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miércoles, 13 de enero de 2010

Delirio

Deliro, ¿sabías..? En noches de verano como ésta me asalta el deseo de hacerte el amor. De acariciar tu torso desnudo y de besar cada uno de tus rincones. Me consume el deseo de impregnar mi nariz de tu exquisito aroma, de ese perfume que siempre llevás en la piel...
Tengo ganas de llegar hasta tus labios y besarte con toda mi pasión. Ganas de bailar un tema lento con vos... Como aquel día. Sin que la tela se interponga entre la piel, para aprovechar cada movimiento y sentir tu cuerpo, tus curvas, tus relieves... y tu cola.
Ganas de perder mis labios en tu cuello y sorberme tu olor y tu sudor, y despeinarte con mis dedos.
De acercarme tanto a tus labios que puedas sentir mi respiración. Acercarme y tentarte para que me beses con toda la boca, desplegando toda esa pasión que conocí con vos.
En noches como esta me atrapa el delirio, te lo juro.
Delirio de tener tu cuerpo en mis manos y sentir tu piel fresca. De tener tus labios cerca de los míos. Delirio de sentir que me hagas tuya y yo hacerte mío una vez más.
¿Sabés qué pienso a veces, mi amor?
Que somos el uno para el otro.
Irremediablemente.
Y que no hay vuelta atrás.
Porque en todos los aspectos, nos complementamos, nos presentimos, nos adivinamos y nos escuchamos pese a la distancia, y me estremece sentirlo cuando me entrego a tu abrazo. Porque siento más fuerte esa unión, en la que te apoderás de mí y yo te recibo y te hago un poco más mío.
Te amo, mi querido, mi hombre, mi amante, mi amigo, mi compañero, mi consejero, mi cómplice.
No sabés qué ganas tengo que llegue ese día tan cercano... para poder abandonarme a este delirio, mi amor...
(...)
–Loli...
–¿Qué, mi cielo?
–Sólo faltan nueve días.
–¿Vas a ponerte los jeans para ir a esperarme?
–Si vos querés, claro.
–¡Ay, mi Dios!
–¿Qué pasa, Loli?


–Deliro, en esta noche de verano, de sólo pensar cómo voy a hacer que te los saques...

Lolita
Foto: © by Guenter Hagedorn

jueves, 7 de enero de 2010

Mi Maja

–Loli... ¿te acordás cuando fuiste al Prado?
–Sí, mi amor.
(...)
–Mmmm... ¡Mi vida!
–¿Te acordás de la sala de Goya?
–Mmmm... sí, me acuerdo... ¡Uhhh..!
(...)
–¡Mhhhh! ¡Ohhh! ¡Papi!
–¿Te acordás de la Maja?
–¡Mmmm..! ¿Cuál? ¿La vestida o... Mhhh... la desnuda? ¡Ohhh!
(...)
–¡Uyyy..! Mmmm... ¿Cuál, mi vida? ¿Cuál?
¡Ay, mi cielo!
Añadir imagen
–La Maja D
esnuda...
–Mmmm... Síii... ¡Mhhh! ¡Sí, sí, sí!
–¿Sabés?
(...)
–Mmm... ¿q-qué? ¡Ayyy!
–Vos sos mi maja...
–¡Mhhh! ¡Ay, mi amor!
–Pero como yo no soy Goya, y no sé pintar...
–No... ¡Mmm..! ¡Uyyy!
–Entonces...
–Mmmm... ¡Ahh!
–... te voy
–Mmmhhh... ¿Me vás..? ¡Ohhh!
(...)
–¡Mhhh! ¿Me vas a qué, mi cielo? ¡Mhhh..! ¿A qué?
–Entonces, te voy a escribir...

