada fuertemente de tu mano.

Sos el que me brinda seguridad y contención, el que aplaca mis miedos y el que disipa mis dudas y confusiones.
Gracias por ser el hombre que piensa todo el tiempo en mí, el que se desvive por mi alegría y el que se preocupa por mi bienestar.
Gracias por ser el que puede sentir lo que yo siento, el que interpreta mis estados de ánimo sin necesidad de palabras ni explicaciones y el que tiene la capacidad de comprender todo cuanto me pasa.
No existe alguien como vos. Sos único, sos exclusivo, sos especial…

Sos el que desparrama luz por todos mis rincones y el que me alegra el día con sus dulces palabras.
Por eso te amo tanto, por eso te extraño demasiado cuando no estás, por eso sigo apostando a este amor mágico y maravilloso…

Te amo con todo mi corazón.


Lolita

jueves, 11 de febrero de 2010

Y si te dijera...

Princesita:

¿Y si te dijera que de todos los cumpleaños de mi vida este, el de mis sesenta años, es el que me dio más felicidad?
¿Y si te dijera que me sentí tan, pero tan bien ahí, en tu casa, en esa hermosa noche sin lluvia que Dios nos regaló para que pudiésemos disfrutar de la cena en el jardín?
¿Y si te dijera que por primera vez, desde aquella vez que cumplí diez años que nunca antes me había sentido tan querido y tan mimado?
En todo esto estuve pensando hoy, querida mía.
¿Sabés? Uno aprende a apreciar el verdadero valor del amor, del cariño, de los mimos y las atenciones cuando las tiene aunque sea por una vez en esta vida.
No sé si podés imaginarte cuánto significó para mí cumplir mis sesenta años con tus diecinueve y con los cincuenta y seis de tu papá.




No sé si tenés una idea de cómo disfruté de tus mimos –por primera vez delante de tu papá, sin tapujos–, del asadito, de la ensalada, de las tortas y las velitas, de tu tarjeta, que leí una y otra vez hoy, ya estando acá.
No sé si podés imaginar cuánto representó para mí poder estar a tu lado un día así, con la magia extra que significa que ambos cumplimos años el mismo día.
¿Será cierto lo de las almas gemelas?
No sé si alcanzás a comprender y medir la felicidad que me produce que te brillen los ojos, que brindes con una copa de ananá con champaña, que soplemos las velitas, que compartamos la bendición que significa una rica comida, una noche estrellada, un jardín que huele a romero, tomillo, lavanda y limones tempranos.
Sé, sí, mirando esas fotos que me mandaste, que fuiste feliz esa noche del siete de febrero de 2010. Te brillaban los ojitos y esa sonrisa llena de dientitos como perlas que me cautiva, estaba más radiante, más plena.
Sé, sí, que por algún extraño designio de la vida nos cruzamos tan a destiempo, como si el cruce mismo fuera un desafío para mostrarle al mundo que el amor no tiene edad. Que a los sentimientos no les interesa el tiempo; que el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Antes que termine este día, mi dulce Princesita, quería decirte esto.
Antes que termine este día, Loli, quiero decirte que te amo desde lo mejor de mi corazón.
Antes que este día se vaya, Loli, mi amor, quiero decirte que si Dios y la vida me dan la oportunidad y durante todo el tiempo que me quede, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para que te sientas feliz, plena, segura, mimada, amada, querida, adorada.
Así como adoro tu cuerpo y esos labios dulces que tenés y que yo tengo el privilegio de poder besar.
Te amo, Loli.

El Profesor

PD: Tenía pensado escribir acerca de las tribulaciones que tuvimos que padecer con Loli en un hotel al que nunca habíamos ido antes, pero cambié de idea. Lo que vivimos el día de nuestro cumpleaños, merece ser contado con la carta que le escribí a Loli.
Lo del hotel, puede esperar hasta mañana.


