Me parece que ya conté que una de las cosas que me gustan del Profe, es que tiene muy buen gusto para vestirse. Usa bermuditas en verano y unos pantaloncitos claritos con remeras haciendo juego, y también jeans que le quedan muy bien. Yo le digo que es muy “cheto”, y me mira y se ríe.
La primera vez que vino en invierno, el año pasado, cuando lo vi bajar del micro casi me muero: había viajado con jeans, camisa, un suéter azul con rombos –tiene una colección de pulloveres, todos muy lindos–, y una camperita con cuellito de pana como esas que se usan en el campo.
Como le dije que estaba muy lindo –siempre que puedo le digo que es muy lindo, porque lo acostumbré a los mimos–, me preguntó si me gustaba la campera.
–Te queda hermosha, papi –le dije.
–¿Te gustaría una así para vos, cuando llegue el invierno?
–¡Shiiii! –le contesté, y me colgué de su cuello.
Después me olvidé de la camperita, pero él no.
Así que cuando viajé para pasar juntos nuestro cumpleaños, el día que volvíamos de almorzar y antes de llevarme a conocer el primer hotel alojamiento que conocí, de pronto me me agarró de la mano para cruzar la calle. No sé qué calle era, pero quedaba cerca de su casa.
–Vení, Loli. Quiero hacer algo –me dijo.
–Pero... ¿no íbamos a ir al...?
–Shhh... queda de paso –me interrumpió.
Cruzamos la calle y se detuvo frente a un local muy lindo de ropa de cuero y para el campo: botas, alpargatas y sandalias de carpincho, pañuelos para el cuello, cinturones, carteras, camisas de muy buen gusto y... las camperitas.
–Vamos a comprar tu regalo de cumpleaños –me dijo.
Pero cuando íbamos a entrar, nos dimos cuenta que había un cartelito en la puerta que decía: “Cerrado por vacaciones a partir del...” ¡Justo habían cerrado un día antes! ¡Ufa!
–Bueno, mi cielo, me parece que acabás de hacerte acreedora a dos regalos de cumpleaños –dijo y me dio un besito.
Así que cuando salimos de nuestra primera visita al hotel alojamiento, y como él sabía que me quedaba poco perfume del que me había regalado, entramos a un local y me compró uno nuevo, distinto. Ahora tengo todavía del que me quedaba poco y el nuevo.
Aunque me había quedado sin mi camperita. O al menos eso creía yo.
Porque el día que nos encontramos para nuestras mini-vacaciones, cuando bajó del micro y antes de retirar el equipaje, me pidió que tuviera la bolsa que había traído en el viaje. Adentro –lo vi–, había un paquete envuelto en papel de regalo.
–¿Qué hay adentro de la bolsa, papi? –le pregunté unos minutos después, cuando estábamos sentados en la confitería, esperando que nos trajeran el desayuno, antes de tomar el micro.
–Ah, eso. ¡Me olvidé! –dijo, con esa sonrisa pícara que pone a veces–. Era para vos, Loli.
Me encanta que haga un rito con sorpresa cuando me regala algo, así que abrí el paquete y ahí estaba, mi camperita para el invierno, parecida a la suya, pero de color verde, con cuellito de pana, muy abrigada y que no pesa nada, porque el Profe sabe que no me gusta el invierno y que padezco el frío, pero que no me gusta ponerme abrigos pesados.
Después, cuando llegamos al hotel, me dio otro regalo sorpresa: un suéter de cardigan inglés que había sido de él y que le habían achicado lavándolo con agua caliente, que tiene su perfumito. Reservo el cardigan para cuando haga más frío, para usarlo en casa porque me queda un poquito grande.
Yo le conté que cuando más sufro el frío es a la noche. A veces, en invierno, duermo con medias y un pijamita de pantalón largo y hasta me pongo un suéter, de tan friolenta que soy. Menos cuando duermo con él, porque parece un hornito a la noche.
Así que me prometió que este invierno, para que no pase frío, me iba a regalar un osito de esos como las camisetas de invierno, con patas para mis piecitos y todo cerrado, para que duerma calentita.
