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martes, 15 de septiembre de 2009

¡Y tienen un blog!

A todos nuestros lectores, que nos siguen desde el inicio, desde enero, les pido me den su opinión y me digan lo que creen y lo que piensan al respecto.
Resulta que si escribimos acá nuestra historia de amor, nos denuncian por pedofilia. Pero si dos empresas explotan la imagen de la nenita pícara con todo lo de candor, inocencia, sensualidad, travesura y seducción propias de una Loli, eso es negocio... ¡Ah, no vale!
Piquen la imagen, por favor.



¡Me cacho en la sociedad de consumo! ¡Ufa!

El Profesor

domingo, 13 de septiembre de 2009

Les Petits Plaisirs

En agosto Geelbe –un club privado de compras por Internet–, en su lanzamiento de la semana, y con el slogan “Ropa para estar en casa”, ofrecía modelos como éste, tan sugestivos y seductores como inocentes.
Para quienes no lo conozcan, Geelbe es una organización de un grupo de jóvenes profesionales con el objetivo común de emprender negocios digitales sobre la base de la promoción y comercialización de productos de primeras marcas.





En este caso la marca es: Lolita – Les Petits Plaisirs.
Modelos como éstos pueden verse en la página web de la empresa o en su showroom, ubicado en Gurruchaga 779, nivel 3, de la ciudad de Buenos Aires, que se inauguró el 15 de junio pasado.
Eso sí, para ver la colección, hay que escribir a la dirección de correo electrónico, para recibir el nombre de usuario y la contraseña que permite acceder al sector.
Los modelitos, como ven, son encantadores.
¡Y dale con la moda Lolita!
Como nos lo sugirieron en un comentario anterior, cuando Loli regrese de su viaje, creo vamos a empezar a pensar seriamente en ofrecer espacios de publicidad, ¡qué tanto!

El Profesor



jueves, 3 de septiembre de 2009

Medias de Lolita

Acabábamos de encontrarnos en la estación terminal de ómnibus, en el último viaje de agosto.
Como siempre, luego de los abrazos, los besos y las sonrisas, nos tomamos de la mano y nos dirigimos a la cafetería en la que acostumbramos tomar el desayuno.
Nos sentamos, dejamos nuestros bolsos en una silla junto a nosotros, y nos quedamos esperando a que nos atendieran.
Hicimos nuestro pedido al mozo que se nos acercó, y mientras aguardábamos que llegara el pedido, el Profe sacó mis barritas de cereal (las trae en el bolso de mano), y después me dijo:
–Loli… te traje un regalito.
–¡Uy, Papi! ¿Qué es? ¿Qué me trajiste? –me entusiasman las sorpresas que me prepara.
Buscó en su valija, sacó un paquete envuelto en papel de regalo y me lo entregó.
Lo miré con una sonrisa y él me devolvió un gesto picarón. Cuando hace ese gesto con los ojitos y los labios es porque ha hecho alguna de las suyas. Y por lo general, es una travesura.
–Mmm... a ver qué será... –dije.
Rompí el envoltorio de colores y me encontré con algo suave… y rayado.
–¡Papi! ¡Medias de Lolita en serio!
–Para que te las pongas con esas chatitas negras... Son largas... podés usarlas con una minifalda. Te van a quedar hermosas, mi vida.
–¡Gracias, Papi! –le dije.
Me di cuenta que la gente de las mesas cercanas nos miraban con curiosidad, ya que yo había desplegado el par de medias largas arriba de la mesa y no dejaba de mirarlas y de mirarlo a él, sonriendo.
–¿Qué me merezco, Loli? –preguntó.
–Te merecés un beso enorme... ¡Así de grande! –contesté.
Me incorporé, fui hasta su silla, lo abracé del cuello y le di unos cuantos besos bien fuerte.
Cuando volví a mi lugar, la gente nos observaba con extrañeza. No era de lo más común que un padre le regalara a su hija unas medias rayadas en blanco y negro y que por eso la niña lo besara tanto.
En ese momento llegó el mozo con nuestros cafés y medialunas. Tuve que correr todo de la mesa para que pudiera apoyar la bandeja.
–Cuando las use con las chatitas, mi amor, me voy a sacar una foto y te la voy a mandar...
–Por favor –me dijo, mirándome a los ojos.
–Pero en estos días las voy a usar... supongo que querrás jugar con ellas y conmigo, ¿eh? –le pregunté, llevándome el dedito índice a la boca. Ese gesto de nenita traviesa que lo divierte y lo excita.
–Claro, Bebi, por algo las traje... es una fantasía que tenemos pendiente de realizar...
–¡Sos tremendo papi!
Sonrió y me sirvió el edulcorante, como suele hacer. Después, nos concentramos en el desayuno, porque ambos lo necesitábamos. Necesitábamos toda nuestra energía para después.