Foto: by Lolita

martes, 5 de enero de 2010

Estelas

Desde el primer momento en que Lolita llega a mi casa va dejando, hasta el último día, rastros de su paso por cada rincón: pelos en la bañera, el perfume de su cuerpo en las sábanas, el tubo de pasta dentífrica apretado por la mitad, papelitos de chicles hechos un bollito en los lugares más insólitos, el eco de su voz en las paredes, una lata abierta de palmitos en la heladera, el toallón mojado sobre la cama, el halo incorpóreo de su presencia y una cajita plástica con tapita de caramelos Tic-Tac vacía, en un cesto de papeles del escritorio.
Esas huellas que me provocan la intangible sensación de que ella pasó, con toda su vitalidad adolescente, dejando una estela de su persona detrás de sí.
Algunos de esos objetos los guardo en la caja de recuerdos que conservo de ella.
Porque, señoras y señores que nos leen, sepan que este hombre maduro en la actualidad, hace ese tipo de cosas que no hizo ni siquiera en la adolescencia –y no me avergüenza el admitirlo–, como juntar boletos de colectivo, tickets de recarga del celular, una servilleta de papel del lugar donde almorzamos y una cajita de pastillitas Tic-Tac, además de la considerable cantidad de objetos que Lolita me regaló, muchos de ellos hechos con sus propias manos.
En esa semana de Nochebuena que pasamos juntos, una noche en que ella dormía –agotada después de un día agitado–, me quedé poniendo al día los correos electrónicos de trabajo y cargando un post aquí y en cierto momentos sentí necesidad de ir al baño. Fue en ese momento, cuando pasé por la biblioteca, que las vi.
Ahí estaban, como un testimonio, como la evocación de lo que había sucedido aquella mañana cuando me las había pedido prestadas para no mojarse los pies porque llovía.
Habían quedado en el mismo lugar donde se las había sacado antes de meterse en la bañera, para su habitual ducha nocturna.
Entonces fui en puntas de pie hasta el cuarto, tomé la máquina de fotos que va con Loli a todos lados y –pese a mi proverbial torpeza para el manejo de celulares y equipos digitales de cualquier especie–, me las ingenié para sacarle esta foto.
Las TOPPER celestes. Mis zapatillas.




En esa posición chueca, con los cordones colgando, en el medio del camino, como si la estuvieran esperando para que volviera a calzárselas al día siguiente.
Así es Lolita.
Ese par de zapatillas que quedaron al lado del anaquel más bajo de la biblioteca, es uno de los tantos rastros de su presencia y de su paso por mi vida.
Recuerdo que en algún momento de mi pasado, cuando privilegiaba lo intrascendente y le daba poca importancia a lo esencial, me molestaba encontrar papel higiénico flotando en el inodoro, cabellos caídos en el lavatorio u objetos fuera de su lugar.
Hoy, a esta edad, me enternece encontrarme –después que se ha ido–, con esas señales que me indican que están ahí porque he tenido la dicha de dormir todas las noches abrazado a su cuerpo terso y el privilegio de despertarme con un beso, una caricia y el cabello y un susurro cerca de mi oído:
–Gordi... dale, vamos, arriba, dormilón... Ya son las nueve y tenemos mucho por hacer... Dale que mami va a hacer el desayuno.
Ya no recuerdo cuándo –hasta que llegó Loli a mi vida–, alguien se despertó antes para preparar la mesa y, cuando salgo del baño, sorprenderme con el desayuno servido.
Y hace tanto, tanto tiempo que nadie se ocupaba de ir a la verdulería para comprar todo lo necesario para hacerme esa ensalada de fruta que tanto me gusta pero me da pereza hacer yo mismo
Quizás por eso es que no sólo no me molestan esos vestigios de presencia, sino que los aprecio. Porque si uno desea el privilegio de tener lo mejor de la persona que ama, justo es que aprenda a comprender y a minimizar esos detalles que, al fin y al cabo, a una edad como la que tengo, terminan siendo gratos recuerdos.
Allí siguen esas zapatillas, tal como pueden verse en la foto, todavía hoy, cuando hace ya casi una semana que Loli regresó a su casa.
Hoy me pregunté por qué no volvía a guardarlas en su caja para quitarlas del paso y despejar el camino.
¿Por qué? Porque la extraño. Porque esas zapatillas son como una estela en el agua. Un símbolo. Una señal que me recuerda qué feliz me hizo, pasar la Navidad y esa última semana del año con ella.
Porque no sé si volveré a pasar otra, a esta edad, se agradece y se disfruta lo que se tiene en el momento en que uno lo tiene y sostiene esa ilusión instantánea, tan parecida a la que sentía cuando era niño y en una noche como ésta, esperaba la visita de los Reyes Magos y a la mañana siguiente, esperanzado, me despertaba a buscar mi regalo y a ellos y a los camellos –a los que les había dejado el agua y el pasto, para que repusieran fuerzas–, les agradecía en mi mente y en mi corazón ese regalo recibido.
Y por alguna razón que debe subyacer en mi inconsciente, me vienen a la memoria esos dos versos:
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar...*