–Pero papi... Y... y...
–¿Y qué, mi pequeña?
–Y si quiero hacer pishito... ¿me tengo que sacar todo el osito?
–No, mi vida.
(...)
–Papi...
–¿Mhhh-hhh..?
La primera vez que vino en invierno, el año pasado, cuando lo vi bajar del micro casi me muero: había viajado con jeans, camisa, un suéter azul con rombos –tiene una colección de pulloveres, todos muy lindos–, y una camperita con cuellito de pana como esas que se usan en el campo.
Como le dije que estaba muy lindo –siempre que puedo le digo que es muy lindo, porque lo acostumbré a los mimos–, me preguntó si me gustaba la campera.
–Te queda hermosha, papi –le dije.
–¿Te gustaría una así para vos, cuando llegue el invierno?
–¡Shiiii! –le contesté, y me colgué de su cuello.
Después me olvidé de la camperita, pero él no.
Así que cuando viajé para pasar juntos nuestro cumpleaños, el día que volvíamos de almorzar y antes de llevarme a conocer el primer hotel alojamiento que conocí, de pronto me me agarró de la mano para cruzar la calle. No sé qué calle era, pero quedaba cerca de su casa.
–Vení, Loli. Quiero hacer algo –me dijo.
–Pero... ¿no íbamos a ir al...?
–Shhh... queda de paso –me interrumpió.
Cruzamos la calle y se detuvo frente a un local muy lindo de ropa de cuero y para el campo: botas, alpargatas y sandalias de carpincho, pañuelos para el cuello, cinturones, carteras, camisas de muy buen gusto y... las camperitas.
–Vamos a comprar tu regalo de cumpleaños –me dijo.
Pero cuando íbamos a entrar, nos dimos cuenta que había un cartelito en la puerta que decía: “Cerrado por vacaciones a partir del...” ¡Justo habían cerrado un día antes! ¡Ufa!
–Bueno, mi cielo, me parece que acabás de hacerte acreedora a dos regalos de cumpleaños –dijo y me dio un besito.
Así que cuando salimos de nuestra primera visita al hotel alojamiento, y como él sabía que me quedaba poco perfume del que me había regalado, entramos a un local y me compró uno nuevo, distinto. Ahora tengo todavía del que me quedaba poco y el nuevo.
Aunque me había quedado sin mi camperita. O al menos eso creía yo.
Porque el día que nos encontramos para nuestras mini-vacaciones, cuando bajó del micro y antes de retirar el equipaje, me pidió que tuviera la bolsa que había traído en el viaje. Adentro –lo vi–, había un paquete envuelto en papel de regalo.
–¿Qué hay adentro de la bolsa, papi? –le pregunté unos minutos después, cuando estábamos sentados en la confitería, esperando que nos trajeran el desayuno, antes de tomar el micro.
–Ah, eso. ¡Me olvidé! –dijo, con esa sonrisa pícara que pone a veces–. Era para vos, Loli.
Me encanta que haga un rito con sorpresa cuando me regala algo, así que abrí el paquete y ahí estaba, mi camperita para el invierno, parecida a la suya, pero de color verde, con cuellito de pana, muy abrigada y que no pesa nada, porque el Profe sabe que no me gusta el invierno y que padezco el frío, pero que no me gusta ponerme abrigos pesados.
Después, cuando llegamos al hotel, me dio otro regalo sorpresa: un suéter de cardigan inglés que había sido de él y que le habían achicado lavándolo con agua caliente, que tiene su perfumito. Reservo el cardigan para cuando haga más frío, para usarlo en casa porque me queda un poquito grande.
Yo le conté que cuando más sufro el frío es a la noche. A veces, en invierno, duermo con medias y un pijamita de pantalón largo y hasta me pongo un suéter, de tan friolenta que soy. Menos cuando duermo con él, porque parece un hornito a la noche.
Así que me prometió que este invierno, para que no pase frío, me iba a regalar un osito de esos como las camisetas de invierno, con patas para mis piecitos y todo cerrado, para que duerma calentita.