El Profesor
Imagen: La maja desnuda, Francisco de Goya, óleo sobre lienzo, Museo del Prado.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Ventilando Intimidades

Las preguntas que quedaron pendientes de respuesta:
¿Cómo hizo la mamá de Loli –una ignorante con título en temas de Internet–, para enterarse de la existencia de nuestro blog?
¿De qué manera pudo entrar a Intimidades de Lolita & El Profesor, para leer lo que habíamos escrito y regocijarse por anticipado creyendo, en su afiebrada imaginación, que lo que allí encontrara serviría de prueba para mandarme al Penal de Ushuaia, aunque ya no existe?



¿Cómo hizo para ingresar? Si ese blog ya lo habíamos modificado para que sólo entraran invitados con autorización expresa otorgada por nosotros?
¿Fueron las miles de llamadas de madres de familia que la alertaron?
¿Alguna de esas honorables matronas le pasó el link?
¿Y cuál fue la que le dio el pase libre para leer en un blog que era sólo para visitas?
Del análisis que hicimos, Lolita y yo, pudimos concluir que hubo un Judas que nos escribió haciéndose pasar por otro y luego le dio la posibilidad a la madre de Loli, para que entrara a leer. Al fin de cuentas, no es una operación de inteligencia de la CIA. Basta con hacerse pasar por otro, cambiar un poco la forma de escribir, hacerse la amiguita y ya está. Como en la realidad, vamos.
De quienes solicitaron autorización –que no eran muchas–, quedaron cuatro candidatas para ostentar el nombre de Judas, aunque creemos saber cuál de esas cuatro fue. A la responsable, ni la Virgen de Luján la va a salvar de esa forma que tiene la vida de devolver las maldades adrede. Quizás nunca nos enteremos, y no nos interesa. Es y será su problema.
Ahora bien, yendo al principio, nos hacemos una pregunta: ¿cuál fue el Ángel que le sopló al oído a esta señora, que teníamos un blog?
¿Por qué razón ese Ángel haría una cosa así? ¿Para poner Luz en la oscuridad de la ignorancia de una madre argentina de valores morales intachables respecto del camino de corrupción que estaba transitando su hija? ¿Ese Ángel tenía algún interés en especial?
Son tan complejas las conductas de las personas, que a veces cuesta comprender por qué hacen ciertas cosas. Por ejemplo: alguien que tiene todo lo material que se puede desear, pero necesita quedarse con lo de los demás. Porque la envidia es así: no importa cuánto tiene uno, sino lo que tiene el otro, por pequeño que sea.
Como decía un profesor que tuve hace mucho tiempo: "el ejemplo, siempre clarifica". De manera que picando el nombre del Ángel, podrán hacerse una idea de la catadura moral de alguien que hace este tipo de cosas. Porque no contenta con plagiar, tuvieron que expulsarla de ese foro por intrigar, mentir, sembrar la discordia e injuriar desde el anonimato a los directivos, que fueron en extremo tolerantes con ella cuando descubrieron los plagios.
Dicho sea de paso, tenemos suficientes razones para pensar que fue el mismo Ángel que hizo la denuncia anónima en Tele Nueve, de que nuestro blog era un lugar de reclutamiento de pedófilos.
Es justo agradecerle el favor. Sí, el favor, porque lo único que consiguió es que tuviéramos más de veinte mil visitas en dos días. De esas visitas, quedaron varios lectores nuevos que nos siguen, y a los que les agradecemos que nos visiten y se interesen por la historia de nuestra relación.
Como sea, este Ángel de Luz se las ingenió para “hacerse amiga” de la hermana de Lolita en Facebook, y aprovechó para destilar todo el veneno posible.
La hermana de Loli, ni corta ni perezosa, no perdió la oportunidad para darle con un caño, tal como viene haciendo desde hace mucho tiempo. De modo que entre el Ángel, la hermana de Loli y la madre se formó una cadena de mentiras, verdades retorcidas o a medias y mucho, pero mucho veneno.
Nos habíamos planteado, ya hace bastante tiempo, si era conveniente seguir con Intimidades. No porque nos diera vergüenza o porque hubiera algo reprobable. A nuestro juicio en nuestro "rincón guarro" se contaba la misma historia de amor, pero mirada desde otro punto de vista. El del amor físico, la pasión manifestada a través de la sexualidad. Admitimos, no obstante, que la intimidad de la pareja, así como sus fantasías, tiene que quedar circunscripta a la pareja, por más literario que sea el relato.
De manera que esos post van a quedar para nosotros, como un hermoso recuerdo de nuestra pasión desplegada que quizás, en ese momento, necesitaba ser contada.
A todos los que nos leyeron mientras era un espacio público y abierto y disfrutaron de nuestras historias o fantasías “picantes”, les agradecemos sus comentarios y su apoyo.
Al “Ángel” de Luz ¿qué podemos decirle? Quizás que se parece más a uno de esos “Ángeles caídos”, los que por soberbia, envidia e ira, tuvieron que irse del cielo.
A la hermana de Lolita... ¡Qué pena! Tan joven y tan retorcida, tan hipócrita y embrollona, tan de tirar la piedra y esconder la mano y de atacar por la espalda, como los traidores o los inseguros, esos que no pueden estar un minuto solos, porque necesitan que alguien esté apuntalándole una personalidad que se cae a pedazos. De continuar por este camino, creo que se va a llenar de cosas –porque comprando mitiga su angustia existencial–, pero me parece bastante difícil que consiga ni una chispita de felicidad genuina en toda su vida.
Como su amiga Ángel, del Facebook, está condenada a la insatisfacción, a la desdicha, al padecimiento y a no tener la certeza de que el hombre que tiene al lado la ama por lo que es y no por lo que tiene o por lo que busca.
¿Y a la madre de Lolita?
Lo siento por ella. No debe ser agradable cargar con tanta tortura, con tanta mala leche y con tanta patología todos y cada uno de los días de su vida.