Así me quedan las medias “bucaneras” de Lolita. Las otras fotos, también con las medias, son exclusivas para nosotros dos.

Lolita

miércoles, 22 de abril de 2009

Lencería

A ver, imagínense la escena: sábado a la mañana, del mes de noviembre, en plena peatonal céntrica, gente que va y que viene entrando y saliendo de los negocios.
El Profe y yo, luego de un plácido desayuno en nuestra confitería preferida, caminando en busca de esa lencería donde él vio que yo vi un conjunto de corpiño y bombacha que me gustó.

Hasta que encontramos el local.
–Mirá, Loli... ahí está. ¿Era acá? –dijo, señalando el negocio.
–Sí, papi. Era acá.
–¿Era ese el conjunto que te gustaba?
–Sí... ése.
Me había gustado a primera vista. Corpiño push-up y coulotte, en blanco con motivos en rosa y la cara de una simpática vaquita.
Al profe también le había gustado, estoy segura. Trataba de imaginarme su cara cuando me lo viera puesto.
–Dale, vamos... –dijo, tomándome de la mano.
Entramos al local, esquivando maniquíes ataviados.
–Buenassss... –dijo, y fue suficiente para que se acercara la vendedora, sonriendo de oreja a oreja.
–¿Sí? –preguntó, solícita–. ¿Qué necesitás? –dirigiéndose a mí.
–¿Vio el conjunto de la vaquita que está en vidriera? –la interrumpió.
–Sí, claro... ¡Ejem! A ver... ¡Ejem! ¿Qué talle? –preguntó ella, tratando de recobrar la compostura.
–Como para mí –dijo el Profe, con absoluta seriedad–. Tenga en cuenta que tengo las caderas un poco anchas, así que el coulotte tiene que ser un talle más grande...
–Ejjjj... Ejjj... –la vendedora, sin saber qué decirle.
–Jajajaj –yo, dándome vuelta para que no me viera reír.
–Bueno, bueno, muchacha... si no hay como para mí, a ver si me encuentra uno como para ella –dijo, señalándome, tan campante, sin reírse y con modales exquisitos.
(Eso es lo que me causa más gracia. Es capaz de hacer algo así y mantener la presencia).
–Je je... –la vendedora–. Vos tenés un... –y un minuto después me entregó la cajita con el conjuntito. –Pasá por el probador cinco...
(...)
–¡Paaaaaaapi! –yo, desde el interior del probador, descalza y vestida sólo con el conjunto de la vaquita, llamándolo para que viniera a ver si me quedaba bien.
–¿Qué pasa, mi niña?
–Vení a ver si te gusta... –le dije, tapada con la cortina, asomando la cara.
Y él que enfila derecho hacia donde estoy yo.
–¡Señor! ¡Señor! –la voz de la vendedora a sus espaldas.
–¿Me habla a mí? –preguntó el Profe, señalándose con el dedo índice.
–¡Sí! ¡A usted! ¿No vio el cartel? –la vendedora, con cara de pocos amigos.
–¿Qué cartel? –preguntó él, con ese tonito de niño inocente que hace que me den ganas de besarlo.
–¡Ese! –dijo, señalando un letrero que decía: “Prohibido acercarse a los probadores”.
Entonces el Profe se acercó al cartel y, con toda parsimonia, abrió el estuche de los anteojos que llevaba en la mano, se quitó los que llevaba puestos, se puso los que habían estado en el estuche, guardó en el estuche los que se había sacado y miró el cartel.
–¡Oh! Sepa usted disculparme, muchachita –le dijo–. Es que no lo vi porque no llevaba mis anteojos de leer.
–Ejjj Ejjjj... –la vendedora.
–¡Jajajaj! –Yo, adentro del probador, imaginándome la cara de la pobre chica.
(...)
–¡Papi! –le dije, cuando salíamos del negocio–. ¿Cómo hacés algo así?
–¿Algo como qué, Loli? –aunque a veces parece serio, yo aprendí a darme cuenta que se ríe con esos ojitos mansos que tiene.
–¡Estás loquito, Papi!
–Nuuu –me contestó, rodeándome la cintura con su brazo, enfrentándose a mí y estampándome un beso en plena peatonal–. Zoy tdaviezo.
Cuando El Profe hace cosas como ésta, me dan ganas de comérmelo con papitas, batatitas, morrones y una manzana en la boca.

Lolita
PD: Cuando conocí a sus tres hijas, entendí porqué el Profe es tan desenfadado.