El Profesor
Foto: Idem
Texto: Antonio Machado, “Cantares”


viernes, 1 de enero de 2010

Luna llena

–Gordi... ¿Viste? Hay luna llena.
–Ajá. El año va a comenzar con esa luna, Loli. Y con lluvia.
–¡Ufa! ¿Cómo sabés?
–Por el halo que tiene alrededor, Princesita.
–¿No te parece romántica?



–Sí. Cuando un hombre y una mujer se aman, la luna llena parece romántica, es cierto.
–¿Parece?
–Mhh-hh. Algunos pueblos creían que esa luna provoca insomnio temporal y hasta demencia, Loli. Otros creían que era cuando aparecían los licántropos, los hombres-lobo...
–¡Mmmm! ¿Como cuando te digo que parecés un lobo?
–Algo así, chiquita. Es una luna misteriosa, la luna llena.
–¿Misteriosa?
–Sí, enigmática. ¿Sabés? La usaron para la tapa de un librito que me regalaste, “Querer es poder”. Y me llama la atención lo que escribiste en la dedicatoria. ¿Te acordás?: “Que estas profundas reflexiones de vida te ayuden y te sirvan de guía en los momentos difíciles. Con todo cariño... tu princesita que te ama, 20/3/09”.
–Shi...
–¿Sabés? En todo el libro encontré enseñanzas, y posiblemente la que más me hizo reflexionar es un párrafo que tiene que ver con nuestra relación, Loli.
–¿Cuál, Papi?
–Unos párrafos... A ver si te acordás:

“Cada día que comienza es una nueva oportunidad; cada día que comienza es MI oportunidad para ser feliz si no lo soy, pero para eso debo estar dispuesto a cambiar, a dar YO el primer paso, a cambiar aquellas cosas que me atrofian. El momento es AHORA, el tiempo es éste. EL PRESENTE ES LO QUE CUENTA, porque es el único momento en que pasaré el resto de mi vida, ni en el pasado ni en el futuro. SÓLO EN EL PRESENTE SERÉ FELIZ. Pero para ello, debo movilizarme, buscar nuevas alternativas, nuevos rumbos si es necesario y trabajar y actuar por el bien común, sabiendo que si hago feliz en mi andar a quien me acompaña por el camino, YO también voy a ser feliz.
”Debo dar el primer paso, sin esperar nada a cambio, sin prisa pero sin pausa, buscando en los pequeños detalles, sin olvidar mi objetivo principal, porque todo, por mínimo que parezca, es importante.
”Atendiendo las necesidades del otro cuando acude a mí, eso también me dará felicidad, porque si soy solícito con el otro, así me responderá la vida a mí también.
”El egoísmo, en la vida, me lleva a la nada.
”La vida es un eterno andar, por lo tanto no te quedes de brazos cruzados, esperando que vengan por ti. La felicidad llega cuando tú vas en busca de ella”.*

–¿Te acordás de esos párrafos?
–Sí, Papi.
–¿Ves? Vos a veces me decís que aprendiste muchas cosas de mí. Pero yo también aprendí muchas, muchas cosas de vos.
–Shi...
–Por ejemplo, a vivir hoy, en el presente. A dar gracias por tenerte acá, hoy. Por la Navidad que pasamos juntos, y por cada momento de este presente nuestro.
–Shi, mi amor. La luna estuvo ahí casi toda la semana, ¿viste?
–Ajá. Y, como te dije, el año va a empezar con luna llena...
–Me gusta ver la luna llena acá, hoy, con vos. Es muy romántico...
–Sí, mi vida.
–¿Sabés que te amo?
–Sí, Princesita.
–Y siempre te voy a amar, Papi.
–(...)
–¿Qué pasa gordi? ¿Por qué te quedaste callado? ¿En qué pensás?
–Mhh-hh...
–Dale, decime. ¿Qué pensás?
–Pienso que hoy sé y siento que me amás, Loli... Y disfruto de este momento, porque me parece que “siempre” es demasiado tiempo.