El Profesor

PD: El martes, el fin del relato de estos hechos, con lo sucedido en el “espacio psicoanalítico” de Loli.

Foto: Evgeny Janush


jueves, 3 de septiembre de 2009

Medias de Lolita

Acabábamos de encontrarnos en la estación terminal de ómnibus, en el último viaje de agosto.
Como siempre, luego de los abrazos, los besos y las sonrisas, nos tomamos de la mano y nos dirigimos a la cafetería en la que acostumbramos tomar el desayuno.
Nos sentamos, dejamos nuestros bolsos en una silla junto a nosotros, y nos quedamos esperando a que nos atendieran.
Hicimos nuestro pedido al mozo que se nos acercó, y mientras aguardábamos que llegara el pedido, el Profe sacó mis barritas de cereal (las trae en el bolso de mano), y después me dijo:
–Loli… te traje un regalito.
–¡Uy, Papi! ¿Qué es? ¿Qué me trajiste? –me entusiasman las sorpresas que me prepara.
Buscó en su valija, sacó un paquete envuelto en papel de regalo y me lo entregó.
Lo miré con una sonrisa y él me devolvió un gesto picarón. Cuando hace ese gesto con los ojitos y los labios es porque ha hecho alguna de las suyas. Y por lo general, es una travesura.
–Mmm... a ver qué será... –dije.
Rompí el envoltorio de colores y me encontré con algo suave… y rayado.
–¡Papi! ¡Medias de Lolita en serio!
–Para que te las pongas con esas chatitas negras... Son largas... podés usarlas con una minifalda. Te van a quedar hermosas, mi vida.
–¡Gracias, Papi! –le dije.
Me di cuenta que la gente de las mesas cercanas nos miraban con curiosidad, ya que yo había desplegado el par de medias largas arriba de la mesa y no dejaba de mirarlas y de mirarlo a él, sonriendo.
–¿Qué me merezco, Loli? –preguntó.
–Te merecés un beso enorme... ¡Así de grande! –contesté.
Me incorporé, fui hasta su silla, lo abracé del cuello y le di unos cuantos besos bien fuerte.
Cuando volví a mi lugar, la gente nos observaba con extrañeza. No era de lo más común que un padre le regalara a su hija unas medias rayadas en blanco y negro y que por eso la niña lo besara tanto.
En ese momento llegó el mozo con nuestros cafés y medialunas. Tuve que correr todo de la mesa para que pudiera apoyar la bandeja.
–Cuando las use con las chatitas, mi amor, me voy a sacar una foto y te la voy a mandar...
–Por favor –me dijo, mirándome a los ojos.
–Pero en estos días las voy a usar... supongo que querrás jugar con ellas y conmigo, ¿eh? –le pregunté, llevándome el dedito índice a la boca. Ese gesto de nenita traviesa que lo divierte y lo excita.
–Claro, Bebi, por algo las traje... es una fantasía que tenemos pendiente de realizar...
–¡Sos tremendo papi!
Sonrió y me sirvió el edulcorante, como suele hacer. Después, nos concentramos en el desayuno, porque ambos lo necesitábamos. Necesitábamos toda nuestra energía para después.



