Era una fría (pero muy, muy fría) tarde del mes de julio. Tal vez se acuerden de esa tarde extremadamente fría de hace casi dos años. Estaba sentada frente a mi computadora con una taza de café caliente que bebía de a sorbos mientras revisaba mi correo electrónico.
Hacía poco había conocido a un hombre mucho mayor que yo, al que, de pronto, y casi sin darme cuenta, empecé a contarle mis cosas y él algunas de las suyas, aunque me leía más de lo que escribía. Me gustaba porque mostraba interés por mí y al mismo tiempo me alentaba, me decía cosas cariñosas y estaba siempre dispuesto a leer mis mensajes o dedicarme un tiempo para chatear.
Confieso que su manera de ser me atraía, su inteligencia me deslumbraba y me pasaba todo el tiempo pensando en él, a pesar de que no lo conocía en persona.
Pero ese día, al ver que entre mis mensajes nuevos tenía un correo con su nombre, me embriagó una emoción inexplicable. Me apuré a leerlo y sin duda, la frase que gestó en mi corazón la semillita del amor y ese revoloteo de mariposas en la pancita fue:
Hacía poco había conocido a un hombre mucho mayor que yo, al que, de pronto, y casi sin darme cuenta, empecé a contarle mis cosas y él algunas de las suyas, aunque me leía más de lo que escribía. Me gustaba porque mostraba interés por mí y al mismo tiempo me alentaba, me decía cosas cariñosas y estaba siempre dispuesto a leer mis mensajes o dedicarme un tiempo para chatear.
Confieso que su manera de ser me atraía, su inteligencia me deslumbraba y me pasaba todo el tiempo pensando en él, a pesar de que no lo conocía en persona.
Pero ese día, al ver que entre mis mensajes nuevos tenía un correo con su nombre, me embriagó una emoción inexplicable. Me apuré a leerlo y sin duda, la frase que gestó en mi corazón la semillita del amor y ese revoloteo de mariposas en la pancita fue:

“Un besito con bufanda y gorrito,
porque hace mucho frío…”
Si antes dudaba si me estaba enamorando de este hombre cuarenta años mayor, ahora ya no me quedaba ninguna duda: ese corazón tan tierno ya se había adueñado del mío.
Había comenzado a amarlo y todas mis fantasías adolescentes giraban en torno a él.
Ese día de invierno, descubrí quién era yo...
Lolita
Casi que vivo el momento, no soy tan lolita pero si tengo a mi profesor.
ResponderEliminarGracias por compartir su historia y por haberse detenido a leer mis sueños de luna.
Besos dulces a ambos...
Demasiado interesante tu texto.
ResponderEliminarAdemàs de la foto muy buena.
Felicidades.
Bonita descripcion de tu encuentro de Lolita.
ResponderEliminarUn besito.
Hola Lolita!
ResponderEliminarGracias por tu visita!!
Volvere a leer todo tu blog...pero lo q vi me gusto...asi q me quedo.
Siempre me han atraido los hombres mayores...por su experiencia, porq saben tratar a una mujer...ahh...te entiendo...
Besos!!
hola! gracias por pasar, muy lindo blog, pasaré seguido con gusto.
ResponderEliminarSaludos!
Y a abrigarse mucho mucho, que no hay nada mejor que el abrazo de quien se ama :)
ResponderEliminarClaro, ahora me explico el éxito de mis besos
ResponderEliminar(jajajaja)
Besos desnudos de abrigo
Me quito el sombrero.Que gran descubrimiento Lolita!
ResponderEliminarDulce, dulce como los caramelos de miel, así sos Lolita.
ResponderEliminarPrecioso escrito así también como la imagen.
Besos linda.:-)
Gracias Adrianina por el el elogio...!
ResponderEliminarSi me vieras... ¡Me hiciste poner colorada!
Besos con gustito a miel. :)
Lolita