El Profesor

* Perfetti, Fernando, compilador. “Querer es poder”, Editorial Santa María, Buenos Aires, 2008.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Antes que den las doce...

Hoy queremos desear, antes que se vaya el último segundo del año viejo y den las doce campanadas, que el nuevo año les depare a todos gratos e inolvidables momentos y que puedan concretar sus logros individuales y compartidos.
Que este nuevo año golpee a la puerta de cada uno de ustedes para entregarles una caja rebosante de paz, de felicidad, de amor y de prosperidad.
Para que en este año puedan ser más considerados, generosos de espíritu y honestos con ustedes mismos y con sus semejantes. Sin juzgar, para no ser juzgados; sin dañar para no ser dañados. Porque sólo así, comprendiéndonos y ayudándonos mutuamente, se pueden sobrellevar los problemas a los que nos enfrentamos cada día y se fomenta la unión entre nosotros y todos aquellos que nos rodean.
A todos quienes nos leyeron hasta ahora, les deseamos que en este año se les fortalezca el amor, se afiancen los vínculos y encuentren la forma de apoyarse, entenderse y sostenerse en todo lo que es realmente importante en este fugaz paso por la vida.
Que este nuevo año que acaba de comenzar regale alegría a quienes están tristes; consuelo a quienes están angustiados; salud a los enfermos y compañía a quienes están solos. Que a todos les tenga reservadas maravillosas sorpresas, excitantes aventuras, renovadas ilusiones y nuevas y profundas emociones genuinas.
Se los deseamos de corazón... porque nosotros también lo necesitamos.
Es nuestro último deseo del año viejo, y el primero del Año Nuevo.

¡Felicidades!


Lolita & El Profesor

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Balance

–¿Y me vas a extrañar?
–Claro que te voy a extrañar, mi vida.
–¿Mucho?
–Mucho, sí. ¿Hay otra forma de extrañarte?
–¿Y vas a pensar en mí mañana cuando den las doce?
–Sí, bichito de Luz.
–Nu shé...
–¿Qué es lo que no sabés, mi cielo?
–Si vas a pensar mañana cuando den las doce...
–A ver, Loli... ¿Qué pasa?
–(...)
–Loli... Vamos, ¿qué ocurre?
–(...)
–Vamos, mi pequeña enfurruñada, ¿qué te sucede?
–¡Que no me aguanto, Gordi!
–¿Y por qué, Loli?
–Nu she...
–Sí, Princesita, vos sabés lo que te ocurre... Dale... decime...
–Nu she...
–Loli…
(…)
–A ver, venga que la abrazo fuerte, fuerte…
–¡Snif!
–Vamos... ¿Por qué la lagrimita?
–Porque... porque...
–¿Por qué?
–¡Porque no quiero irme!
–¡Uy, mi amor! ¡Venga que me la como!
Así es Lolita cuando tiene que irse. Hace la valija refunfuñando y dice que no sabe qué le pasa.
En eso, somos parecidos. Todavía me acuerdo cuando llegaba el último día en Córdoba y nos poníamos a hacer el equipaje, antes de mi regreso, y el bajón-mal que nos daba.
Pero esta vez, fue distinto.
Porque después que terminó con su equipaje y antes de salir para la terminal de ómnibus, tuvimos una hora para nosotros, en la que hicimos el balance de este año.
Sentada en mis rodillas, mirando las luces del arbolito, le dimos gracias a Dios y a la vida por haber pasado juntos nuestra primera Nochebuena y Navidad, lo que hace un año parecía un sueño. Y nos propusimos que el año que viene vamos a hacer todo lo posible para pasar ambas fiestas juntos.
No sé qué nos depara el año que ya está a punto de comenzar. Si es por nuestro deseo, cuando golpee a nuestra puerta y se anuncie, ojalá nos deje una caja llena de sorpresas, de paz, de felicidad y prosperidad y la posibilidad cierta de que un día no tengamos que despedirnos más en una terminal de ómnibus. Eso pedimos.
Porque el amor, ya lo tenemos.
Lo que no es poco.