Así me quedan las medias “bucaneras” de Lolita. Las otras fotos, también con las medias, son exclusivas para nosotros dos.

Lolita

viernes, 22 de mayo de 2009

Teté y María Pía


Como lo anticipó Lolita en el anterior post, el día que fuimos a ver “Nunca es tarde para amar” (Wolke Neun), cuando por fin pudimos entrar a la sala, los únicos espectadores éramos: nosotros, una señora sola que se ubicó detrás nuestro y un poco más arriba, y una pareja bastante mayor –quizás un matrimonio–, que llamó nuestra atención por la forma de tratarse, estar tomados de la mano sentados y secretear, con esa actitud enternecedora de complicidad de las parejas que compartieron en la vida lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, disfrutando de los momentos gratos y sin esquivarle el bulto a los difíciles, comprendiéndose y apoyándose.
Y también, unos minutos antes que se apagaran las luces, aparecieron tomadas del brazo y buscando una ubicación, Teté y María Pía.
Bueno... en realidad no sabemos, con Loli, si se llamaban así. Quien les atribuyó esos nombres –repaquetísimos y apropiados para las dos “señoras bien” de Belgrano o Barrio Norte–, fue mi imaginación. Eligieron la fila de asientos anterior a la nuestra y se sentaron, conversando en voz baja de sus cosas, con esa forma tan peculiar de hablar como si tuvieran una papa en la boca.
Por su aspecto, podían ser madre e hija saliendo a compartir el cine, o tía y sobrina, o suegra y nuera. Bueno, suegra y nuera me parece más difícil, pero es posible, ¿por qué no?
Recuerdo que en ese momento pensé “Mmm... me parece que se equivocaron de película, chicas. Se van a llevar una sorpresa...”
¿Por qué pensé eso? Porque que soy observador –de niño debí haber sido insoportable, mirando a la gente a mi alrededor con esa actitud desenfadada propia de la curiosidad–, y a veces “juego” con eso de ponerle nombres a las personas e imaginármelas en la privacidad o tratar de prever las reacciones que tendrán frente a determinados estímulos.
La película que estábamos a punto de ver –por los comentarios de la cartelera–, es en esencia una película de amores y desamores, pero con un componente nada usual: el sexo.
Y no hablo de sexo al estilo de una “porno”, claro. Pero sí con la exhibición de cuerpos desnudos y las escenas en las que los protagonistas deben interpretar un orgasmo. En este caso, peor aún, ya que los cuerpos desnudos no son esculturales y perfectos, sino los de una mujer de sesenta y cinco años (Ursula Werner), con rollitos y con todo aquello que tiende a caer con el transcurso del tiempo en la etapa de la senectud; y el de un hombre de setenta y seis (Horst Westphal), que aparece como lo que es, un anciano, con el aspecto que tiene un hombre de su edad.
El hecho que aparezcan desnudos –reflexiono–, es parte de la trama y según mi criterio estético, está muy lejos de la obscenidad. Sólo un prejuicioso o una mente enferma puede calificar así las escenas de intimidad de esos dos viejitos que se enamoran en el otoño de su vida.
Aunque no me gustan para nada los juicios de valor, sólo alguien que no puede tolerar verse en ese “espejo” que es el filme, puede sentirse molesto o disgustado.
De ahí la diferencia entre la actitud del matrimonio (o pareja, o lo que fuere) que mencioné al principio, y la de Teté y María Pía (o como fuera que se llamaran) que empezaron a removerse, con visible incomodidad, cuando los protagonistas iniciaron el rito de desvestirse.
Ni les cuento el gemido casi doliente que emitieron a dúo Teté y María Pía cuando Úrsula Werner, a caballito de Horst Westphal, actúa un orgasmo creíble y estéticamente bello.
Tampoco sé cómo aguantaron hasta la próxima escena íntima. Dado que no quería perderme ni el argumento, ni las imágenes ni los diálogos, no pude prestarles mucha atención a esas dos mujeres sentadas en la fila anterior a la nuestra, pero creo recordar que María Pía le hablaba al oído a Teté y Teté le contestaba de la misma manera a María Pía.
Me imagino este diálogo, cuchicheado y apenas audible para no molestar:

–¡Pero esta película es un asco, nena!
–Decía que era de amor, mamá... ¿a vos te parece?
–¿Cómo van a mostrar esto en la pantalla?
–Vos sabés cómo son los alemanes, mamá. No les interesa nada de nada... ni la moral, ni la familia.
–¿Será toda la película así?
–No sé...
–¡Ni pienso quedarme acá sentada viendo esta asquerosidad!

No sé si el diálogo fue así, pero la actitud fue consecuente con ese discurso de “moral y buenas costumbres”, porque cuando comenzaba la siguiente escena donde los protagonistas aparecen desnudos, Teté y María Pía –ofendidísimas las dos–, se levantaron y, cuidando de no errarle al escalón (como uno que yo conozco en el cine de Córdoba), se retiraron dando bufidos.
–Estaba seguro que no aguantaban –le susurré a Lolita.
–¿Qué no aguantaban la película? –murmuró ella.
–Mhhh-hhh –contesté–. Después te explico.
Y seguimos mirando esa bella obra cinematográfica, pletórica de humanidad.
Cuando terminó la película, y mientras bajábamos los tres tramos de escalera que antes habíamos subido, le expliqué porqué estaba seguro que no iban a aguantarse hasta el final, Teté y María Pía.
Porque quizás no toleraron verse en ese espejo de la propia vida que a veces es el cine, y en especial cuando la película es profunda y aborda temas de esos “de los que mejor no hablar”. O porque quizás Teté era viuda o separada hace mucho tiempo y ver a una mujer de su edad disfrutando del sexo, le removió cosas en su interior que creía que ya no iba a volver a sentir: recuerdos, sensaciones, vergüenzas... ¡vaya uno a saber!
También puede ser que, dado que ambas tenían el aspecto de ser “señoras de su casa”, con “familias constituidas sobre la base de valores morales”, les resultaba intolerable mirar de frente situaciones en las que, a veces, nos involucra la vida y como madre e hija –si es que lo eran–, les daba vergüenza, porque inferían que a la otra le daba pudor lo que miraban.
Recuerdo que alguna vez tocamos el tema de lo difícil que resulta imaginarnos a nuestros padres teniendo sexo. Quizás en Teté y María Pía (o como se llamaran) encontré una clave para comprender, por ejemplo, la actitud de mis hijos, respecto de mi relación con Lolita.
Y es que la juventud de Loli quizás sea el símbolo y, al mismo tiempo, el detonante en la mente de ellos, que su papá todavía, además de enamorarse, pueda hacer lo que ellos hacen y creen –de manera equivocada–, que los adultos del Jurásico dejamos de hacer hace mucho tiempo. No sé, es mi reflexión. Espero que se haya entendido.
Como sea, mientras caminábamos mirando vidrieras, con Loli nos fuimos haciendo una película propia acerca de Teté y María Pía. Y como cada vez que imaginamos algo, no sólo nos reímos con ganas, sino que tratamos de encontrarle el lado positivo a la cosa, el aprendizaje que nunca termina en esta vida.
La película, claro está, la recomendamos para aquellos a quienes les guste el cine y las historias románticas. Que no es otra cosa: una historia de amor, la eterna tragicomedia de nuestra existencia.
¡Ah! ¡Casi lo olvido! La pareja mayor (o matrimonio) que mencioné al principio, salieron hablando entre ellos, tomados de la mano... como Lolita y yo.
¡Unos tiernos, los viejitos esos!