–Pero papi... Y... y...
–¿Y qué, mi pequeña?
–Y si quiero hacer pishito... ¿me tengo que sacar todo el osito?
–No, mi vida.
(...)
–Papi...
–¿Mhhh-hhh..?
–Y cuando estés vos y a la
noche yo quiera jugar o si querés jugar vos... ¿cómo hacemos si el osito es todo cerrado? ¿Tengo que sacármelo?
Me miró, me acarició el cabello, me pasó una mano por la espalda –que me erizó toda–, y me dijo:
–Dejalo por mi cuenta.
Y entonces me prometió que iba a regalarme un osito “con puertita de atrás”, como éste.
Hoy empezó a hacer frío. Estoy segura que el Profe debe estar recorriendo negocios, buscándome el osito con puertita en la cola, para que cuando vaya en el próximo viaje, lo pueda usar y no tenga que sacármelo si nos da ganas de jugar en medio de la noche (Ji ji).
Lolita

Me miró, me acarició el cabello, me pasó una mano por la espalda –que me erizó toda–, y me dijo:
–Dejalo por mi cuenta.
Y entonces me prometió que iba a regalarme un osito “con puertita de atrás”, como éste.
Hoy empezó a hacer frío. Estoy segura que el Profe debe estar recorriendo negocios, buscándome el osito con puertita en la cola, para que cuando vaya en el próximo viaje, lo pueda usar y no tenga que sacármelo si nos da ganas de jugar en medio de la noche (Ji ji).
Lolita
Profe, mande la dirección cuando encuentre al fin el pijamita con abertura trasera, pero sólo si disponen de tallas. De la camperita y el suéter a rombos no hace falta.
ResponderEliminarGracias.
Un beso, a los dos.
Tambien aqui hay buenos escritos, felicitaciones por su blog.
ResponderEliminarJijiji, yo quiero uno de esos... Besitos.
ResponderEliminarGRACIAS POR LA CACHONDADA.CÓMO TE CUIDA
ResponderEliminarJa, ja, muy ingenioso Profe. Es un fastidio "jugar en invierno" cuando hace mucho frío...No me gusta estar tapada mientras juego !!!
ResponderEliminarMe voy a conseguir uno de esos che
Besos
jajaj lolii que tierno relato :)
ResponderEliminarEL profe es un divinoo! CIUDALO!
Muy tierno, creo que el negocio es ponerse a fabricar esos ositos, todos quieren uno así. Yo me incluyo.
ResponderEliminarBesos por dos.:-)
Son dos tiernos.
ResponderEliminar1 abrazo a ambos
Lolita El Profe te tiene un poquito malcriada, me encanta!!!!!!!
ResponderEliminarYa nos mostrarás cómo te quedó el osito que te regale...
Besos borrascosos
Raticulina:
ResponderEliminarNo te preocupes. Cuando el profe encuentre donde los venden, te manda la dirección. No sé por qué se me hace que ese negocio va a tener bastantes ventas...
Antonio:
Muchas gracias por el elogio.
Paola Quiroz:
Mmmm... me parece que vamos a tener que hacer encargo mayorista!
Hatoros:
Así es. No sólo me cuida mucho sino también me mima como me gusta.
Cris:
Si lo consigues antes que mi profe, no dejes de decirle donde lo compraste, ¿eh? ¡No quiero quedarme sin mi osito de invierno!
Flora:
Siii es divino, tierno y para comérselo a besos!
Lo tengo bien cuidadito, te lo aseguro. Él puede testimoniarlo.
Adrianina:
Me parece que este blog ha creado una nueva necesidad: "los pijamitas con ventanita en la cola para hacer travesuras nocturnas"
La agregamos a la lista de pedidos.
El viejo @gustín:
Somos así porque yo creo que el amor sin el condimento de la ternura está incompleto. Un abrazo para usted también.
Borrasca:
¿Te parece que me tiene malcriada? (No te imaginás lo mal que lo acostumbré yo. Lo hice un mimoso sin remedio. Bha, creo que mutuamente nos malacostumbramos)
Besitos.