En un micro como éste se fue, hace un rato, de regreso a su casa, con la esperanza de volver a vernos pronto, y sorprendiéndome, una vez más con una cartita escondida debajo de la almohada y con un mensaje de texto escrito desde el ómnibus para que me esperase en la computadora cuando llegara a mi casa.
Observo el arbolito con las luces titilantes que ella compró. Doy una vuelta por la casa vacía y la percibo, la siento, la huelo en cada rincón.
No hace ni una hora que Lolita se fue, y ya estoy extrañándola...


El Profesor

martes, 15 de diciembre de 2009

Definición


Tu contorno,
un periplo
salpicado de contrastes,
desde la línea
de tu hombro,
a la blanda curva
de tu seno,
hasta el suave declive
de tu espalda.


Nueve líneas son suficientes para definirla.
Como la metáfora encerrada en un poema.
Así de fascinante es Lolita.

El Profesor

Foto: David Remacle

sábado, 12 de diciembre de 2009

Parecido no es lo mismo

–¿Te acordás de esa mañana, Papi?
–Sí, Loli. ¿Cómo olvidarla?
–También llovía... estaba gris, como hoy.
–Me acuerdo que estábamos tan tristes que hasta el cielo lloraba.
–Nos fuimos a tomar el desayuno a la confitería de la estación de servicio.
–Ajá. Quizás, la próxima vez que vaya, deberíamos ir a tomar el desayuno ahí. Como El Ruedo, es parte de nuestros recuerdo, ¿te parece?
–Mjm... Y yo... yo...
–¿Vos qué, Princesita?
–Yo... yo tenía miedo de que nos separaran. De que no íbamos a vernos más. Pero vos me tranquilizaste. ¿Te acordás?
–¿Cómo no recordar esa mañana, mi cielo? Si hasta las noticias nos ayudaron... Encontré una historia en el diario, y te la mostré.
–Sí.
–Y te mencioné por primera vez la ley de mayoría de edad y te prometí que, como mucho en un año, todo lo que estábamos pasando iba a ser no más que un recuerdo.
–Shi... Y me compraste las barritas de cereal y el yogur.
–Para que pudieras dejar de llorar, mi amor. Para que te entretuvieras tomando el desayuno. No se puede tomar el desayuno y llorar al mismo tiempo.
–Yo tenía miedo...
–Yo también. Pero lo dejamos correr, lo superamos y, ¿viste? Le teníamos miedo a algo que no iba a suceder. Es una de las cosas –como vos decís–, por las que nos angustiamos sin saber si van a ocurrirnos o no.

Esta conversación –según la recuerdo–, la mantuvimos con Loli este mismo día de diciembre del año pasado.
Ese día, todo era incierto para nosotros. Todo parecía estar en contra y confabularse para nuestra desgracia. Era un día gris, lluvioso, muy fresco en comparación con el calorón cordobés del día anterior.
Lolita había estado hasta la madrugada, sosteniendo sus principios ante las abogadas de la Secretaría de la Mujer y la Familia.
Yo, me pasé la noche esperándola en el hotel, con un nudo marinero en el estómago, sin saber qué podía hacer, después de enfrentarme con la madre la noche anterior.
A las tres de la madrugada sonó el teléfono.
Era Loli, que me llamaba para decirme que estaba en su casa, que me quedara tranquilo, y que a la mañana siguiente iba a venir.



Quedamos en encontrarnos en el café de la estación de servicio donde pasamos, mientras tomábamos el desayuno, después de casi un día sin probar bocado, una de las peores mañanas de nuestra vida.
Qué distinto que es hoy.
Con Lolita aprendí que no hay que prometerle algo que uno no sabe si puede cumplir. Ese día, el de una mañana como hoy, me arriesgué y le prometí que al cabo de un año no iba a tener que sufrir creyendo que la justicia nos iba a separar. Que fuera paciente, que si ese día no podíamos viajar juntos, al cabo de un año iba a ser sólo un recuerdo.

–Fue un día igual que hoy, Papi –me dijo Loli por teléfono esta mañana.
–No, igual no. Parecido.
–Bueno, es lo mismo.
–No, Loli, mi cielo. Parecido, no es lo mismo.
–¿Sabés, gordi?
–¿Qué, Princesita?
–Te amo. Sos lo mejor que me pasó en la vida.
–Y yo te amo a vos, corazoncito. Vos también sos lo mejor que me pasó en la vida.