El Profesor

Foto: Escena de la película.

jueves, 23 de abril de 2009

Abstraída

Mensaje de SMS: “Te mando muchos besitos traviesos, por abajo del banco de la facu, de esos que entran por la botamanga del pantalón y se deslizan por el borde de la bombachita y te hacen cosquillitas que te erizan toda la piel, como cuando te los doy en las orejitas o en el cuellito. Que pases un buen día provechoso, Loli. Papi.”

–¡Ay, papiiii!
–¿Qué, Princesita?
–¡Ayyyy! No me hagas eso... Nonono-noo
–¿Por qué, mi vida?
–Mirá... Mirá cómo se me pone la piel...



–¡Ay, Loli! Te erizaste toda...
–Shi... she me pone la piel de gashina...
–Entonces te doy más besitos en las orejitas y el cueshito...
–Nuuu papiiii... Nuuu... ( ...)

( ... )

–Che... ¿Qué dijo la profesora de la oferta y la demanda?
–¿Eh..? ¿Eh..?
–¿No escuchaste?
–No, no... ¿Qué dijo?
–Mirá que era importante. Yo no llegué a copiar porque habla muy rápido, la vieja ésta.
–¿Dijo que estaba en los apuntes?
–No, en el libro. ¿Lo tenés?
–Sí, lo compré. Después lo estudio, cuando llegue a mi casa.
–¿En qué pensabas?
–En nada, ¿por qué?
–Porque es raro en vos. Siempre estás atenta. ¿Te pasa algo?
–No, para nada. Estaba abstraída en otra cosa...

Lolita

Foto: © Claudio Rossi

martes, 3 de marzo de 2009

Secretos de Lolita

Estas son algunas de las cosas que quizás deberían conocer de mí
(incluido vos, mi amor, te enterarás de algunas que quizás ignorabas...), a saber

1- No me gusta y me cuesta mucho bajar a la realidad porque es allí donde mi corazón enamorado descubre que la vida es difícil, que todo cuesta más de lo que uno imaginó, que existe la pérdida, la enfermedad y la muerte.
2- Puedo pasar varias horas preparando esas tarjetas gigantes de cartulina todas llenas de stickers para regalarle a mi profe.
3- Intento seducirlo todo el tiempo con esas polleritas cortas y cadenitas en los tobillos; con shorcitos y ese rico perfume que sé que le excita.
4- Por lo general cuido mi cuerpo y estado físico, pero cuando estoy con mi profe nada mejor que un gran lomito de pollo con papas fritas, aunque eso si: tanto él como yo, Coca Cola Light.
5- Todas las noches rezo para que me permitan tenerlo a mi lado cada día, cada tarde y cada noche.
6- Me siento muy orgullosa de ser la noviecita de un hombre así. Cada día lo admiro más.
7- Soy muy sensible. Lloro a veces, en especial cuando alguien ofende a mi amor o cuando mi mamá me genera ese sentimiento mezcla de pena y rechazo por ser como es y por no comprender mis auténticos sentimientos.
8- Me siento en otro mundo cuando estoy con mi profe. Es como si estuviera en una burbuja donde sólo existimos él y yo.
9- Cuando una canción me resulta romántica, puedo llegar a escucharla una y otra y otra vez por el simple hecho de que me recuerda a él y me hace sentirlo más cerquita.
10- Cuando mi profe no me ve, agarro sus remeras o camisas y no dejo de aspirar su perfume porque llevan el aroma agradable de su piel.