Mis saludos a todos los que dejaron sus comentarios.
Gracias por leernos y por opinar en este espacio!
Lolita
Es un tierno El profe...
ResponderEliminarLEI EL POST, Y ME HIZO SONREIR LA FOTO.
ResponderEliminarPERO PASABA A AGRADECERLES Y DEJARLES UN BESO A CADA UNO, SEGURAMENTE YA LOS VOY A UBICAR DONDE YA SABEMOS.
LOS QUIERO MUCHO!
SEGURAMENTE YA LOS VOY A UBICAR DONDE YA SABEMOS
ResponderEliminarmmm secretos en reuniooon
jajaja
está bueno el osito, pero es demasiado para mí, a mi gusta remera buzo y jogging como mucho =P
besos!
Samantha:
ResponderEliminarGracias por lo que dice de mí. :)
Paula:
Suerte, madrina. Nosotros a usted.
Cl
Pasa que la madrina está transitando un momento medio feo, Cl. No son secretitos traviesos.
Ahora, ¿no me va a decir que no está bueno para jugar, eh? :)
El Profesor
LOLA SOS MUY TIERNA MUY DULCE...y es porque tenes 18 años y al parecer un corazón virgen de desamor en consecuente...inocente. Así lo intuyo yo y quizás me equivoque pero a tu edad (tengo 23) tambien era super tierna y dulce y luego en algún momento en que terminé con tantas cosas también perdí esa parte que no volví a ser...me emociona (como me emociona leerte) cuando veo o leo chicas así xq me recuerdan a lo que solía ser y es algo q extraño....porque crecer duele mucho,pero más ver la vida, los demás desde una mirada desconfiada e incredúla...y me esfuerzopor no serlo...
ResponderEliminarayy me voy envuelta en lágrimas de aquí...no puedo evitarlo y perdon si sonó a confesión terapeutica jaja...
Respecto de la peli, tambien me hizo llorar mucho, porque ella había sido muy injusta con el y núnca lo amó.
besos...
Claro, es muy incomodo abajo de las pinches cobijas, y con ese mameluco con puerta, pues ¡Presta pa'la orquesta! jajaja
ResponderEliminarA pesar de el erotismo, no deja de ser una anécdota tierna...
ResponderEliminarSaludos ausentes.
pues ese esta muy graciosito..jaja..yo tambien soy frilenta..pero no me gusta estar tapada en la noche.. asi que tengo q utilizar muchas colchas..pero jamas con ropa..no pueruuu jijiji.. espero que encuentren tu pijamita con sistema de ventilación trasera jajaja... yo, no podria ponermelo :(
ResponderEliminarEstefanía:
ResponderEliminarNo, la ternura no se pierde, quizás la olvidas porque no la practicas. Prueba de conocer un buen amor y verás que dulce vas a ser! Todas las mujeres llevamos grandes dosis de ternura guardadas en nuestro corazón.
Lilith:
¿Te parece incómodo? A mí me parece práctico!
Amorexia:
¡Muchas gracias!
¿Saludos ausentes? ¿Qué significa eso?
Za!dm!:
Je, je... bueno, sobre como dormir a la noche y que sistema usar no hay nada escrito, así que cada uno lo hace como quiere.
Mis saludos a todos los que dejaron sus comentarios!
Besitos
Lolita
Muy lindos escritos. Efectivos y eróticos como pocos. Saludos
ResponderEliminarTu blog me parece una monada y todo un descubrimiento.Te comprendo muy bien, porque yo soy un poco post-ninfula,como Consuela Castillo y aunque ya ande en la veintena me siento muy lolita.Espero pasarme a hacerte mas visitas...
ResponderEliminarjajaja que divertido, te encanta la boruca chica, tanta ingenudiad y realmente eres una bomba, ahora soy tu fan, que disfrutes mucho de la puertita.
ResponderEliminarProfesor, si quiere puede ir a buscar sus respuestas.
ResponderEliminarQue tierno el profesor!Como te mima loli eh jaja, cuidalo . Un beso !
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