El Profesor


martes, 1 de diciembre de 2009

Feliz Aniversario, Loli

Estábamos saliendo de la terminal de ómnibus y nos detuvimos esperando que el semáforo diera paso a los peatones. En ese momento levantó su carita y me miró, con una sonrisa que se dibujaba en sus labios y le brillaba en los ojos y que yo veía por primera vez en persona.
–¿Sabés qué? –dijo.
–¿Qué, Cushita?
–Sos mucho más lindo de lo que yo creí.
Es cierto. No me esperaba ese comentario.
–¿En serio, te parece? –le pregunté.
–Claro. En las fotos ya parecías lindo –dijo–, pero en la realidad sos hermoso.
Pasaron dos años desde que Lolita y yo mantuvimos ese diálogo en una soleada mañana de un sábado que auguraba ser caluroso en la ciudad de Córdoba.
Era un primer día de diciembre como éste (aproximadamente a la misma hora en que estoy escribiendo) y yo, como si estuviera viviendo un sueño, había viajado durante toda la noche y estaba al lado de esa jovencita adolescente que parecía más chiquita de lo que era.
No sé si alguna vez se lo dije, pero yo también sentí ansiedad y nerviosismo y ese revoltijo de emociones y sensaciones que se apropiaron de mí esa primera vez que tuve frente a mí a Lolita. En esa mañana de un primer día de diciembre como hoy, el cuerpo del hombre mayor era sólo la apariencia, porque el que estaba ahí, viviendo esos momentos inolvidables era el adolescente que fui. Lolita, perceptiva como es, lo descubrió detrás del aspecto.
Ese día soleado que no voy a olvidar, el adolescente convenció al hombre que no se había equivocado cuando tomó la decisión de viajar para conocer a esa chiquita sorprendente de quien, casi sin darse cuenta y como suele suceder con los sentimientos, empezaba a enamorarse.
No fue fácil, hoy lo confieso, convencer al hombre maduro de volver a percibir ese desconcierto que provocan las sensaciones y los sentimientos. Cuando se ha vivido muchos años, la realidad pesa mucho más que las ilusiones y la mente suele hacerle zancadillas al corazón diciéndole que no se puede, que no se debe, que es imposible, que no va a durar, que es una locura, que cuarenta y un años de diferencia son demasiados y que el precio de la insensatez es demasiado costoso.
Quizás sea cierto.
Pero no es menos cierto que cada instante de cada uno de los días que han transcurrido desde ese primero de diciembre de hace dos años, bien lo valen. Por lo menos para mí.
Tal vez haya sido la “química” que menciona Lolita, la que encendió la mecha de la pasión, esa calurosa mañana de hace dos años. Quizás, el hecho de haber nacido el mismo día además de ser una curiosa coincidencia, tenga que ver con la consustanciación de dos almas gemelas que se unieron alguna vez, en otro lugar y tiempo, para no separarse más. No lo sé.
Dijo una vez Edith Piaf que para una mujer el mejor y más inolvidable recuerdo, es el del primer beso. Ese primer día de diciembre, hace dos años, Lolita me hizo el inapreciable regalo que es ese primer beso de mujer. El beso que se da con los labios y con el que se entrega el corazón.
Gracias por ese primer beso y por dejar que te acariciara el corazón, Lolita. Gracias por tocar el mío con la varita mágica de tus ilusiones, transformadas en caricias, mimos y palabras.
¿Qué palabras se usan para agradecer dos años de vida? ¿Cómo se expresa lo que se siente cuando se recibe ese inesperado regalo con el cual a uno se le devuelven las ilusiones que creía perdidas para siempre?
Por hacerme ese regalo, Princesita, vaya este texto de homenaje y reconocimiento a tu persona y a estos dos años que compartimos viviendo cada minuto estando lejos o cerca físicamente, pero juntos en el corazón, unidos por nuestros sentimientos.
Quiero que tengas por seguro, querida mía, que sea lo que fuere que la vida nos tenga reservado, ya estás en mi corazón como yo en el tuyo.
El corazón de un hombre es el lugar en el cual el amor perdura, resguardado e inalterable, para siempre.
En especial, si es el definitivo. El último de su vida.

TE AMO, LOLI.
¡FELIZ ANIVERSARIO!

El Profesor