Lolita

Foto: © Sir Francisc

miércoles, 11 de febrero de 2009

El buen amor con un hombre mayor

Para vivir un buen amor con un hombre mayor, una Lolita debe tener en cuenta que:

1- No hay que cansarse de decirle todo lo que te pasa por el corazón, todas las cosas bonitas que te hace sentir y las emociones fuertes que experimentas a su lado. Ellos quieren escuchar palabras agradables y sentir tus gestos de cariño.

2- Tener paciencia ante su tristeza, sus desilusiones y frustraciones, o cuando experimentan una sensación rara y difícil de explicar. Son cosas de la edad. A veces piensan en su vida, sus años y en qué les deparará el futuro y se ponen melancólicos.

3- A un hombre mayor hay que besarlo, acariciarlo, bañarlo, llevarlo de la mano, abrazarlo y expresarle mediante el contacto físico todo lo que lo deseas y lo amas.

4- Prepararle regalitos simples y significativos, escribirle cartas de amor y dejarle pequeñas notitas románticas por toda la casa. De vez en cuando regalarle un peluche o un libro de historias. Si aún conserva su alma de niño, le encantará vivir un amor adolescente y apasionado.

5- Hacer muchas travesuras que sabes que le gustan, ponerte la ropita que lo enloquece y pintarte las uñas de los pies y la boquita para salir.

6- Jamás avergonzarse de ir con él por la calle como dos enamorados, sentarse en sus rodillas en el colectivo o dejar que te presente a sus hijas mayores y a sus nietas. Si el amor es verdadero está más allá de la verguenza y del qué dirán.

7- Homenajearlo, servirlo, estar atenta a sus necesidades. En su pasado seguramente cuidó y se ocupó de mucha gente. Merece entregarse a nuestros cuidados y atenciones de mujer.

8- No ocultarle cosas ni mentirle sobre situaciones pasadas o presentes. El amor, con un hombre maduro, se basa en la confianza absoluta y crece cuando ésta se afianza.

9- Alentarlo y ayudarlo a que exprese sus sentimientos y estados de ánimo. No permitir que pase broncas o tristezas sin decirlo. Sentarse en sus rodillas y preguntarle con voz de ternura qué le pasa, por qué se siente así, es el mejor remedio.

10- Agradecerle todo lo que hace por ti, lo feliz que te sientes a su lado.


Lolita


Foto: © by Massimiliano Uccelletti

viernes, 6 de febrero de 2009

Pañuelos blancos de seda

Cuando a Lolita se le da por ponerse traviesa, no valen las explicaciones ni las excusas, porque no entiende razones.
Hay ocasiones en las cuales se le da por jugar con pañuelos de seda.
Tiene una considerable cantidad de pañuelos de seda blancos, y sabe usarlos.





Se los pone en el cuello, se acaricia con la seda, se los pasa por el cuerpo, me guiña un ojo y me hace una seña que yo entiendo. Y ella sabe que yo sé qué es lo que quiere.
Sabe que mi inconsciente asocia blanco con virginidad. Seda con sensualidad. Roce con caricia. Pañuelo con nudo.
Cuando Lolita saca de su cajón los pañuelos blancos, quiere que juguemos a que se siente a merced de un Señor Malo que le hace cosas y ella no puede resistirse, porque está atada, y sometida a los caprichos de un desconocido que hace que pierda la sensatez y la cordura y la lleva al límite de la desmesura.
Una de las condiciones para amar a una Lolita es tener la creatividad de un niño, para jugar sus juegos.
Sí.
Quienes suponen, están en lo cierto.
Está acá, detrás de mí.
Lo único que lleva sobre la piel, es un pañuelo de seda blanco.
Ya no puedo seguir escribiendo... ella me reclama.


El Profesor

Foto: Franz Sauer